lunes, 25 de enero de 2021

Mantenimiento

Aunque las entradas de este blog no tienen una periodicidad exacta ni constante, más o menos escribo una cada semana, y más o menos ya iba tocando.

Hoy escribo apresuradamente para deciros que esta semana no va a poder ser. (Bueno, valga esta entrada como tapahuecos y cubreexpedientes, y si cuenta como tal ya me hace el quite).

Las webs importantes, complejas, avanzadas, se toman de vez en cuando un respiro para labores de mantenimiento. Pero este blog es tan simple que no necesita esas cosas. Quien sí las necesita es el bloguero.

Me marcho ahora mismo a que me den un repaso. A que me mantengan. A seguir manteniéndome.

Voy a estar unos días fuera de juego. Espero retomar el blog en una semana más o menos. O antes.

Todo va a salir bien y me recuperaré muy pronto. Nos vemos.

sábado, 16 de enero de 2021

Año de nieves

"Año de nieves, año de bienes", dice el refrán. Lo que pasa es que los refranes, si alguna vez fueron verdad, desde luego ya no lo son. Y menos los climáticos y los agrícolas, que abarcan una buena parte del repertorio sentencioso.

Por una vez pongo una foto mía. Seseña Nuevo (Toledo).
Arquitectura de Regiones Devastadas.
Y esta vez vuelven a estar devastadas.

Por donde yo vivo nieva muy poco. La última buena nevada que yo recuerde, de las de agarrar puñados de nieve, hacer bolas con ellos y lanzárselos a tus hijos, fue hacia 1996 o 1997, no lo sé con exactitud, pero recuerdo que bajé a la plaza con el mayor a jugar con la nieve mientras mi mujer nos miraba desde detrás del cristal, en el salón de casa, con el pequeño en brazos. En estos veintitantos años no recuerdo que haya nevado en serio(1). Tan solo alguna nevadita de esas de cuatro copillos que se derriten nada más tocar el suelo o que a lo sumo forman una ridícula cáscara durante pocas horas.

En mi vida he visto muy pocas nevadas, y nunca de más de quince o veinte centímetros de espesor(otra vez 1). Lo de este año ha sido inaudito.

Al principio estuvo muy bien. Era un espectáculo, una fantasía de la Naturaleza, un regalo de los Reyes Magos. Pero cuando tras estar nevando todo el jueves 7 de enero siguió durante todo el viernes 8 y durante casi todo el sábado 9, la cosa empezó a preocuparnos a todos. Y cuando, además, tras esta inconcebible borrasca de nieve ha venido una ola de frío salvaje que nos tiene toda la semana y nos va a tener la mitad de la que viene bajo cero, la situación se ha vuelto insostenible. La nieve se ha hecho hielo y no hay manera de quitárnosla de encima. Hacemos esfuerzos con palas, con azadas, con todo lo que tenemos a mano. Pero no desaparecerá hasta que este miércoles que viene, según parece, ya esté todo el día sobre cero y siga así los siguientes.

Ya sé que la gente de Ávila, de Burgos o de Rovaniemi (en Rovaniemi siguen mucho este blog) me dirá que soy un llorón por cuatro copitos que han caído. Pero es que en cada zona se vive como corresponde a la costumbre, y se tienen los medios y las cosas que hay que tener. Por ejemplo, me han dicho que la Marina Suiza (un país tan organizado y competente) es un desastre, y la División de Alta Montaña del ejército holandés (perdón, paisbajiano) es ridícula.

Pues en Toledo no nieva. Es así. No estamos acostumbrados, ni tenemos las casas preparadas, ni las herramientas adecuadas, ni los coches protegidos. No hace falta. Igual que tampoco tenemos embarcadero en casa, ni arpones de pesca.

Ahora en muchas casas, en barrios y en pueblos enteros, se ha ido la luz. Con este frío terrible se han quedado sin calefacción. En otros muchos sitios se han congelado las tuberías y han reventado. Pero, por encima de ello, muchas estructuras ligeras (cubiertas de naves industriales, polideportivos, marquesinas de aparcamiento...) han colapasado.

martes, 5 de enero de 2021

Saitniroc, porches, pérgolas y piscinas

A Carlos Bento, que cuando tuvo estas fotos se
acordó de mí, y que acuñó la palabra saitniroc.


Mi amigo virtual de Facebook, Carlos Bento, como sabe que me va la marcha, publica este par de fotos en su muro para toda su numerosa audiencia, pero además me las pone en el mío con dedicatoria especial y sandunguera. ¿Qué voy a decir? Pues que me emociono. A ver. Es que son fotos preciosas.



Es él mismo quien las titula SAITNIROC, y yo no caigo al principio: Pienso en un váter de esos que trituran; qué asco, y solo al cabo de un rato me doy cuenta de que es "corintias" al revés.

En efecto: Los ¿capiteles? son corintios.

La casa lo tiene todo: Unas columnas descentradas en un pórtico saliente dentro de un entrante (cosa que habría vuelto locos a Ictino y a Calícrates, pero no a quien ha tenido tal audacia para perpetrar semejante alarde), una cubierta que desafía a la geometría descriptiva, un estorbo de pasos y vistas... Es una cosa verdaderamente delirante. Y ya de guasa las columnas cabeza abajo.

La inversión de las columnas me sugiere un desafío pop y postmoderno, un gesto irónico, burlón y crítico del arquitecto que lo ha concebido. Y hablo del arquitecto en sentido amplio: quien ha diseñado y calculado o previsto todo eso, tenga o no tenga título académico.

Y a eso quería ir: A la arquitectura espontánea, también llamada "arquitectura sin arquitectos". (Repito que toda arquitectura los tiene, pero la expresión se refiere a quienes no han estudiado, no se dedican a ello profesionalmente -apenas una vez en su vida para hacer su casa, o su nave, o lo que sea- y crean la arquitectura que verdaderamente ha configurado siempre el mundo).

Esta casa, por lo que me cuentan, está cerca de Londres, y no sé si allí exigen que un arquitecto titulado la suscriba y se responsabilice de ella o si en determinadas condiciones de escaso tamaño, medio rural, alejamiento o quién sabe qué, le eximirán a uno de contratar a tan molesto tábano.

Aquí en España te exigen el tábano. Somos así: Si no hay tábano no hay licencia. Y en definitiva tanto da que actuemos a priori como a posteriori. Lo que importa es que firmemos y nos hagamos responsables por si pasa algo. (Me refiero a algo más que tener las columnas boca abajo y tapando ventanas y puertas).

En definitiva, para muchas obras pequeñas (y para algunas grandes) la idea de que las diseñe un técnico competente se ha dado la vuelta y más bien las acaba tragando a posteriori. Lo de exigir la firma para garantizar con ello un adecuado diseño y una correcta ejecución se ha convertido en que alguien dé la cara por el desaguisado y se haga responsable de él a toro pasado y con los hechos consumados. Que existan suficientes técnicos como para tragar tal estado de cosas y encima pelear por las bajas de honorarios demuestra el grado de oprobio y de infamia al que hemos llegado todos.

La mayor parte de las veces los interesados no sabían que había que pedir licencia de obras, o bien sí lo sabían pero pensaban que con pasarse por el ayuntamiento y pagarla ya era suficiente. No se huelen la tostada cuando les dicen que tienen que presentar un proyecto y un compromiso de dirección de la obra por un técnico competente.

Alguno balbucea: "Pero si es solo una piscina prefabricada. Pero si vienen, me hacen el hoyo y me la colocan. Y ya está. ¿Hace falta un arquitecto para eso?". (Y, lo que es aún peor: "Pero si vienen el jueves a ponérmela").

Yo lo entiendo. Te han dicho los de la casa de las piscinas que vienen el jueves y tú has ido el martes a decir que vas a hacer esa obra y que cuánto se debe. Has hecho lo que has creído correcto, pero, como se dice cada vez más por internet, "lo que viene después te sorprenderá".

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Blanquear dinero

El cartero acaba de traerme estas acuarelas de Ekain Jiménez, amigo, arquitecto y dibujante-pintor.


Ekain Jiménez Valencia, Niu Yor, acuarelas

Pensando en hacer un regalo de Reyes Magos le pedí que me mostrara qué tenía por ahí disponible y que me dijera precios.

Me mandó algunas imágenes por WhatsApp y un enlace a su Instagram, y mi mujer y yo nos pasamos un rato diciendo: "Qué buena esta". "Mira esta otra". "Qué bonita esa".

Al final preseleccionamos unas cuantas, y en una segunda vuelta nos quedamos con dos: una para el regalo "externo" que teníamos pensado y otra para autorregalo nuestro.

Luego empezó la parte más difícil: Los precios. Ekain sabe lo que es vender dibujos y acuarelas; no es un novato en esto, pero le queda una especie de pudor de pedir dinero por algo que hace como un desahogo, como un capricho y con una facilidad pasmosa. (Algunos de sus dibujos son elaboradísimos y muy muy minuciosos, pero otros son un pis-pas). Y ya empezamos: "¿Cuánto te cobro?" "Es que no sé qué decirte". Etcétera.

(Ahí hay un momento delicado, entre el "pero si yo hago esto sin ninguna intención económica" y "una buena acuarela hay que valorarla; no es ninguna tontería". Y de ahí podríamos pasar a la posible situación incómoda de que finalmente me dijera un precio mucho mayor que cualquiera que yo hubiera previsto, y en un punto en el que ya no habría una marcha atrás cómoda. En definitiva, una negligencia por su parte; con lo fácil que es hacer una web y tenerla actualizada con las cosas que tienes y sus precios. Así podría mirar quien quisiera, sin compromiso alguno, y comprar lo que le apeteciera. Tengo más amigos arquitectos-artistas y todos son un poco así. Y mira que me ofrezco a ser su marchante y a tenerles trabajando a base de látigo y con unos precios bien claros, pero no hay manera. Entre que de lo que ya les va quedando más "bonito" se cansan para empezar nuevos caminos, que no se ponen a ello con constancia y que cuando tienen algo bueno no saben ni cuánto dinero pedir por ello no hago carrera de ellos. Es que son muy tontos).

martes, 22 de diciembre de 2020

El convento

Todos conocemos el feo pero eficaz dicho de "para lo que me queda en el convento..." Pues bien, a Donald Trump ya sí que parece que le quedan muy pocos días, aunque nunca se sabe, porque este hombre es capaz de cualquier cosa, y tiene seguidores muy locos.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de que, ya prácticamente con un pie fuera de la Casa Blanca, yéndose y ya casi desde el patio, ha dictado una orden ejecutiva que se ocupa del gran tema que han tocado todos los grandes estadistas que en el mundo han sido: La arquitectura.

Este hombre, consciente de la necesidad de dejar un buen legado tras él, un gran recuerdo de su paso por el poder casi omnímodo, ha hecho una proclama por la buena arquitectura, la arquitectura decente, la que a él le gusta. (Bueno; la que a él le gusta y la que le gusta a todo ser humano bien nacido).

Trump con su familia en su apartamento de la Trump Tower en
la Quinta Avenida de Nueva York. Obsérvese... obsérvese todo.

La orden ejecutiva que acaba de dictar prohíbe la arquitectura moderna ("brutalista") en todos los edificios federales, que deberán ser obligatoriamente de estilo agradable, noble y digno. 

Primera página de la orden ejecutiva
(Clicadla para poder leerla)

miércoles, 16 de diciembre de 2020

CC

(A los profesores buenos)


En la escuela de arquitectura fui un alumno aplicado, y como además siempre se me habían dado bastante bien las matemáticas y similares iba aprobando las asignaturas por curso, parcial a parcial.

Bueno: No todas. Igual que creía (con fundamento) que yo valía para las teóricas, también había pensado siempre (sin razón) que dibujaba bien. En el colegio sacaba muy buenas notas en dibujo, pero esto era otra cosa. Suspendí desde el primer año, y a partir de ahí llevé siempre retrasadas las gráficas. Como una rémora. Como una maldición.

Por fin en tercer curso teníamos Elementos de Composición, que era la asignatura de introducción a proyectos, y ahí me tocó intentar diseñar algo por primera vez en mi vida. Qué desastre. No lo había hecho nunca y no tenía ninguna aptitud.

Durante ese curso aciago me arrastré vergonzosamente por la infausta asignatura. Un día el profesor me preguntó en un aparte qué tal llevaba las demás, y yo le dije que muy bien y le expliqué lo que he dicho antes. Me aconsejó entonces, con un tono verdaderamente amistoso y paternal, que dejara esta carrera, para la que obviamente no estaba llamado, y me pasara a alguna ingeniería, donde me iba a ir mucho mejor.

Yo le creí. Creí de verdad que lo decía por mi bien. Me vine abajo.

Ille scit quis est(1)

Llegué a mi casa hecho polvo y se lo conté a mi padre. Se me saltaban las lágrimas. Mi padre me miraba con impotencia, y acabó diciéndome que si eso era lo que me aconsejaba el profesor debía hacerle caso. Yo le dije, deshecho: "Pero es que yo quiero ser arquitecto".

Qué impotencia. Lo que yo más quería no era para mí. Me estaba negado. ¿Por qué? ¿A santo de qué quería con tanta intensidad algo para lo que no estaba dotado en absoluto? Qué absurdo. Qué pena. Qué desastre.

Mi padre se había quedado con la frustración de estudiar una carrera universitaria, y siempre había querido que sus hijos la hiciéramos. Yo era el mayor y el que estaba abriendo el camino en casa. Él era un hombre bueno, honrado y decente, que creía profundamente en la preparación, la dignidad y la sabiduría de los profesores, y juzgaba (como yo) que si uno de esos seres sublimes se había dignado a prestarme la atención suficiente como para darme esos consejos, lo que yo tenía que hacer era seguirlos agradecidamente.

A esas alturas de curso lo único que podía hacer era terminarlo como mejor pudiera, intentando aprobar las teóricas para ver si me las convalidaban al año siguiente en teleco, que era la opción que mi padre siempre había deseado para mí y que yo ya asumía como segunda, una vez que renunciaba a la primera.

Terminé el curso, aprobé todas las demás y, no sé por qué, al siguiente, en vez de irme de allí, repetí la asignatura maldita con otro profesor. Aprobé en ese segundo intento con un cinco pelado: Seguía siendo un alumno bastante lamentable y que iba a rastras. Un perdedor.

Algunas décadas después dos amigos me contaron que habían cursado con ese mismo profesor, en dos años diferentes, y a los dos les había dicho lo mismo. Y ninguno le había hecho caso. Hoy son arquitectos más que decentes y presentables.

Así que era una estrategia, una pose, una escena ensayada. Así que se lo decía a todo aquel que no era lo suficientemente brillante. Y se lo decía en el curso previo a proyectos, en la primera intentona que había tenido el alumno de diseñar algo. O sea, que o eras estupendo ya a la primera o te decía que te largaras de allí. Desde luego él no te iba a animar a mejorar, ni a enseñarte nada, ni a proponerte un camino de aprendizaje.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Medir el cielo

Dedicado a Manuel Romana, por la
cita de Aristófanes y la exhortación
a escribir sobre ella.


Manuel Romana ha puesto en Twitter un fragmento de Las aves, de Aristófanes, y me ha pedido que lo comente, o que le saque punta, o que haga algo al respecto. Yo soy muy de entrar a los trapos, pero es que este además me ha gustado. Dice así:

Aristófanes

METÓN: Quiero medir las llanuras aéreas y dividirlas en parcelas.
PISTETERO: En nombre de los dioses, ¿quién eres?
METÓN: ¿Quién soy? Metón, conocido en toda la Hélade y en la aldea de Colona.
PISTETERO: Dime: ¿Qué es eso que traes ahí?
METÓN: Reglas para medir el aire, pues todo el aire, en su forma general, es enteramente parecido a un horno. Por tanto, aplicando por arriba esta línea curva y ajustando el compás... ¿Comprendes?
PISTETERO: Ni una palabra.
METÓN: Con esta otra regla trazo una línea recta, inscribo un cuadrado en el círculo y coloco en su centro el ágora. A ella afluirán de todas partes calles derechas, del mismo modo que del sol, aunque es circular, parten rayos rectos en todas direcciones.
PISTETERO: ¡Este hombre es un Tales...! ¡Metón!
METÓN: ¿Qué?
PISTETERO: Ya sabes que te quiero; pero voy a darte un buen consejo: Márchate cuanto antes.
METÓN: ¿Qué peligro corro?
[...]
PISTETERO: Que hemos tomado por unanimidad la decisión de pulverizar a todos los impostores.
METÓN: En ese caso voy a largarme.

Aristófanes era un tipo muy sarcástico, que criticaba muy fuertemente la tontería y el vicio, como han hecho siempre los humoristas.

Pistetero está empeñado en la construcción de una ciudad en las nubes, Nefelococigia, para las aves, y durante su duro trabajo se le presentan todo tipo de espabilados, como este Metón, un hábil geómetra, un urbanista celeste, un arquitecto etéreo, que le ofrece planos y que, como habéis visto, dice tener el conocimiento y los medios suficientes para trazar la ciudad en el cielo.

Metón es un personaje convincente, pero Pistetero, muy inteligente, sabe que es un estafador, un impostor y hace que se vaya. (Esta crítica de Aristófanes a los vocingleros aprovechados debió de ser porque eran habituales en la Grecia clásica. Por suerte aquí y ahora no tenemos nada de eso y no nos hacemos cabal idea de lo que es). 

Zumos contra el cáncer y lejía contra el coronavirus 
Todo por la verdad

Los humoristas siempre han tenido la santa misión de criticar lo que otros se toman en serio, de burlarse de todo y de correr el velo de la estupidez y de la credulidad para dejar la superchería al desnudo. En esta obra Aristófanes lo hace muy bien, y al personaje de Metón, aunque sale muy poquito, lo desenmascara y lo revuelca por el fango.