El otro día en Facebook me asaltó esta publicación:
Hello dear architects, I have this apartment, and I don't remember the exact dimensions, but it has a total area of 89 m². I want to transform it into a 2 rooms. Please help me with ideas on what I can do. (Hola, queridos arquitectos, tengo este apartamento, y no recuerdo las dimensiones exactas, pero tiene una superficie total de 89 m2. Quiero transformarlo en uno de dos habitaciones. Por favor, ayúdenme con ideas de qué puedo hacer).
Yo entré solo para contestar: "A esto precisamente nos dedicamos los arquitectos, pero tenemos el vicio de cobrar por dar esas ideas", y una vez que lo escribí bloqueé al grupo, que es algo que aún Facebook nos permite hacer.
¿Creéis que hice bien, que estuve fino? No. Mentí. Los arquitectos no cobramos. La prueba es que en los comentarios a esa petición ya veréis algunas propuestas. A los dear architects nos falta tiempo para plasmar nuestras siempre interesantes y creativas ideas. No nos podemos quedar quietos ni un ratito. Nos rebosa el talento por las orejas.
¿Por qué entramos al trapo con entusiasmo sin cobrar? Porque hay algo que nos gusta infinitamente más que el dinero, y que no se paga con este, y es demostrar lo listos y lo creativos que somos.
Observad que este personaje nos conoce bien; nos tiene bien calados. Pide un diseño gratis y ni se molesta en hacer su parte: medir bien el apartamento e intentar dibujarlo con un poco de cuidado. Nos desprecia absolutamente, tal como merecemos. "Bailad para mí, perros". Y lo hacemos gustosos.
Yo, como digo, no lo haría gratis, pero, sobre todo, no lo haría en público, sacando pecho y exhibiendo mi penacho. A mi cliente, en mi estudio, le enseñaría un par de croquis, se los explicaría, lo escucharía, atendería sus deseos y sugerencias, y seguramente a la tercera o a la cuarta quedaría algo bastante apañado. Pero a mis compañeros no les exhibiría una distribución diciéndoles: "Eh, mirad qué maravilla sé hacer". Todos lo saben hacer igual o, seguramente, mejor que yo.
¿A qué viene que un arquitecto demuestre al mundo que sabe poner dos tabiques? ¿Acaso no es precisamente ese su oficio? ¿Qué necesita demostrar?
Además, siempre lo demuestra el más tonto. Haciéndose el más listo, por supuesto. Es el conocido Efecto Dunning-Kruger, que nos enseña que las personas menos dotadas para algo, y más ignorantes y torpes, son las que con más seguridad hablan de ello y más sobreestiman sus muy limitadas capacidades.
Aprovecho que estoy hablando de esto para preveniros de un foro muy perturbador: Solo arquitectura. Me refiero a él con mucha prudencia y con respeto, porque además algunas veces han hablado muy bien de mí y de este blog. Es un lugar de reunión donde acuden muchos compañeros a preguntar dudas, algunas de ellas muy delicadas -dimensionamiento de escaleras de evacuación, salidas de humos de calderas, etc- y son puntualmente contestados con elocuencia y, a menudo, incluso con excesiva amplitud. Pero el problema es que quienes saben mucho del tema pesan lo mismo que quienes no saben nada; todas las opiniones y los consejos están mezclados igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, de manera que hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro. pretencioso, estafador; todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor. Y además tiene mucho tráfico y por lo tanto está muy bien colocado en los buscadores, de manera que para cualquier consulta en internet nos sale en seguida una respuesta de solo arquitectura, que es posible que sea buena, pero igualmente que sea mala. Y, por el citado efecto Dunning-Kruger, siempre hemos de sospechar esto último.
Un arquitecto experto es muy probable que esté ocupado en sus asuntos en vez de echar el día en responder a caraduras que piden consejos gratis o a compañeros novatos que solicitan ayuda. Esto último sin duda les honra, pero genera una nube -yo diría que incluso tóxica- en la que, en definitiva, quien opina da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. Porque están todos ellos y no paran de opinar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario