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lunes, 2 de diciembre de 2024

Contenido adulto

El otro día quise poner en Bluesky una foto de la reproducción de la estatua La Mañana, de Georg Kolbe, que está en la reproducción del pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe, y no me fue posible. Me salió un mensaje diciéndome que la imagen tenía "contenido adulto" y no podía mostrarse.

¿Contenido adulto?, me pregunté. Sí, claro, es una importante obra de arte que fue catapultada a la historia de la arquitectura por formar parte de una de sus obras maestras inmortales. Infantil propiamente no es, aunque hay gente muy lúcida y muy creativa que les hace llegar a los niños el amor y el conocimiento por la arquitectura(1). Bueno, es discutible, pero digamos que sí, que el contenido es adulto. (Incluso tomando el adjetivo adulto como sinónimo de maduro, serio, importante, desarrollado, responsable, etc. De acuerdo). ¿Y por eso no la puedo poner? Ojalá lo que publico tuviera de verdad contenido adulto. 

¡Ah, no, acabáramos! No se trataba de una disquisición "adulta" conceptual, sino zafiamente torrentera. El robot programado a tal efecto no vio en esa estatua nada más que vulva y tetas, y le debió de salir del alma (o de los microprocesadores) lo de "¿y si nos hacemos unas pajillas?" Hice la prueba y, en efecto, con esos rayajos rojos el robot la admitió sin problemas. O sea, que el contenido adulto era lo que queda tapado.

lunes, 29 de noviembre de 2021

Reconstruir

Hace unos días hablaba con unos amigos sobre la conveniencia o no de reconstruir las obras perdidas de la arquitectura.

¿Sería bueno reconstruir "La Pagoda" de Madrid o el Hotel Imperial de Tokio? Yo creo que no. Habría sido necesario haberlos preservado y defendido, pero una vez que dejaron de existir no tiene sentido volver a hacerlos. ¿Serían iguales? ¿Dirían lo mismo? Sin sus autores dirigiendo la obra, sin los clientes originales opinando e interviniendo, sin los métodos constructivos ni las demás circunstancias de su época sería imposible. Cada obra, como cada persona, es fruto de su circunstancia, y los clones póstumos no son la obra.

Sobre el pabellón alemán de la exposición de Barcelona de 1929 y su reconstrucción de 1986 han corrido ríos de tinta y miríadas de píxeles, y lo seguirán haciendo. La operación, nostálgica y evocadora, hermosa y reconfortante, nos alivia y nos anima, pero tiene mucho de discutible, algo de traidora y todo de imposible.

En otros sitios no se hacen reconstrucciones in situ de obras perdidas, sino meras réplicas injustificables y absurdas: En Zhengzhou (China) construyeron una de la iglesia de Notre Dame du Haut, de Ronchamp (Francia). Era igual pero al mismo tiempo no era ni parecida.

Tenemos más ejemplos de sitios pintorescos (en el peor sentido de la palabra), turísticos (en el peor sentido de la palabra) y simpáticos (en el peor sentido de la palabra):



El Parque de Europa, en Torrejón de Ardoz (Madrid)
El horror. El horror.

domingo, 14 de junio de 2015

Diez películas que todo arquitecto debería ver

He visto estos días un artículo titulado "Las 23 películas que todo arquitecto debe ver" y otro titulado "10 películas que todo estudiante de arquitectura tiene que ver". Ante las dos listas he pensado lo mismo: "Menudo rollo". Yo no sería capaz de verlas todas. Me aburriría bastante.
Hay alguna que he visto y me ha gustado, pero no me atrevería a meterme entre pecho y espalda tanto documental encomiástico y monotemático. Si un arquitecto o un estudiante de arquitectura, además de la desgracia que ya lleva encima tiene que castigarse con estos filmes apañado va. Pobrecillo.
Fiel al lema de este blog, "quien sólo sabe de arquitectura no sabe de nada, ni siquiera de arquitectura", no me parece bien que los arquitectos tengamos que ver películas sólo de arquitectura y para arquitectos, leer libros sólo de arquitectura y para arquitectos, contar chistes sólo de arquitectura y para arquitectos, tener sólo amigos arquitectos y, en definitiva, no salir jamás del opresivo círculo de la arquitectura.
Por eso, yo me atrevo a proponer diez películas que creo que todo arquitecto (y todo médico, y todo sexador de pollos) debería ver. Es decir: "Diez películas que todo ser humano debería ver".
Por supuesto que todo ser humano debería ver cientos, miles de películas. Yo aquí le propongo diez que creo que no debería perderse, pero no quiero decir que estas sean las diez mejores de la historia. En otro momento podrían salir otras diez, y en otro, otras diez. Y así. De lo que sí estoy seguro es de que estas diez merecen ser vistas. Hay que verlas.
Todas son muy famosas, y seguro que ya las habéis visto. Pero si os faltan una o dos id corriendo a verlas, y si habéis visto alguna hace mucho y la tenéis borrosa, vedla otra vez.
En todo caso, no titulo esta entrada: "Las diez...", lo que parecería afirmar rotundamente que tienen que ser éstas y sólo éstas. Lo dejo en "Diez...", que significa diez entre miles. Tampoco digo: "debe ver" ni "tiene que ver", como en los dos ejemplos que he señalado al principio, sino "debería ver", que lo deja en un condicional posibilista o tal vez sólo posible. (Y en todo caso tímido).

Con mi amigo Emilio llevo hablando de cine desde que nos conocimos en la ETSAM, hace treinta y ocho años. Tenemos gustos parecidos o, por lo menos, compatibles. Durante años estuvimos pensando seriamente en escribir un guión para un corto. Pasamos mucho tiempo trabajando febrilmente de esta guisa:
-Tenemos que hacer un guión para un corto.
-Sí.
-Sobre una boda. La ceremonia, la salida de la iglesia, los invitados y el banquete.
-El banquete.
-Sí. Sobre todo el banquete.
-Tenemos que hacerlo.
-Sí.
Ese diálogo se repitió muy a menudo, pero no pasaba de ahí. No obstante, en nuestra conciencia queda la idea de que casi estuvimos a punto de escribir un guión para un corto. Sobre un banquete de boda. (Bueno, sobre una boda, pero haciendo hincapié en el banquete). Y, eso sí, de lo que estamos seguros es de que habría sido un corto buenísimo. Los dos sentimos mucho que la humanidad se lo haya perdido. Aunque todavía hay tiempo.
-Tenemos que hacer un guión para un corto.
-Sí.
Aparte de este frustrado guión (la industria del cine es muy difícil; nadie te abre puertas, sobre todo si sólo tienes hecho lo que digo), hemos pasado muchas horas hablando de cine.
Por eso, y porque me fío muchísimo de él, le he pedido que escoja diez películas según lo que estoy diciendo: Que no esté angustiado dándole vueltas, sufriendo por si se queda fuera alguna magnífica película (se tienen que quedar miles). Que no sea su lista definitiva de las diez que más le gustan. No. Sólo una lista de diez maravillosas películas.

Al cabo de unos días (se lo ha pensado bien) me ha mandado la lista, y resulta que sibilinamente ha buscado películas que sí son de arquitectura (leches). No obstante, son diez películas que todo ser humano debería ver. En cada una os transcribo entre comillas lo que me ha escrito Emilio (no se puede ser más lacónico, y encima se despide diciéndome que le ha quedado muy largo) y luego digo alguna cosilla, pero poco, porque sí que queda largo para el blog.
Me las ha dado en este orden, que creo que no implica calidad, sino que había que ponerlas en alguno.

1.- El apartamento. (The Apartment, 1960. Dir. Billy Wilder).
Me dice Emilio: "Obvio, ¿no? Y además te lo dije". Sí: Fue la única película que me dijo a bote pronto cuando le propuse esto. Pero ahora no me dice más.
Comentaré muy brevemente que esta es aparentemente una comedia, pero una de esas comedias con muy mala leche. (Recordad que Billy Wilder tenía cuchillas de afeitar en el cerebro). En realidad es un drama romántico, que habla de un pobre hombre cuya mayor pobreza consiste en someterse para medrar, como hacemos todos de una forma u otra. Hasta que se harta de ser tan miserable y se convierte en "todo un hombre".
Arquitectónicamente resalto el espacio de la oficina, sabiamente creado por el decorador Alexandre Trauner, que partió de un espacio realmente grande, pero él lo hizo inmenso a base de ir disminuyendo el tamaño de los muebles según iban formando las filas, creando así una falsa perspectiva forzada -también con el techo- muy agorafóbica, que subraya el peso insignificante del individuo en la gran compañía.
En cuanto a ser soltero y disponer de apartamento, parece la esencia de la libertad, pero aquí no es así.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Una casa de Frank Lloyd Raíz

¿Os suena esta casa?


Sale en una película muy famosa.
Vamos a verla más de cerca (de todas formas, si clicáis las imágenes las veréis más grandes):


Creo que sí, que ya la habréis reconocido.
Sale en una película que se iba a llamar El Hombre en la Nariz de Lincoln. De verdad. Lo juro. (Sí, vuelvo a hablar de otra película con Lincoln en el título). Durante el rodaje tenía un título en borrador, un título falso, de mentira, que no gustaba a nadie: North by Northwest. Al final se quedó con ese. En España se tituló Con la Muerte en los Talones.
La primera vez que la vi (soy tan mayor que la vi en un cine; en un cine de pueblo al que llegaban las películas con años de retraso, pero aun así) no me gustó. No me pareció nada creíble (y no lo es en absoluto) y, sobre todo, siempre me han repateado los malos de Tintin, que le atrapan, se lo llevan a una casa, le atan a una silla, dejan un grifo goteando y se van, dejándole solo, con la estúpida pretensión de que la gota vaya haciendo subir muy lentamente el nivel de un vaso, que cuando llegue a cierto punto hará caer una vela, que quemará una cuerda que... que al final Tintin se escapa. Tío, pégale cuatro tiros y ya está. Pasa exactamente lo mismo en la primera de Indiana Jones, cuando le agarran y le meten en el foso de las serpientes, y le dejan que se apañe. Pues se apaña. Claro que se apaña. ¿Por qué no le habéis metido cuatro tiros, so tontos?
No me gusta que los malos sean tan estúpidos, y lo de la avioneta sobre el maizal es de escándalo. ¿Queréis saber qué habría hecho yo con Cary Grant desde la avioneta? Y muchas otras cosas. Una cadena de despropósitos.
Pero volví a verla, y volví a verla, y volví a verla, y cada vez me gusta más. El cine crea iconos y mitos, y lo de la avioneta sobre el maizal es las dos cosas. (¿Qué serie de dibujos animados no la ha parodiado? Esa es la prueba de que la escena ha entrado en el imaginario colectivo).


Y esta película no tiene solo esa escena. Tiene muchísimas. (Por ejemplo, me entusiasma la subasta, con las pujas disparatadas de Cary Grant).
Bueno, me he ido completamente de lo que quería contar. Y no quiero suprimir esta digresión (lo que comenté el otro día sobre quitar lo que sobra. ¿Quién se atreve? Yo no puedo).
Retomemos el hilo: La casa tiene un aire wrightiano muy claro. Pero conozco bien la obra de Frank Lloyd Wright y esta casa no me suena. (¿Y a vosotros?).
Podría ser obra de cualquier arquitecto wrightiano: tanto de los alegres muchachos de Taliesin como de algún ex discípulo independizado de la comunidad pero siempre dependiente del estilo.
¿Está la vivienda en el Monte Rushmore, como aparece en la película? ¿Su arquitecto es realmente Frank Lloyd Wright? ¿Hacemos una quedada para ir a verla?
Pues va a ser que no. La casa no está ni en el Monte Rushmore ni en ningún sitio porque nunca existió. No es una obra de Frank Lloyd Wright, sino de Frank Lloyd Raíz.

Captura de pantalla de la serie de televisión Mad Men
facilitada por la eximia twittera @unbreakmypants
(Seguidla. Es un buen consejo que me agradeceréis)
Loor al subtitulador, y al corrector automático, que ha puesto hasta la tilde.

(La línea anterior es fruto de mi ignorancia, como de costumbre.
No la suprimo para que quede ahí, para mi oprobio.
Leed, por favor, el comentario de Adrián García Buey).

A lo largo de toda la película salen unos cuantos ambientes arquitectónicos muy representativos y muy "vistosos". De alguna forma sirven para caracterizar a los sofisticados personajes, y están elegidos con mimo y mucha intención. La guinda de todos ellos tenía que ser la casa del malo.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Cine idiota, mundo idiota

Por fin vi Prometheus. Sí. Me lo habían advertido. Lo sabía. Pero al fin fui a verla. "Es una mera sucesión muy pretenciosa de videoclips". "Pues bueno. Al menos veremos imágenes impactantes. Total, por nueve veinte que cuesta la entrada..."
Pues sí, Prometheus es eso. Se presenta como un precedente parcial de Alien, y la comparación es inevitable.
Prometo una futura entrada en mi blog sobre el tema, porque es muy aleccionador constatar cómo se puede mejorar una obra maestra hasta convertirla en un excremento. (Iba a poner "caca", pero después de bajar 17 puestos en el ranking de blogs acabo de subir dos, y no es cosa de volver a estropearlo). Creo que podemos hacer un elemental paralelismo entre Alien/Prometheus e Ingenieros/Arquitectos, en favor de los primeros, y también a cuento de que los arquitectos deberíamos morirnos todos de una vez y sin hacer mucho ruido (que es lo que parece que se impone), porque no servimos a nadie para nada.
Iré a ello otro día, espero que pronto. Era lo que pensaba hacer ahora, pero no puedo.
No puedo hacer lo que quería porque, antes de inocularnos el pretencioso bodrio, nos han proyectado unos cuantos trailers de lo que se nos viene encima, que es como una especie de advertencia para los idiotas que aún pretendemos ir al cine de vez en cuando en vez de quedarnos en casa viendo por enésima vez nuestras amadas películas de siempre.
(¿Paramount lleva quince días poniendo los tres padrinos seguidos y tú vienes al cine? Pues toma).
De entre los trailers, uno: Abraham Lincoln, el célebre y querido presidente a quien, por cierto, gracias al cine, hemos apreciado todos los humanos, fue, antes y por encima de presidente de los Estados Unidos de América, un cazador de vampiros. Sí. ¿Cómo te quedas?
Tiene un hacha, y en unos mareantes planos picados-contrapicados (pim-pam-pim-pam) como para que Eisenstein y Hitchcock se arrepientan de haber nacido, le echa un ungüento. Al parecer ese ungüento sirve para que el hacha sea eficaz contra los vampiros. En el tráiler no queda claro.
En una sucesión de planos feroces, mareantes, terroríficos, vemos al que creíamos pacífico caballero asestar tales golpes a los vampiros que uno se pone instintivamente a favor de ellos. Pobrecillos.
Es un Lincoln joven, muy anterior al inicio de su carrera política, que uno se pregunta para qué la inició; si es que a lo mejor los del Partido Demócrata eran todos vampiros, y él se vio obligado a liderar el Partido Republicano. Y seguramente los sudistas resultaron ser zombies o algo así. Esto no lo sé, y si para saberlo tengo que ver la película me temo que nunca lo sabré. Ni me entretendré en imaginarlo: No hay nada, por imbécil que se me pudiera ocurrir, que no se viera superado por la mente enferma de esta gentuza.
Yo estaba boquiabierto viendo el tráiler. No daba crédito. Miré un momento a mi mujer, y por la cara de compasión que me puso me di cuenta de que yo la debía de tener de desesperación y angustia. Me apretó cariñosamente el brazo y me eché a llorar.
Así que cuando empezó Prometheus yo ya ni sabía lo que veía.


El cine siempre ha buscado que la gente vaya. Todos los grandes que hoy veneramos eran, antes que nada, unos llenadores de salas de cine. Esa era su única misión. Y así sigue siendo. El cine de hoy quiere ofrecer algo que no se pueda ver bien en la pantalla de un ordenador, y por eso ya no solo se hacen efectos especiales para que choquen tres naves espaciales y te tiemble hasta el píloro, sino que si aparece un señor leyendo en el salón de su casa la cámara le agobia y nos agobia con zooms, travellings, vibraciones de cámara en hombro, etc, y el montaje nos lo muestra rápidamente de frente, de lado, de espaldas, etc.: y el sonido hace uuuaasssshhhh, porque sí, porque la mierdecilla de altavoces de tu ordenador no pueden reproducir ese efecto. El mero hecho de leer tranquilamente en casa es un festival espacio-temporal que nos marea.
Además, el cine, más que nunca, es solo para adolescentes. Y parece ser que eso significa coeficiente intelectual dos coma cuatro.
¿Quién fue Abraham Lincoln? ¡Qué más da! Pregúntale tú ahora a cualquier joven (lo sabe, no lo sabe) quién fue... quien sea. Qué más da. Nadie sabe nada y a nadie le importa.