que me ha vuelto a dar otra entrada hecha
El aislamiento térmico en los edificios empezó a ser obligatorio en el año 1979, con la norma NBE CT 79. (Mejor dicho: Esa norma exigía unas condiciones térmicas tales que para cumplirlas empezó a generalizarse el uso de aislamientos térmicos en las fachadas y cubiertas de los edificios). En las fachadas la solución más corriente (prácticamente la única) consistía en colocar un aislante térmico por detrás. Eso hacía que el aislante quedara interrumpido en los pasos de los forjados, y la realidad final era como si en la más cruda noche de invierno durmiéramos con una buenísima manta que nos cubriera desde el cuello hasta arriba del ombligo; ahí quedara una franja de unos centímetros al aire; después otra manta nos cubriese desde debajo del ombligo hasta un poco más arriba de las rodillas, y finalmente otra desde debajo de las rodillas hasta los pies.
Conclusión: Mucho mejor eso que dormir sin nada, pero nos quedábamos con la barriga y las rodillas al aire. En este caso los forjados que interrumpen las mantas de aislamiento hacen el mismo efecto de dejar salir demasiado calor en invierno y entrar en verano. Es lo que llamamos "puentes térmicos". En las cubiertas el procedimiento era parecidamente malo y dejaba como puente térmico el forjado superior.
Ahora se está poniendo de moda una solución mucho más eficaz, que es forrar completamente el edificio con aislante térmico, de modo que queda una manta continua que abriga mucho mejor y evita esos puentes térmicos. (SATE: Sistema de Aislamiento Térmico Exterior).
La solución es estupenda, y cuando se trata de edificios de nueva planta se tiene en cuenta desde la concepción arquitectónica inicial y queda muy bien. Pero cuando se trata de una rehabilitación de edificios existentes (ya sean sin ningún aislamiento o con ese interrumpido que he contado) genera algunos problemas.
