viernes, 22 de marzo de 2019

¡PUCHERAZO! ¡PUCHERAZO!

Con el trabajo tan gordo que me he pegado estas semanas, y nada más poner las listas en descarga salta Kike García (@kikeconkdekilo en twitter) gritando que dónde está la suya.

Este es el avatar de @kikeconkdekilo en
twitter, y así de cabreado estaba: Tal cual.

Mi primera reacción fue la de "yaestamos: eltípicodespistado quesehaequivocado; seguroquelaman-dófueradeplazo o lamandóaotrositio". Vamos, que el error no podía ser mío de ninguna manera. Estaría bueno.
Aun así, como soy de una elegancia versallesca, busqué entre mis buzones tuiteros y feisbuqueros para ver qué tenía de él (si es que tenía algo) y explicarle con desdeñosa y petulante educación que no lo había recibido o que lo había recibido tarde.
Pero vi con pasmo que no solo lo envió bien y en su plazo, sino que incluso le di las gracias y le dije que su lista entraba en el escrutinio.

Qué horror. Todo lo que llevaba hecho y publicado estaba mal.

Para colmo, su lista no votaba veinte obras recónditas, secretas, exquisitamente reservadas a connaisseurs sofisticados y raritos y que quedaran así con su solo voto. No: Casi todas eran de las ya aparecidas por aquí, y su voto alteraba ligera pero escandalosamente la posición de algunas.

¡Qué vergüenza! ¡Qué pucherazo! ¡Qué tongo había perpetrado al no admitir su lista!

Me dio la sofoquina. Me eché a llorar. Maldije la hora en que se me ocurrió esta mierda. Me vine abajo.

Bueno, me dije, a ver si podemos salvar los muebles. Al menos votaba al Guggenheim de Nueva York, con lo que el primer puesto se mantenía. Y votaba a dos obras de Wright, con lo que su liderazgo también se conservaba.

Pero otras cosas cambiaban.

miércoles, 20 de marzo de 2019

La lista (tercera y última parte)

Finalmente, y después de la turra que os estoy dando, me despido con la lista de los diez arquitectos más votados sumando los votos a todas sus obras.


El primero, y por tanto mejor arquitecto del siglo XX según los participantes, con 80 votos,
Frank Lloyd Wright.


Museo Guggenheim de Nueva York (32), Casa de la Cascada (27), Johnson Wax (10), Casa Robie (6), Rosenbaum House (1), Templo Unitario (1), Casa Johnson (1), Hotel Imperial (1) y Casa Ennis (1).
Ya, ya sé que me vais a acusar de pucherazo. Soy un wrightiano convencido, y ya en las anteriores entregas me habéis señalado con vuestro dedo acusador. Pero es lo que hay. Yo solo voté una obra del maestro, así que poco he hecho para encumbrarlo a su, por otra parte, merecidísimo podio.

Los segundos, ex-aequo, con 79 votos,
Le Corbusier y Mies van der Rohe.


Capilla de Ronchamp (30), Villa Saboya (19), Unité d'Habitation de Marsella (11), Convento de la Tourette (9), Casa Curutchet (3), Pabellón Suizo de París (2), Casa Citrohan (1), Villa Stein (1), Asamblea de Chandigarh (1), Cité Frugès (1) y Ciudad de Chandigarh (1).

Pabellón de Barcelona (25), Seagram Building (23), Casa Farnsworth (18), Casa Tugendhat (4), Nueva Galería Nacional (4), Lake Shore Drive (2), Casa con tres patios (1), Parque Lafayette (1) y Crown Hall (1).

Verdaderamente si lo hago aposta no me sale. Los tres tenores. El trío Lalalá. Wright en cabeza y, justo detrás, a un solo voto, Corbu y Mies empatados.
Es que ha salido redondo.
(Aunque van empatados, nombro antes a Le Corbusier porque su obra más votada está por encima de la más votada de Mies).

jueves, 14 de marzo de 2019

La lista (segunda parte)

A la memoria de Alfredo Aviñó García, @alfavino.
Creo que todo esto le habría gustado mucho.
Le echo de menos.
Y a Juan Carlos Ruiz, @AmasUArquitecto, mi maestro filatélico.


Twitter está que arde porque mis queridos amigos virtuales (los mismos que votaron) no están muy satisfechos con la primera parte de la lista porque es demasiado previsible.
Yo creo que es lo normal. Casi todos han votado a obras muy excitantes, secretas, provocativas... muchas... que se han quedado con un solo voto, el de cada uno. Lo normal es que las que más votos han tenido hayan sido las más previsibles, las que todos tenemos en la mente, y a las que todos hemos votado junto a las más "marchosas". (Pero, como digo, en este segundo grupo cada uno ha votado a las suyas).

Pero sigamos con la lista, que es de lo que se trata:

11º. Con 17 votos:
GIMNASIO DEL COLEGIO MARAVILLAS.
Arquitecto: Alejandro de la Sota.

Las autoridades filatélicas españolas, que tanta
dudosa arquitectura patria han emitido, jamás
han reparado en De la Sota, en Fisac, en Coderch,
en Corrales y Molezún, en Higueras, en...

12º. Con 15 votos:
TERMAS DE VALS.
Arquitecto: Peter Zumthor.

En todas partes cuecen habas.

13º. Con 14 votos:
TORRES BLANCAS.
Arquitecto: Francisco Javier Sáenz de Oiza.

De Torres Blancas tampoco hay sello, pero hay estos dos engendros:
Monedas de oro (200 €) y plata (10 €) conmemorativas de la Europa
Contemporánea. Un amasijo horriblemente diseñado de Dalí + Torres
Blancas + un sol que no sé si es de Miró o de (ojalá) Chumy Chúmez.
Pero es lo que hay. 

14º. Con 14 votos:
PISCINAS EN LEÇA DE PALMEIRA.
Arquitecto: Álvaro Siza Vieira.

Portugal, con legítimo orgullo, ha emitido y sigue emitiendo muchos sellos
con obras de Siza, pero las piscinas por ahora no están (que yo sepa).

15º. Con 14 votos:
SALK INSTITUTE.
Arquitecto: Louis I. Kahn.

También Kahn tiene algunos sellos, pero no de esta obra.

lunes, 11 de marzo de 2019

La lista (primera parte)

Bueno, pues esto ha sido el parto de los montes. Al final recibí cincuenta y siete listas. De ellas cuarenta y tres estaban completas, con sus veinte votos cada una; una tenía solo dieciocho votos (qué le costaba ya haber terminado, si para la mayoría de votantes el problema había sido el contrario, habernos tenido que limitar a veinte obras), otra diecisiete, dos catorce, una trece, dos once, una diez, dos nueve, una ocho, una seis, ¡una tres! ¡y otra dos!

Las admití todas. (Si alguien, pudiendo votar veinte edificios, votaba solo dos es que esos dos tenían que ser fantásticos. ¿Cómo despreciar su voto?).

Por lo tanto, ha habido un total de mil cinco votos.

Aunque no conozco a todos los votantes, sé que, como no podía ser de otra manera, la inmensa mayoría son arquitectos o estudiantes de arquitectura. Pero también hay algunos a quienes, sencillamente, la arquitectura les interesa y les gusta. Pues sean bienvenidos.

No os hago esperar más. Aquí os pongo los diez primeros. (Dije que la lista sería de veinte. No es solo que quiera dar suspense, que también, ni rentabilizar las tropecientas horas que me ha costado transcribir y escrutar las cincuenta y siete listas, que también; es que ocupa muchísimo y la tengo que trocear).


Primer puesto.
Mejor edificio del siglo XX según los votantes:
MUSEO GUGGENHEIM DE NUEVA YORK.
Arquitecto: Frank Lloyd Wright. 32 votos.



Sobre con matasellos del primer día de emisión del sello


2º. Con 30 votos:
CAPILLA DE RONCHAMP.
Arquitecto: Le Corbusier.

Tarjeta máxima: Matasellos del primer día de emisión del sello


3º. Con 29 votos:
ÓPERA DE SIDNEY.
Arquitecto: Jorn Utzon.

Matasellos especial de recuerdo del día de la inauguración del edificio

domingo, 3 de marzo de 2019

Necrotectónica (fuera de programa)

Mientras sigo inmerso en la transcripción y en el recuento de las listas (como ya os dije en la entrada anterior, menudo follón) me he enterado de la muerte de Kevin Roche  el viernes pasado, anteayer, y aprovecho para dar una necrotectónica apresurada con un par de anécdotas suyas que ya he contado alguna vez.

De mi biblioteca

Lo que sé de Roche (como casi todo) es porque me lo contó Juan Daniel Fullaondo, que al final de su vida colaboró con el irlandés/estadounidense en un edificio de oficinas en las calles de Almansa y de Beatriz de Bobadilla de Madrid. Pero desde muchos años antes ponía en clase de proyectos su museo de Oakland, su torre de los Caballeros de Colón y, sobre todo, su fantástica Fundación Ford, todo ello con su socio John Dinkeloo.

Museo de Oakland, Cal.

Torre de los Caballeros de Colón. New Haven, Ct.

Fundación Ford. Nueva York.

Fullaondo, siempre delicado de salud, nos contó que Kevin Roche decía que para ser arquitecto había que tener una salud de hierro, una forma física envidiable. No se refería solo a una fuerza psicológica, a una alta capacidad de resistencia ante los numerosos problemas e inconvenientes que siempre surgen y tanto agobian, sino a una auténtica fuerza física. Esto lo ha demostrado muriéndose a los noventa y seis años.

Otra cosa que nos contó Fullaondo es que en sus fantásticas obras de los años 1960s y 1970s se adivinaba siempre un componente comercial, en la mayoría de ellas muy digno, pero ya en algunas un tanto frivolón, y que ese componente fue desbocándose en los 1980s y en los 1990s, en una fiebre disparatada y postmoderna que en algunos casos llegaba incluso al delirio y era capaz de sonrojarnos.
De alguna manera algún amigo (yo creo que fue el propio Fullaondo, por cómo nos lo contaba) fue capaz de decírselo con mucho tacto. ¿Cómo era posible que él, tan grande, que había demostrado ser capaz de hacer tantas obras fantásticas, se dejara resbalar en tantas ocasiones por ese facilismo, por esa frívola tendencia a lo meramente espectacular?

A lo que Kevin Roche, muy tranquilo y de muy buen humor le contestó:
-Pues que sepas que soy capaz de hacerlo aún bastante peor. No te quepa duda.

viernes, 1 de marzo de 2019

La lista (prólogo)

El otro día Anatxu Zabalbeascoa publicó en el diario El País una lista con los veinte mejores edificios del siglo XX (Aquí la tienes) glosando el libro Cien edificios del siglo XX que acaba de traducir al castellano la editorial Gustavo Gili, que consta de listas elaboradas por muy conocidos y muy buenos arquitectos.
Para qué queremos más. Twitter se volvió loco. Empezamos a despotricar de las listas en general y de esta en particular... de que saliera antes el Guggenheim de Bilbao que el de Nueva York... de la frivolidad que suponía todo esto...

La muy sufrida y paciente Anatxu entró en el debate, explicó su labor, glosó el libro... Ciertamente acabamos reconociendo que si para nosotros, sesudos, listos (pero que muy listos), rimbombantes (pero que muy rimbombantes) arquitectos, todo eso era una frivolité, para un lector no especializado que lee prensa generalista podía estar muy bien; porque la lista, en definitiva, no estaba tan mal, y si servía para despertar la curiosidad de algunos, pues bienvenida fuera.

Así las cosas, yo, que siempre estoy pensando en este blog, vi el cielo abierto. Me iba a salir una entrada con la gorra. Me la iban a dar hecha: Convoqué por Facebook y por Twitter a todo el que quisiera para que me mandara por mensaje privado su lista de los veinte mejores edificios del siglo XX. Mi primera idea fue que si pasaba de cinco listas haría el ranking, pero según estaba escribiendo la convocatoria puse que lo haría si pasaba de diez.

También prometí que después de hacer el ranking con los veinte edificios más votados publicaría todas las listas recibidas, que también tienen su gracia: Esos edificios recónditos y "raritos" de los que solo se ha acordado uno tienen tanto interés como los ganadores que tenemos todos en la cabeza y en el corazón, y bastante más morbo.

En menudo lío me metí yo solo y sin ayuda de nadie: Mi convocatoria tuvo un éxito inesperado. Tanto que en un solo día tuve que cerrar el plazo abruptamente. (Yo había pensado dar una semana, más o menos). En ese único día me entraron cincuenta y tres listas, casi todas con veinte obras (algunas, muy pocas, con menos).

Casi todas están hechas por arquitectos, pero algunas no, y no desmerecen en nada. Son muy buenas listas, y señalan edificios muy interesantes. Los más votados son bastante previsibles, pero hay muchas sorpresas escondidas. Son listas de muchísimo nivel.
Y ha votado quien ha querido. No se ha pedido curriculum. (¿Que hay votos de doctores arquitectos y votos de simples aficionados? Pues sí. Podéis llamarme demagogo. Pero en general quien se presta a este juego es porque le gusta y le interesa mucho la arquitectura, y se nota).

A ver cómo proceso ahora toda esa información. No os preocupéis si veis que este blog no se actualiza durante una temporada: Es que estoy rebasado y agobiado por las listas.

Listas, listas, listas. Fragmento del cartel
de la película La lista de Schindler.

viernes, 22 de febrero de 2019

Dos dibujos

A Emilio, que siempre dice que me teme en abril,
porque aunque todavía no es abril me he puesto temible.
Te prometo que en abril te dedicaré una entrada alegre.


Tiempo después de morir Juan Daniel Fullaondo, mi amigo Ochan y yo volvimos a su casa. Qué tristeza y, al mismo tiempo, qué tarde tan agradable con Paloma, su mujer, siempre tan hospitalaria, tan positiva y tan buena anfitriona.

Si en vida él era el protagonista absoluto de todas las reuniones, imaginaos ahora. El gran ausente. Su sombra, su sillón, su hueco pesaba toneladas sobre nosotros. (Aunque, como siempre, las risas fueron nuestra seña de identidad. Qué bien lo pasamos siempre en esa casa).

Paloma nos contó que en sus últimos meses Juan Daniel había estado muy activo, muy creativo, y nos regaló dos libros de poesías indescifrables que había escrito: Evocando a Gerardo Diego y demás cosas y Traiciono luego existo. Luego sacó unas cartulinas con dibujos de rotuladores de colores, también indescifrables: personajes, rostros humanos (¿el suyo?) flotando en espacios metafísicos.

Nos preguntó qué dibujo nos gustaba más. Yo señalé uno sin dudarlo. Veía algo muy curioso en él (seguramente algo que me había inventado). Ochan señaló otro, elogiando no sé ya si la habilidad gráfica de nuestro maestro o su optimismo y su furor creativo en los últimos meses de su vida.

Paloma nos dijo que nos los quedáramos, y que cogiéramos otro más cada uno. Debió de irlos regalando a los distintos amigos, alumnos y discípulos, de modo que de alguna manera Fullaondo se diluyera en todos nosotros.

Inmediatamente enmarqué los dos dibujos y los puse en el salón de mi casa, donde llevan colgados desde entonces.

Juan Daniel Fullaondo. Sin título. 1994
21 x 26 cm2. Rotuladores sobre cartulina

Juan Daniel Fullaondo. Sin título. 1994
24 x 32 cm2. Rotuladores sobre cartulina

Pero, para mi desgracia, los rotuladores tienen la maldita cualidad de irse borrando con los años. Estos dibujos que acabo de mostrar eran una febril combinación de trazos cortos, nerviosos, de colores variados: rosas, marrones, verdes, azules suaves... Hoy apenas queda una muy pálida sombra de lo que fueron.