miércoles, 27 de agosto de 2014

Crónica en rosa (2): Corbu

Hoy hace cuarenta y nueve años que murió Le Corbusier, y hago la crónica rosa en Cosas de Arquitectos.

El típico veraneante que se lleva a la playa una novelita
de bolsillo y una cámara de rueda de camión.

La podéis leer clicando aquí.

Muchas gracias por vuestra atención.

martes, 26 de agosto de 2014

¿Alguien sabe qué es la crítica?

Dedicado a mis dos amigos Manueles: Manuel Benítez
y Manuel Pina, por una discusión (muy borde por mi parte)
que tuvimos el otro día. Lo siento mucho. Me pongo muy bruto.


Últimamente, a base de leer blogs y webs, estoy leyendo más sobre arquitectura que en muchos años. Casi estoy volviendo al nivel lector que tenía cuando era estudiante.
Entre aquella época de la escuela de arquitectura y la actual hay una turbia (y lucrativa) etapa de profesional exitoso que compraba revistas caras para ver las pornográficas fotos, y que no se alimentaba de idea alguna nueva, sino que regurgitaba los conceptos que había adquirido en la escuela.
Ahora, debido a la enorme bajada de actividad profesional, mi atención vuelve hacia la arquitectura como tal, a muchas cuestiones que no comprendo y al afán de buscar explicaciones y motivos.
Tengo muchos libros a mi alcance, tanto en mi biblioteca particular como en bibliotecas públicas, y además tengo acceso, como digo, a blogs y páginas muy inteligentes sobre arquitectura.
Pero leo y escucho lo de "crítica de la arquitectura" y cada vez entiendo menos.
¿Qué es "crítica"? ¿Qué significa eso?

"Esto no es una pipa". En efecto: Es un cuadro de René Magritte.
Un cuadro que habla de una pipa.
Metalenguaje, referencia, discurso, teoría... ¿Crítica?

Lo digo en serio: No sé qué es la crítica. Tengo muy buenos libros de arquitectura, ¿pero son historia?, ¿son opinión?, ¿son teoría? ¿Qué son? Si me cuentan cómo influye tal movimiento en tal otro son historia. Si me explican un concepto arquitectónico son teoría, si hablan de un proyecto de fulano son incluso biografía. Repito: ¿Qué es crítica?
Las actividades humanas cuya supuesta crítica vemos más a menudo e incluso tienen un hueco destacado en los medios de comunicación son el cine, la literatura y, ahora, la gastronomía. Pero los supuestos críticos de cine se limitan a decir si una película les gusta o no, y vemos que la misma película se tilda de obra maestra en tal periódico y de obra fallida en tal revista.
Los críticos de literatura a menudo nos cuentan la biografía de un autor, o las circunstancias metaliterarias de tal libro, pero rara vez aportan algo útil al libro en sí. Y a menudo, como los ya mencionados críticos de cine, nos dicen sólo si les gusta o no. (La primera parte es prometedora, pero la segunda decae, o es lenta, o no tiene tensión... Y yo pregunto: "¿Respecto a qué?").
En cuanto a la crítica gastronómica, los supuestos críticos se han revestido del vacío discurso automático y dicen chorradas tetradimensionales que no entiende nadie y que no contienen nada. Y que se sumen en el ridículo más profundo a base de querer ascender al cielo de los aromas inefables y delicuescentes.
Vale. Se supone que la crítica es una labor social, pedagógica, investigadora. Se supone que es una función ética y una búsqueda de la verdad. Pero yo no sé lo que es ni dónde radica.

Entiendo perfectamente qué es la historia: Un libro que trate de tal arquitecto o de tal movimiento, y lo relacione con otros, y nos cuente circunstancias culturales, sociales, económicas del contexto. Eso está claro.
También entiendo qué es teoría: Un libro que trate sobre el espacio, el vacío, la verticalidad, la estructura, la centralidad... Etcétera. Conceptos arquitectónicos, constructivos, tecnológicos, espaciales, etc.
Pero la crítica implica juicio. Después de contarme las circunstancias formativas de tal obra, y los conceptos y elementos que engloba... Quiero saber si es BUENA o MALA.
Eso sí que es difícil.
Porque para hacer crítica hay que tener un criterio. Para juzgar algo hay que tener un código, un rasero, una norma con que medir y comparar eso que se juzga.
En otras épocas históricas hay criterios más claros. En el movimiento moderno también; por supuesto. El movimiento moderno es bastante dogmático.
Pero una vez rebasado el momento cumbre de la arquitectura moderna, una vez superado el código, entramos en el dominio de la obra abierta, del post-estructuralismo, y adiós al sujeto, adiós a los códigos y adiós a los criterios castradores y rígidos.
A partir de ahí, de la "mierda enlatada de artista" o de la "forma expresiva no funcional", hemos perdido el norte.
Yo, cuanto más leo, menos entiendo y menos sé.

En este escurridizo mundo crítico recurrimos, casi con desesperación, al método de la abducción. (Ya hablaré algo de él, aunque me supera). Buscar métodos deductivos o inductivos ya no nos vale, porque con ambos métodos o parto de un código o llego a él, y ahora lo que no tengo es código.
El método abductivo es un bastón blanco para tantear en la oscuridad y para dar palos a ver si alguno acierta.


El método abductivo (no sé cómo) me debería servir para decir con autoridad, o al menos con seguridad que el edificio de arriba y el edificio de abajo NO. (Ah, y que no me pregunten por qué).
Con métodos racionales, analíticos, lógicos, sé que todos los defectos que le atribuya al edificio de abajo para denigrarlo se los puedo atribuir también al de arriba.
¿Entonces qué? ¿Una crítica a capricho? ¿Una crítica del "pues a mí me gusta"? ¿Ah, sí? Entonces no puedo discutir nunca más con mis amigos Manueles, porque a mí me gustan unas cosas y a ellos otras, y si sólo es por eso todos tenemos la misma razón: ninguna.

(Si te ha gustado clica en el botón g+1 que verás aquí debajo. Muchas gracias).

domingo, 17 de agosto de 2014

Yo, periodista del corazón. (¡No puede shé, Mariateresha!)

¿Se puede caer más bajo?
Los chicos de Cosas de Arquitectos me han ofrecido una colaboración en su web como periodista rosa de la arquitectura.
Sí, amigos. Mi decencia y mi dignidad me impidieron aceptar el ofrecimiento. Les dije que NO con suficiencia; incluso con desdén. Pero entonces pusieron tal cantidad de dinero delante de mis narices que no pude rechazarlo.

Soy, pues, el nuevo Jaime Peñafiel de la crónica arquitectónica. Ya me muerdo las patillas de las gafas y todo, y a todo el mundo le llamo Mariateresha, muy agresivo y cabreado. "¡No puede shé, Mariateresha! ¡Un prínshipe no she puede cashá con una prebeyya!
Entro a comprar el pan a la panadería de siempre, pero ahora llevo una de las patillas de las gafas en la boca, y le digo a Rubén, el panadero: "¡Esho shí que no, Mariateresha! ¡Qué atrozidá! ¡Y ponme una bien tohtadita!"

Comienza, pues, mi sección Crónica en rosa de la arquitectura.
Y comienza hoy, día 17 de agosto, aniversario de la muerte de Mies van der Rohe, con una reseña sobre su extraña capacidad de ligoteo. (Podéis leerla aquí).

Mies van der Rohe agasajando a Lora Marx, que se abraza nerviosa a un gato.

¿Era Mies un seductor? ¿Era un sátiro? ¿Era un viejo verde?

Yo os lo cuento, y lo hago con el rigor que caracteriza a los periodistas del hígado, del páncreas y del fistro diodenarl: Inventándome lo que no sé y suponiendo siempre lo peor, con la mente más sucia posible.

Interpretación de la escena anterior
(suponiendo que Mies conociera la obra de Bécquer)

Ay, Señor: Lo que he de hacer por dinero.


(Como seguro que con esta colaboración mía el blog de Cosas de Arquitectos va a subir como la espuma, mientras que este mío se va a quedar renqueando, os ruego que cliquéis el botón g+1 que veis aquí debajo. Tengo entendido que sirve para algo y que este blog acusará sus benéficos efectos. Yo, en todo caso, os lo agradeceré mucho).

domingo, 10 de agosto de 2014

Leonardo, estate quietecito

Nota previa: El otro día hice una gracia en twitter metiéndome con Leonardo, y mi amiga virtual Lidia Romero (@LidiRome) me dijo entre risas: "Parece que lo odias todo". Me dolió, Lidia. Y me dolió porque tienes toda la razón. Aunque amo tantísimo tantas cosas y a tanta gente, sólo me sale la vena de ponerle piedrecitas (y petardos) a todo el mundo.
Por otra parte, otro amigo, Juan Carlos, de a+u arquitectos (@AmasUArquitecto), me animó a darle caña a Leonardo. Hombre, tampoco es eso.
Esta entrada, de nuevo veraniega y juguetona, va dedicada a ambos: a Lidia y a Juan Carlos. (Las ilustraciones van por Juan Carlos, conspicuo filatélico).


Todo el mundo adora a Leonardo da Vinci. Menos yo.
A ver, puntualicemos: Creo que Leonardo da Vinci es uno de los más grandes artistas que ha dado la humanidad.
Como dibujante es sublime, y como pintor le da una nueva dimensión a la pintura-pintura. (Quiero decir a la pintura entendida como luz y como atmósfera).
Leonardo es uno de esos escasos personajes que son patrimonio de todo el mundo, de todos los países.













Estos sellos son apenas una mínima muestra de lo que hay por el mundo.
Se puede hacer una amplia colección filatélica dedicada sólo a Leonardo da Vinci.

No sólo no tengo nada contra Leonardo, Lidia, sino que me parece uno de los artistas más grandes que ha habido en la historia. ¡Cómo dibuja! ¡Qué trazos más potentes o más dulces cuando quiere! ¡Qué precisión! ¡Qué potencia y qué delicadeza a la vez! ¡Sublime!













¿Entonces? ¿Qué de malo tengo que decir contra él?
Pues que era un enreda, un liante, un culo de mal asiento. Que quería experimentarlo todo y toquetearlo todo, y que iba ligando un desastre con otro.
Era el Pepe Gotera y Otilio de los frescos, el Manolo y Benito de las fundiciones, el desastre viviente. Más temible que un nublado.
Pero Leonardo, ¡estate quietecito!

jueves, 7 de agosto de 2014

Muy bien hallado

He sido invitado por la Fundación Arquia a escribir en su blog.


Es un honor contarme entre sus prestigiosos corresponsales.
He escrito una entrada que se titula "La normativa que padecemos"

Fotograma de The Fortune Cookie (en España En bandeja de plata), de Billy Wilder, 1966.
Walter Matthau encarna a Willie Gingrich, un abogado tramposo que se aprovecha de la trama
legal para obtener suculentas indemnizaciones para sus clientes.

No digo nada del otro mundo: Que tenemos que soportar una normativa que, lejos de formar una trama ordenada y coherente, forma una maraña compleja, caótica, contradictoria y absurda. Y, naturalmente, incumplible.

Te recomiendo que navegues por el blog de la Fundación Arquia y leas las entradas que tiene. Son muy buenas.

Los de la Fundación me han dado muy calurosamente su bienvenida, y yo he contestado lo que es costumbre, y que además es verdad: Muy bien hallado.

lunes, 28 de julio de 2014

Isaak Kong

(Esta entrada es para mi amigo Emilio. Sé que le gustará)

(No tengo otro blog de literatura, ni otro de cine. Sólo tengo éste. Así que escribo esta entrada aquí. Esta entrada es tan sólo un borrador. Creo que da para escribir una buena historia).

Una vez hubo un héroe desgraciado que se llamó Isaak Bábel. Era judío, bajito y muy inteligente, y nació en 1894 en el guetto de Odesa. En 1905, en uno de tantos progroms, mataron a su abuelo. Él y el resto de su familia se salvaron porque fueron acogidos, escondidos y protegidos por una caritativa familia cristiana.
Isaak era extraordinariamente inteligente. Tanto que logró entrar en la reducidísima cuota judía para estudiar el bachillerato superior en el instituto. Pero al final se coló con sobornos otro chico y él se quedó fuera.
No se desanimó. En un año, en su casa, se sacó los dos cursos. Estaba listo para entrar en la Universidad de Odesa, pero tampoco le admitieron, por judío. En el Instituto de Comercio de Kiev sí le aceptaron.
Se graduó, y se fue a vivir a San Petersburgo. Como judío tampoco podía ni trasladarse ni establecerse libremente donde quisiera, sino que debía dar parte de todos sus movimientos a las autoridades zaristas, y, suponiendo que le autorizaran a vivir en San Petersburgo, debería hacerlo en el guetto.

Isaak Bábel

Harto de esas condiciones de vida y de esas injusticias, dejó de ser judío. Se puso un nombre falso y ya está. Asunto solucionado de una vez por todas. (Bueno; no del todo: Se vio obligado a vivir escondido en un sótano realquilado; un cuchitril en el que vivía un camarero alcoholizado al que le pagaba un alquiler excesivo).
Bábel escribía frenéticamente, pero ninguna revista le publicaba nada. Entonces conoció al gran Gorki, que literalmente le salvó la vida. Le ayudó muchísimo y consiguió que publicara algunos cuentos, con los que empezó a darse a conocer.
Cansado de las injusticias del régimen zarista para con los judíos, y cansado de su miserable forma de vida, se entregó con pasión a la revolución bolchevique, que le prometía dignidad y libertad.
Y no sólo se unió a los revolucionarios comunistas, sino que se pasó de rosca y se alistó en los cosacos. (Ocultando siempre su condición de judío: Los cosacos odiaban a los judíos).
Tenemos, pues, a un judío, bajito, gafotas e intelectual alistado en los cosacos. (Si a mí me fichara este verano el Real Madrid para que fuera el delantero centro de la próxima temporada no sería más raro).
(Vale: En realidad no fue un soldado en sentido estricto, sino un periodista corresponsal de guerra. Pero estaba adscrito íntimamente a la disciplina de los cosacos, con quienes vivía, y con quienes participaba en todas las actividades cotidianas).
Se incorporó al Primer Ejército de Caballería e invadió Polonia con ellos en 1920.
En el magnífico libro de relatos Caballería Roja cuenta sus aventuras y experiencias en esa guerra polaco-soviética.

Kasimir Malevich, Caballería Roja, 1928-1932
(Este cuadro se ha usado algunas veces -no sé por qué sólo algunas-
para la portada del libro Caballería Roja, de Isaak Bábel)

En uno de esos relatos Bábel cuenta cómo las rudimentarias ametralladoras de los cosacos derriban un avión polaco, y los rusos rojos toman prisionero a su piloto.
El piloto era un aventurero estadounidense, culo de mal asiento. Esa guerra se veía -desde el lado polaco- como una guerra contra los bolcheviques, y muchos jóvenes de países diversos se alistaron a ella en el bando polaco, para luchar contra el comunismo (y para ver mundo y divertirse).
Por supuesto, el piloto capturado se había alistado con nombre falso.
Bábel actúa como intérprete.
Bábel y el piloto: Dos intrusos con nombre falso, ocultos y camuflados en los bandos a los que querían pertenecer, pero en el fondo ajenos a esos bandos, marginados y solitarios. Dos hombres solos en el mundo, que se miran frente a frente y de alguna forma extraña se reconocen.

Los cosacos están a punto de matarlo allí mismo, pero, por lo que les cuenta Bábel, parece que el piloto puede tener cierto interés y tal vez merezca la pena que lo interroguen. Lo retienen pues. El prisionero se les escapa. Lo vuelven a capturar. Finalmente es condenado a trabajos forzados en el tendido del ferrocarril, pero a los nueve meses consigue escapar definitivamente, atraviesa descalzo la infinita tierra helada, escondido como polizón en trenes de carga, y finalmente alcanza la frontera de Letonia.

Dejemos aquí al piloto huido y sigamos a Bábel.
Isaak Bábel tiene por fin la esperada y merecida fama. Goza de un lugar de honor entre los escritores soviéticos, y también es traducido a muchos idiomas y conocido en todo el mundo.
Bábel se entrega al ideal soviético, pero su estilo crudo y realista (y verdadero) no gustan a las autoridades, que pretenden que la literatura soviética sea romántica y edulcorada (y mentirosa).
Tenemos la misma historia que ya conocíamos en arquitectos: El artista que cree con entusiasmo en la revolución enfrentado a políticos y burócratas a quienes su obra no sólo no les gusta, sino que la consideran opuesta e incluso enemiga del ideal revolucionario.
A partir de ahí, el consabido y horrible episodio: El círculo de Stalin sospecha (sin el menor fundamento) del escritor: espía, traidor, criminal... Le detienen el 10 de abril de 1939, le torturan, le interrogan, le torturan, le interrogan, le torturan... y le fusilan el 15 de mayo.

Un artista oprimido por el régimen zarista, que vio en los bolcheviques su salvación y la de su país. Ya conocemos esa historia. (Bábel muere con cuarenta y cinco años, sin haber conocido nunca un mundo en el que poder vivir en paz).

(En 1954 el gobierno de la URSS reconoció que Bábel no había cometido ningún crimen ni ningún acto punible, ni había espiado ni nada, sino que siempre había amado sinceramente la revolución bolchevique. Rehabilitaron su memoria y sus obras pudieron volver a leerse).

viernes, 25 de julio de 2014

Rhinoceros hispanicus

Leo en Plataforma Urbana (a través de sinarquitectura) la entrañable noticia de que en el recién creado país soberano de Sudán del Sur están diseñando nuevas ciudades cuyos planos tienen formas de animales y de frutas.

Plano de Juba, la capital de Sudán del Sur

Uno ve esto y esboza primero una sonrisa, luego intenta indignarse por lo que tiene este método de desprecio a cualquier teoría urbanística y a cualquier criterio profesional o "científico", y finalmente siente una profunda envidia.
Envidia, sí. Ojalá se hubieran hecho así las cosas en nuestra querida España.

El subsecretario Daniel Wau muestra el plano de su ciudad: Wau

Envidia: ¿Que sería mucho mejor que cada ciudad se adaptara a su topografía, a los vientos, a las corrientes de agua, a las pendientes de desagüe...? Sí. Por supuesto. Pero puestos a hacer chorradas, esta de los sudsudaneses es mucho más justa, más sana y más interesante que la que hemos estado haciendo los españoles durante décadas.
Lo que yo he visto por aquí es que el urbanismo se ha hecho exclusivamente en función de las expectativas económicas que tenía quien urbanizaba.
Esa ha sido la única variable, el único criterio: La pasta. La plusvalía.
De nada sirvió lo que aprendimos en la escuela. De nada estudiar cuáles eran los vientos dominantes, cuál era el soleamiento, las precipitaciones, la topografía, la demografía, etc, de dónde se podía obtener agua, dónde y cómo se podía desecharla... Nada de eso. El único criterio que yo he conocido ha sido dónde se podía obtener suelo barato y qué expectativas de precios de venta había.
(El agua ya se traerá, los accesos ya se harán. Los vertidos ya veremos. Y los habitantes ya se traerán).
Y lo peor es que, ante estos desmanes, lo único que han venido haciendo las leyes del suelo (primero muy tímidamente la nacional, y después ya descaradamente las autonómicas) ha sido potenciarlos. Todo el terreno disponible es potencialmente urbanizable, y el orden y criterio para irlo urbanizando no ha existido: Un urbanizador actúa ahí, otro tres kilómetros más allá, otro se inventa una ciudad en medio del campo, sin accesos ni infraestructuras. (Ya se pondrán). Etcétera.
Se ha urbanizado a base de PAUs, y la gestión indirecta (qué eufemismo, qué falacia) ha hecho que la iniciativa privada tomara el mando, pasando por encima de toda barrera y de todo criterio.
Para poder producirse, todos estos desmanes han necesitado evidentes dejaciones de funciones y negligencias de las administraciones públicas (cuando no descaradas connivencias). Cada pollo ha actuado donde y como le ha dado la gana.
No hay proyecto de ciudad, no hay planeamiento. Mejor dicho: El planeamiento no sirve para nada, porque si no te apetece desarrollar este sector previsto de suelo urbanizable te vas al rústico y haces allí lo que se te ocurra.
Y lo que a uno se le ocurriera era en función de cuántas parcelas de suelo rústico fuera capaz de "señalizar". (Con la complicidad y connivencia de la banca indecente e inmoral, y de unas leyes del suelo no menos indecentes ni menos inmorales).
El control público de todo este descomunal negocio empezaba por unos concejales y unos alcaldes que, en un primer momento de honradez, caían fascinados ante el aluvión de riqueza que iba a inundar sus pueblos: Puestos de trabajo para todos, dinero para los ayuntamientos, desarrollo, etcétera. Y una vez suficientemente ablandados por este espejismo inocente y bienintencionado, empezaban a recibir los relojes de oro, las invitaciones a restaurantes caros, a hoteles, cruceros, etc, y algún que otro dinerillo...
"¿Qué mal hago yo?" "¿A quién estoy perjudicando?", se preguntaban concejales y alcaldes. "A nadie". "Al contrario: No hago más que traer riqueza a mi pueblo. Mirad a la juventud: Todos trabajando, todos con coche nuevo".
Esto ha sido Jauja.
(Si es que lo recuerdo y se me saltan las lágrimas, coño).