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viernes, 4 de febrero de 2011

Arquitectura bolchevique en el Caixafórum

Veo que las dos entradas que dediqué a Leonidov no han suscitado vuestro interés. A mí me emociona. Cuando veo la enorme cantidad de dibujos y maquetas que se quedaron en el fracaso, se me humedecen los ojos. Y cuando veo su única obra, el bodrio ampuloso que construyó, lloro desenfrenadamente.
Vuelvo a llamar vuestra atención sobre la emocionante, magnífica, fracasada arquitectura vanguardista soviética.
El Caixafórum de Barcelona muestra una exposición sobre la arquitectura de la revolución. Creo que no nos la debemos perder. Estará en Barcelona hasta abril, y en Madrid a partir de mayo. Yo quiero verla en Madrid. A ver si quedamos.

No quiero hacer comentarios políticos. No soy anticomunista, ni procapitalista, ni tampoco lo contrario. Pero hay que decir (y a voces) que la revolución bolchevique usó a los arquitectos vanguardistas (y a pintores, escultores, poetas...) como chivos expiatorios, como a primos, para ayudar a revolver el caldero. Pero cuando triunfó se instaló en los palacios neoclásicos.
A Stalin le gustó el neoclásico, y los grandes murales de musculosos obreros sacando las castañas del fuego.
Desde el ignominioso Palacio de los Soviets hasta el absurdo Metro de Moscú hay infinitas muestras de megalomanía kitsch ensuciando el nombre de la revolución.
Y las poquísimas obras vanguardistas que llegaron a construirse están que se caen a trozos. Los nuevos oligarcas tampoco van a poner ni un dólar (sí, dólar) para restaurarlas. Vistas así las cosas, lo mejor va a ser que se caigan y desaparezcan de una vez.