Mostrando entradas con la etiqueta Frank Capra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Frank Capra. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de agosto de 2023

Dominga y el urbanismo

La joven ilustradora Elizabeth Justicia ha creado un personaje, Dominga, que es una anciana tranquila pero con venazo, que ha vivido lo suficiente como para asumir los avatares de la vida y que también nos muestra los problemas que tenemos todos: el desamparo, las ilusiones perdidas, el miedo, el paso del tiempo... Es una mujer que está sola y que habla sola ("Mejor hablar sola que callar acompañada"), y dice cosas con un sentido del humor profundo y reivindicativo, que demuestra que tiene bastante más carácter que lo que podría parecer. También es un ejemplo de tantas mujeres anónimas que viven sobreponiéndose a todo y salen adelante.

Elizabeth Justicia y su personaje Dominga

El día 15 de mayo de este año apareció la figura de Dominga en un banco del parque de la Alameda de Cervantes en Soria. No es nadie en especial; es una señora "normal", una de tantas a quienes no prestamos suficiente atención y a quienes deberíamos hacer más caso.

sábado, 4 de agosto de 2012

Sentimentalismo (I)

Cuando uno hace algo para que otro lo disfrute o lo use (llamémoslo ambiguamente "arte"), incluso cuando lo hace de una manera racional y cerebral, aspira, además de a satisfacer algún tipo de necesidad, a provocar alguna reacción intelectual, afectiva, emocional y, en definitiva, sentimental, en el espectador o en el usuario. No solo no es malo que el "arte" despierte sentimientos, sino que es una de sus misiones irrenunciables. Eso abarca incluso a la arquitectura, que trasciende su utilitarismo inicial para dar varios pasos más allá de sus fines y entrar en el resbaladizo campo del sentimiento y de la emoción.


Creo en la arquitectura funcional, pero también creo que la emoción del espacio es su principal función. O sea, que incluso la más ferozmente utilitaria es antes que nada espacial, y el espacio provoca emociones y sentimientos.


Pero esas emociones no solo las consigue el espacio ampuloso, el gran volumen, porque "espacio" no es solo "volumen". Tampoco es solo lo que entienden la topología ni la geometría analítica. El espacio es todo. El espacio es volumen, geometría, forma, color, textura, olor, temperatura... todo. Y esa totalidad o plenitud del espacio nos provoca sentimientos muy complejos.

Y no solo nos provocan sentimientos estos espacios tan acogedores y cálidos:


Sino también (y muy fuertes) estos otros tan cerebrales:


-Entonces ¿a qué se debe el sentimentalismo? ¿Cómo funciona?
-No tengo ni idea.
-¿Y por qué sacas este tema en tu blog?
-Porque soy tonto. Porque me vuelve loco hablar de lo que no sé, ir buscándolo mientras escribo a tientas.
-Oh, qué cool. (Valiente soplagaitas).

Veo una distinción entre el sentimiento espontáneo (que puede experimentar cualquiera, sin preparación previa) y el sentimiento elaborado desde la cultura o la información (que experimenta alguien que ya está predispuesto y avisado). Por ejemplo, para emocionarse con el Pabellón de Barcelona, el Gimnasio Maravillas o un cuadro de Mondrian hay que haber tenido algún entrenamiento previo, mientras que otras obras se prestan a una fruición y emoción más directas.
También veo una diferencia entre sentimiento a contrapelo, experimentado desde la dureza y a pesar de ella, y sentimiento provocado, remachado sensibleramente.
Y ahí ya me pierdo. Quiero hacer grupos y subgrupos y veo que estoy haciendo el tonto. No sé adónde voy.

¿Me será más fácil entenderlo con el cine? Creo que no, pero al menos los ejemplos son más evidentes, porque el cine es un arte muy sentimental.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El concepto moderno de espacio arquitectónico

Los del ranking de blogs de arquitectura me han subido de golpe del puesto 72 al 39. ¡Vaya! Esto me carga de responsabilidad, así que hoy debo ser serio y endiñaros un poco de doctrina.
(Que conste que me han debido de subir por algún ajuste raro. Lo primero es que de Wikio han pasado a llamarse ebuzzing, y lo segundo es que nadie o casi nadie baja de puesto, así que ha debido de haber una limpia general, y a partir de ahí volveré a bajar y a normalizarme, y trataré de las banalidades habituales. Pero hoy voy a ser pero que muy serio).
Hay un libro de Giulio Carlo Argan que se titula El concepto de espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, de los años sesenta y hoy descatalogado (como tantos y tantos libros fundamentales), que a mí me parece interesantísimo. (Era de la editorial Nueva Visión, de Buenos Aires, y aprovecho para agradecer a las editoriales argentinas la inmensa labor que han hecho por la cultura en castellano, y lo mucho que les debemos desde España. También saludo con cariño a las bibliotecas y a las librerías de viejo, que nos dejan conocer tantísimos libros que el mercado y la moda han devorado).
Bueno: Al grano. He dicho que hoy me pondría estupendo, pero tendré piedad de vosotros y simplificaré todo lo que pueda.
Aparte de esto, hay que tener en cuenta que cuando se habla de términos tan resbaladizos hay que exagerar o, por decir así, forzar los contrastes. Ni lo blanco es tan blanco ni lo negro es tan negro. Es una forma de entendernos.
Argan dice que el espacio no es una relidad objetiva, definida, con una estructura estable, sino que es un concepto; es decir, una idea que tiene un desarrollo histórico propio.
Desde el Barroco hasta nuestros días ese concepto de espacio se ha transformado desde ser considerado algo previo hasta entenderse como consecución final.
Antes del seiscientos la arquitectura se pensaba como representación del espacio, pero en el Barroco se transformó hasta concebirse como determinación del espacio.
El arquitecto del Barroco se da cuenta de que el espacio no existe previamente, sino de que él lo puede crear. Imaginaos la normativa estricta del Renacimiento, los órdenes, la claridad de composición. Entonces el arquitecto también creaba, pero su creación era para constatar que el espacio era como tenía que ser, que la obra se había realizado correctamente.
Sin embargo, el arquitecto del Barroco crea convexidades y concavidades que chocan, explosiones imprevistas y desordenadas, contradicciones. El espacio no es previo, sino que se va determinando a través de las formas arquitectónicas. El arquitecto hace que el espacio palpite, y el ser humano se ve inmerso en una concepción mental, en una abstracción que, no obstante, se materializa muy carnal y concretamente.
El espacio da vértigo.
El arquitecto ya no representa el espacio, sino que lo hace.

lunes, 17 de octubre de 2011

El alma de la casa

Los arquitectos nos dedicamos (o nos dedicábamos) a hacer edificios, y de ellos casi todos son (eran) casas. Pero en realidad no nos atrevemos a decir "casas", sino que decimos "viviendas" que, no sé por qué, suena más aséptico, y eso que deriva de "vivir".
Se habla del problema de la vivienda, del derecho a la vivienda, del acceso a la vivienda, etc. Incluso se dice eso tan horrible de "vivienda unifamiliar" y "vivienda multifamiliar" (que debería ser aquella en la que viven muchas familias: el piso-patera). Pero ningún niño, al terminar su partido de fútbol, dice: "me voy a mi vivienda", ni ninguna empresa repostera nos pide: "vuelve a tu vivienda por Navidad".
¿Qué es una vivienda? Una cosa mensurable, valorable, calculable... y, sobre todo, hipotecable. Es una cosa que hacemos los arquitectos. ¿Y una casa? Eso es otra cosa.
Estoy ahora enfrascado con la excelente novela Las correcciones, de Jonathan Franzen, en la que acabo de leer lo siguiente:

En las alumbradas casas de los Meisner, los Schumpert y los Person y los Root, se veía claramente que había gente en casa, familias enteras agrupadas en torno a las mesas, cabezas jóvenes inclinadas sobre los deberes, rincones que destellaban televisión, bebés en carenaje, un abuelo que pone a prueba las calidades de una bolsa de té utilizándola por tercera vez. Eran casas con espíritu, sin complejos.
Que hubiera alguien lo significaba todo para una casa. Era algo más que un hecho fundamental: era el único hecho.
La familia era el alma de la casa.
La mente despierta era como la luz de una casa.
El alma era como la ardilla terrera en su agujero.
La consciencia era al cerebro lo que la familia era a la casa.
Aristóteles: Suponiendo que el ojo fuera un animal. la visión sería su alma.

Este tipo de descripciones no son sorprendentes ni excepcionales en el mundo de la literatura, ni en el del cine. Sí que lo son en el de la arquitectura. Quiero decir que el "tema" de la literatura y del cine es el ser vivo, los problemas existenciales, mientras que el "tema" de la arquitectura es el espacio, configurado por elementos inertes.
En las fotografías de las grandes obras de arquitectura no hay gente. Se ven los espacios vacíos, los planos abstractos, la luz, pero nadie habita esos espacios ni nadie es iluminado por la luz.
Las casas de verdad son otra cosa.
Estamos hablando de cosas distintas, naturalmente. Una es la profesión, la técnica, el diseño. La otra es la experiencia vital, las peripecias de la vida.
Planteo la pregunta siguiente: "¿En una casa bien diseñada y construida hay más probabilidad de vivir feliz?" Nos gustaría que la respuesta fuera "sí", pero es, obviamente, "no". No tiene por qué. Pero es que la arquitectura no trata de eso.
Se supone que en una estancia bien iluminada se estudia mejor, se está más a gusto, se es más feliz, pero sabemos que esto no es necesariamente así.
Todo este artículo está mal planteado, porque sugiere que el arquitecto, con su oficio, no tiene ni idea de cómo hacer a la gente feliz. Es lo mismo que si dijera que un arquitecto, por bueno que sea, no puede evitar que contraiga un cáncer un habitante de una casa diseñada por él.
Ya, ya lo sé. Solamente me apetecía, por una vez, mostrar casas en vez de arquitectura.
Y pienso, por ejemplo, en la casa de mís tíos Carlos y Celia. Fue diseñada por mi tío, que no sabía nada del asunto, y estaba distribuida muy toscamente (el enorme salón central era ciego, el cuarto de mi primo daba a un patinillo muy pequeño, etc). Pero yo siempre fui muy feliz allí.
(No era la arquitectura: Eran las personas).
Me ha pillado blandito el texto de Franzen: El alma de la casa. ¿Qué es el alma de la casa?