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sábado, 9 de mayo de 2015

Fernando Galindo


En esa obra maestra escrita por Rafael J. Salvia, Pedro Masó y Vicente Coello y dirigida por José María Forqué que es Atraco a las tres uno de los personajes se desvive por una cliente muy atractiva.


El personaje es Fernando Galindo, encarnado por José Luis López Vázquez. Es un probo empleado de banca (que está harto de ser probo), que vive en un ambiente paleto y sueña con más, con mucho más.
De entre la clientela habitual y aburrida de esa sucursal habitual y aburrida destaca una mujer fascinante. Cada vez que entra por la puerta, Fernando Galindo se tira a sus pies declarando: "Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo".


Ese ha sido mi grito de guerra durante años ante mis clientes.
Bueno, no me atrevía a decírselo a la cara, pero cada vez que me despedía de ellos lo decía mentalmente para mí (y a veces en voz alta cuando no me oían): "José Ramón Hernández, un admirador, un amigo, un esclavo un siervo", degustando la primera sílaba de sieerrr-vo, casi balando ovejilmente.
En el servilismo del Fernando Galindo de la película había un claro componente sexual. En mi caso era algo puramente comercial.
Ya lo he contado más veces, y supongo que lo volveré a contar otras cuantas: Los arquitectos necesitamos a nuestros clientes. Trabajamos para ellos, cumpliendo sus encargos lo mejor que podemos.
Vaya por delante mi gratitud y mi simpatía por todos mis clientes: Ellos no tenían por qué estar formados en diseño arquitectónico, ni especialmente sensibilizados por él, pero yo sí. Confiaron en mí. Y yo debería haberles ayudado más de lo que lo hice. Yo tenía que haberles dado la mejor arquitectura de que hubiera sido capaz. Es cierto que la mayoría me lo ponían muy difícil, anclados en prejuicios muy profundos y completamente antiarquitectónicos, pero a pesar de todo siento que lo podría haber hecho mucho mejor.

viernes, 27 de febrero de 2015

Invitado en la morsa

Esta semana ha sucedido otra de las cosas sorprendentes y felices que me vienen pasando últimamente: Me han invitado a participar en La Morsa Era Yo.
La Morsa Era Yo (LMEY) es la web de Juan Ortiz Delgado (@Jortdel en twitter), y de las varias secciones que tiene he sido invitado a participar en la que tal vez sea la más exitosa: La de podcast de arquitectura. Este ha sido el Episodio 14: Le Corbusier. (Clicadlo).
Los podcast de La Morsa son buenos, y han tenido dos distinciones en la quinta edición de los Premios Asociación Podcast: Mejor Podcast en la categoría de Historia y Cultura y Finalista al Mejor Podcast Revelación. (O sea, que esta gente los sabe hacer).


Hemos participado Juan Ortiz Delgado, Alberto Fortes, Cristina Martínez, Deco, José Manuel Basso, Luis Sánchez Blasco (todos del "equipo oficial" de podcast de LMEY) y yo ("artista invitado").

Con eso de que yo era el nuevo y el invitado, me han tratado con una generosidad y con un cariño muy superiores a los que me merezco. Y además, antes de entrar en harina me han dejado explayarme sobre Arquitectamos locos? y sobre Necrotectónicas. (¡Qué más quisiera Umbral!).

Después de esa presentación tan generosa, y tal vez un tanto excesiva, hemos charlado sobre Le Corbusier dos horitas de nada.
(Reescuchando el podcast veo que he intervenido demasiado, y que no me quitaban la palabra. Ese tipo de respeto debe de ser un privilegio de la edad).

La idea era no hacer una sesión crítica especializada, sino hablar de Le Corbusier de una manera distendida y "ligera", pensando en oyentes que puedan estar interesados en conocer algo de él, pero que no estén especialmente formados en arquitectura. Creo que hemos sido capaces (más o menos, en un tema tan complejo) de hablar con sencillez y con amenidad. Eso espero.

Estoy encantado de haber participado en LMEY y de haber conocido a nuevos amigos. Espero que me llamen alguna otra vez.

Y espero que a vosotros os guste el podcast.