martes, 9 de agosto de 2016

Piso en venta

Que yo sepa, en el mundo hay (al menos) dos porteros infranqueables, imbatibles. No hablo de fútbol. Me refiero al del Chrysler Building, en Nueva York, y al de Torres Blancas, en Madrid. El primero es un hombre de raza negra, de unos dos metros de estatura y unos ciento cincuenta kilos de peso, probablemente un antiguo jugador de la NBA ya algo bajo de forma y un poco pasado de años, pero que mantiene una presencia física temible y una autoridad incuestionable. Te deja mirar el vestíbulo, pero en cuanto te acercas a un ascensor o a una escalera enarca una ceja y te sientes morir.
-Aiam sorri. Aiam an espanis árquitec -te atreves a decir con una sonrisa conejil y con la esperanza de conservar tu integridad física. Pero él te sigue mirando con la ceja enarcada y tú reculas, incluso de rodillas, hasta obtener la calle y huir cobarde y miserablemente de allí.
El segundo es bajito, regordete. Pero que no os engañe su aspecto físico. Es tan temible como el neoyorquino. Has rodeado la torre, la has fotografiado en contrapicado desde todos los ángulos posibles. Has hecho fotos (que tú crees muy originales y elocuentes) de la hierba entre los discos. Y te dispones a entrar. Ves el famoso vestíbulo que dicen que diseñó Sáenz de Oíza cegado por un dolor de muelas, y que por eso sugiere encías hinchadas y muelas doloridas. Haces amago de sacar el móvil o la cámara y entonces salta el portero, desde su mesita del fondo.
Si el del Chrysler era minimalista en su expresión, conceptual, casi miesiano ("menos es más"), este es lópezvazquista, rococó, expresionista.
-¿Dóndevausté? ¡Nosepuedenhacerfotos! ¡Otroarquitecto! ¡Vayaplagadearqui-tectos! ¡Váyase! ¡Alacalle, alacalle! ¡Vaustéalacalle!
Y sales corriendo, de otra forma que en el Chrysler, pero corriendo. Y con el mismo susto en el cuerpo.

El otro día unos amigos hemos estado comentando en twitter la dureza y el pundonor torero de este conserje de Torres Blancas. Hay que reconocer que el probo empleado cumple su trabajo escrupulosamente, y cierra cualquier vía de acceso a las decenas y decenas de mirones que nos acercamos todos los días hasta allí para turbar la paz de los habitantes del inmueble. Sí; hay que reconocer que somos muy molestos y que el portero hace lo que debe y lo hace estupendamente bien.

Comentando las dificultades que este concienzudo señor pone a cualquier intento de visita, uno de los amigos nos enlazó un anuncio en idealista.com de venta de uno de los pisos: Podíamos acercarnos a preguntar por esa vivienda, y así nos la enseñaría y de paso veríamos todo lo demás.
Buena idea. Pero, naturalmente, la conversación y el interés derivaron desde esa posible visita al anuncio en sí.
A nosotros, estúpidos viciosos de la arquitectura, la venta de un piso en Torres Blancas se nos antoja más o menos como la venta del Santo Grial. Pero no pensamos que para cualquier otra persona no deja de ser la venta de un piso. Sin más.
Aprovechando la coyuntura nos asomamos a la intimidad de una familia que ha vivido durante bastantes años (se supone) en lo que para nosotros es un templo. Y nos sorprende que para ellos haya sido su hogar. Nada más. Y nada menos.
El vendedor muestra fotos de su piso. Y nos sorprenden. Pero mucho:


¿Ese estampado de los sillones? ¿Esos cuadros? ¿Esa lámpara? ¿Esa mesita de mármol con las patas de madera arqueadas y terminadas en garras? ¿Ese terciopelo del sofá?


¿Esas sillas, con esos asientos y esos respaldos? ¿Esa mesa? ¿Ese espejo?

 

¿Esa mesa camilla? ¿Esas lámparas? ¿Ese mueble de pared? ¿Ese sofá? ¿Esos cojines?



¿Esa cama? ¿Ese cabecero? ¿Esas mesillas? ¿Ese edredón? ¿Ese cojín? ¿Esos cuadros? ¿Ese silloncito? ¿Esa silla? ¿Esa mesa camilla? ¿Ese espejo?


¿Ese edredón? ¿Esa estantería? ¿Esa cajonera? ¿Esas cortinas?



¿Esa mesa? ¿Ese mueble alto? ¿Esos muebles bajos? ¿Ese portarrollos? ¿Esas curvas "provenzales"?

Todo ello, como he dicho antes, nos muestra la intimidad de una familia, y al horror arquitectónico-espacial-decorativo se nos une un raro pudor, que llega a la cumbre al ver cómo estas personas han vivido en una obra maestra de la arquitectura sin resonar en absoluto a sus sugerencias ni a sus estímulos.

Pero lo que se lleva la palma es que al reportaje fotográfico se le acompaña una planta del piso. Torres blancas tiene unas de las plantas más atractivas de la historia de la arquitectura moderna. Por ejemplo:




Y además están publicadísimas. No hay más que seleccionar la de la planta correspondiente y marcar tu piso. Y quedas como un señor.
Pues no: Lo que vemos en el idealista es un croquis hecho ad hoc que ya nos termina de hundir:


Hala. Venga. A cascarla.
-Señoría, no hay más preguntas.
(O, como diría el gran Bernd Schuster, "no hase falta disir más").

Pero como soy un bocazas incorregible y siempre digo más, os muestro imágenes de otros dos pisos que también se venden ahora en ese mismo mítico edificio:






Así que después de ver esto sólo se me ocurre bendecir al portero. Ese hombre es un amante de la arquitectura. Te deja ver el edificio por fuera, hincharte a fotografiarlo, a dibujarlo, a lo que quieras. Y te deja asomarte al fantástico portal. Pero nada más. Ese santo varón quiere preservar la memoria y el honor de Oíza, y también quiere preservar nuestro amor por la arquitectura, nuestro entusiasmo y nuestra ingenuidad. No quiere que nos decepcionemos, que se nos caigan los palos del sombrajo y que caigamos en depresiones que no conducen a nada.
Ese señor es, sí, un héroe de la arquitectura.


(Si te ha gustado esta entrada puedes clicar el botón g+1 que verás aquí debajo. Muchas gracias).

12 comentarios:

  1. Buena reflexión Jose Ramón.
    Si es que lo mejor sería, que una vez que das el final de obra, no vuelvas a pasar jamás por ahí. Ni te acerques. Lo que no entiendo es como compras una casa así si piensas amueblarla de esa forma. Está claro que el manual de uso y mantenimiento que se entrega actualmente con la documentación final de obra debería acompañarse de un anexo, (otro más), en el que se indicara cómo amueblarla para ser feliz.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y tú le vas a decir a la gente cómo ser feliz???

      Eliminar
  2. Hace años un grupo de estudiantes de arquitectura nos pidieron visitar Torres Blancas... es largo (e hilarante...) de contar, pero al final el conserje nos abrió un piso, a 26 estudiantes, dos profesores y tres guías... #epicWin

    ResponderEliminar
  3. Gracias por la crónica de tu visita, Jose Ramón. Me he reido mucho. Por el lado positivo hay que decir que cuando una obra es tan genial como es ésta acaba soportándolo todo. Por mucho que se cubran muros y suelos de visillos y estampados, el proyecto es tan poderoso que hace que la atmósfera siga siendo, a pesar de los inconscientes intentos de destrucción masiva de sus habitantes, mágica y genial. Lo que resulta más insoportable son las plantas de la inmobiliaria: verdaderos autoretratos. No puedo mirarlas sin imaginar al vigilante de las Meninas pintando un bigote a la infanta Margarita.
    El caso es que un buen edificio lo aguanta todo... hasta a sus moradores!

    ResponderEliminar
  4. Buena crónica JR.
    A menudo la flexibilidad de los espacios arquitectónicos tan potentes como este limitan el diseño de su interior (pasa a menudo al ver quien vive ahí).
    Por otro lado también cabe reconocer el ejercicio de arquitectos como Lacaton&Vassal o H-arquitectes que siempre proyectan lugares para ser habitados, a diferencia de proponer obras museísticas.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  5. Acabo de encontarme con esto http://noticias.arq.com.mx/Detalles/21605.html?utm_source=boletin&utm_content=aaa&utm_medium=email&utm_campaign=boletin488#.V7uHoFuLTRY y no se donde entra mejor si aqui o en Maldita Arquitectura.

    ResponderEliminar
  6. Un saludo Sr. José Ramôn, no se absolutamente nada de arquitectura, llegue en este blog buscando algo de Frank Lloyd W., y bueno no se si ya tenga alguna entrada donde hable de la arquitectura en las casas pequenas esas de 150mts cuadrados donde generalmente habitan los mortales, sobre todo hablando del espacio interior. Por-què? vivo en Canadà y bueno aqui las casas de la gente comun lo que veo es siempre lo mismo, siempre aburrido, y por què no feo quizà, siempre esos marquitos blancos alrededor de ventanas, puertas etc, me interesan ver propuestas de espacios bien definidos, donde se alcance intimidad en cada uno de ellos, no solamente esas piezas rectangulos de piso completamente plano llenos de muebles y por ultimo esa cosa que en mi gusto personal no tolero ver "la cocina "desde la puerta de entrada principal. Ojalà tenga una entrada con fotos y espero sea un tema del que pueda hablar en el blog.

    ResponderEliminar
  7. Pobre portero, es que no ha estudiado arte y está haciendo arte como todos los arquitectos (salvo los que están de reponedores en mercadona), pobre patán.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He dicho que el portero hace su trabajo escrupulosamente y cumple perfectamente con su obligación.

      Eliminar
  8. Sois una profesión divinizada venida a menos, llena de postureos e intelectuales de palo que han vivido del cuento hasta hoy.
    Cuando en la crisis de un sector se prescinde del que se supone era la cabeza de la pirámide, es que algo iba mal con ellos, proyectos faraonicos a precio de oro que se quedaban en cagadas monumentales con despilfarramiento de dinero público. Como en todas las profesiones, habrá excepciones, pero la mayoría vivía del Copy&Paste de proyectos a costa de proyectistas, ingenieros y aparejadores, que realmente tenían el conocimiento y sobre los que vosotros escurríais la culpa cuando algo con vuestra firma, lo único que aportabais, salía mal.
    Y ahora os dedicais a ser decoradores, criticando la vida de alguna familia por decorar de forma sacrílega a vuestros ojos algún monumento que decís ser un templo, y que no es mas que un sitio donde la gente forma una familia y disfruta su vida.
    Vuestro ego solo es equiparable a la absurdez de vuestra forma de ver la vida y lo sobrevalorada que es vuestra profesión.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Y quiénes te piensas que son los proyectistas? Pues los arquitectos, querido. O qué te crees, ¿que los arquitectos no trabajamos para otros arquitectos? ¡¡Y hasta para ingenieros!! ¿Que no te lo crees? Estupendo, demuestra que desconoces por completo el ejercicio de nuestra profesión. Te piensas que todos los arquitectos somos o queremos ser Cacalatravas. Y no. Algunos tenemos es humilde y nada deshonesto objetivo de hacer la vida de las personas mejor, en la medida en que podemos, bien sea aportando una casa que puedan llamar hogar o, oye, si ganamos un concurso, haciendo un museo. A ver si te piensas que hemos sido nosotros, los arquitectos, los que hemos orquestrado la burbuja inmobiliaria. Ay, cuánto te equivocas. Desde el CSCAE se llevaba, al menos, desde el 2003 que tengo un recorte de la revista Arquitectos avisando al Ejecutivo de que había una burbuja inmobiliaria, alarmando de sus consecuencias. Y ni caso.
      Hemos sido meros instrumentos políticos. A ver si te piensas que, después de lo J*****MENTE sacrificada (y bonita y vocacional) que es esta carrera y esta profesión (técnica, somos técnicos, en Madrid no estamos en la Complutense, sino en la UPM), nos presentamos a un concurso para un auditorio, o para lo que sea, lo ganamos, y decimos... mira, no, he pensado que mejor es que no se haga ninguno. Eso lo hacen los grandiosos Lacaton y Vassal para un proyecto de plaza después de analizar y analizar cómo funcionaba desde la convocatoria del concurso y ver que funcionaba perfectamente.
      No nos dedicamos a ser decoradores. Está en nuestra sangre todo lo que englobe proyectar. Y un mueble es también un proyecto. Y cuando pensamos espacios, sobre todo domésticos, los pensamos con muebles. Y como somos conocedores de lo que hemos proyectado más que otro que no lo haya hecho, podemos plantear si unos muebles serán más o menos adecuados. Como el jardinero que le explica a quien le haya contratado qué plantas van mejor según el clima en el que esté y una vez plantadas, le aconseja cómo cuidarlas. Luego el cliente que haga lo que le dé la gana, claro está, pero el jardinero habrá dado lo mejor de sí con la mejor de sus intenciones. Y eso, querido Anónimo, no es ni ego, ni absurdez. Es DE-DI-CA-CIÓN.

      Fdo: Ana Espiral.

      Eliminar
    2. (Museo, mirador, biblioteca, reutilización de tal edificio... vaya, de lo que sea el concurso, si es que nos presentamos, o lo que nos pida el cliente, si es que nos llega un cliente)

      Eliminar