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sábado, 3 de diciembre de 2022

El hombre del sombrero

Mi amigo y compañero Ekain Jiménez, extraordinario arquitecto, dibujante y pintor,
-Y mejor persona.
-¿Te quieres callar, que estoy intentando hilvanar algo coherente?
-Uy, sí. Perdona. Qué carácter.
Mi amigo Ekain, decía, ha dibujado y escrito (o escrito y dibujado) un libro muy curioso, que ahora mismo está en fase de captación de mecenas para ser publicado por crowdfunding (aquí) y que va estupendamente y alcanzará la meta incluso antes de plazo, porque es una creación sorprendente y muy valiosa.

El libro se titula El hombre del sombrero, y tiene como subtítulo Las desventuras, más que aventuras, del hombre del sombrero de copa. Y lo edita libros.com.

Hace ya tiempo empezaron a aparecer en su muro de Facebook unas curiosas ilustraciones de ambientes urbanos desérticos (de personas) y muy abigarrados (de edificios y "cosas") en los que se escondía (o no) un curioso personaje muy delgado, apenas una mancha, un hilo, con un sombrero de copa desproporcionado. Para mí (y para muchos más) buscarlo era un entretenido pasatiempo. A veces aparecía en unos segundos, pero otras me obligaban a estar un buen rato. Me parecía una distracción parecida a la del famoso ¿Dónde está Wally?, pero con la diferencia de que este se esconde entre muchísima gente, mientras que nuestro hombre del sombrero es el único habitante del dibujo, y se asoma entre los edificios, las plazas, los jardines, los rincones y su propia soledad.

sábado, 23 de octubre de 2021

Madre de Dios

A David García-Asenjo y a todos los
que tienen su constructiva paciencia.


He visto en twitter este clip de vídeo (clicad aquí) y después este otro (aquí) y me he quedado bastante desazonado.

Por si no se ven los enlaces que acabo de poner, o se pierden, os cuento lo que dicen:

Un simpático presentador de televisión (de la televisión pública del estado español, que gozosa y orgullosamente sostenemos con nuestros impuestos), ataviado de camisa cocheada de colores y de sonrisa irresistible, guapo y potente él, pone una foto de un edificio estrafalario -una iglesia- y se escandaliza con sus alegres contertulios de semejante insulto a la inteligencia y a la sensibilidad humanas.

Y, como debe ser en todo programa televisivo desenfadado que se precie, hay un descojone cruzado, total, exuberante, ante semejante despropósito.

Primer clip:

-Vamos a Francia. Atentos a esta "capillita" de territorio francés. El arquitecto dijo: "Yo quiero diseñar algo que no haya diseñado nadie", y, oye, ha triunfado, porque nadie ha diseñado algo tan feo como eso.

Así dice el presentador, y su gallinero cacarea de risas y de comentarios sobreabundantes. (Uno protesta tímidamente y dice que no es feo, pero se queda solo). Se escuchan risas.

El líder, crecidito, añade:

-Yo creo que el cura cuando (no entiendo el verbo, porque le pisan) la iglesia dijo: "Al arquitecto esto no se lo perdona Dios ni con sesenta padrenuestros ni con ochenta avemarías".

Segundo clip:

-...el arquitecto que ha hecho esto, porque Madre de Dios.

jueves, 7 de julio de 2016

Con la mayor certeza

A Emilio, a Francis y a Pedro Luis, con la mayor certeza

Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral
y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol.
                                                                Albert Camus

Hace unos meses, cuando la Champions League, unos aficionados del PSV Eindhoven se tomaron unas relaxing biers at the Plaza Mayor de Madrid y pasaron el rato muy entretenidos humillando a unas mendigas rumanas. Por su parte, unos cuantos hoolligans del Arsenal hicieron algo parecido con un tullido en Barcelona. Y en Roma unos aficionados del Sparta de Praga rodearon a una pobre indigente en el Puente Sant'Angelo y uno de ellos remató la jugada meándose en ella.
Ahora, la Eurocopa de Francia nos ha deparado peleas campales entre aficionados, insultos y destrozos por doquier.
Qué asco de fútbol. Cuánto me avergüenza.
Vale: Estos hijos de puta son una minoría (una minoría demasiado numerosa); no representan a sus respectivos clubes, ni a sus naciones, ni a la especie humana, ni siquiera a sí mismos... Son unas sub-personas indignas... Ya, muy bien, que sí, que tal y cual. Pero ciertamente voy notando que esto se hace cada vez más habitual. Empieza a parecer una moda que los hinchas de los equipos visitantes humillen y vejen a los mendigos (siempre a los más débiles, cómo no) de las ciudades visitadas y que se peleen entre sí, incluso que se maten. Esto debe de ser lo del intercambio cultural y lo de la alianza de civilizaciones. Pues sí.
Y, para colmo, y por encima de los hinchas anónimos, de los bestias indocumentados, de los asquerosos que se refugian en la masa para hacer fechorías indignas de los seres humanos, también nos hemos enterado de que algunos de nuestros idolatrados futbolistas han cometido y cometen de vez en cuando actos nefandos y repugnantes como son abusar de unas supuestas prostitutas que al parecer no han sido tales, sino chicas forzadas.
En fin, es aún todo muy oscuro, y los periodistas y los políticos españoles se han dedicado a oscurecerlo aún más en estos días para que en la turbiedad la cosa se diluyera lo más posible y no afectara al esperado buen papel de la selección española en la Eurocopa (que ha vuelto a decepcionar a todos con su juego, aunque nunca tanto como me ha avergonzado y decepcionado a mí con sus diversas manifestaciones de bajeza moral).
Y, cómo no, también están siempre presentes los fraudes a las haciendas públicas y los diversos delitos económicos, tanto de futbolistas como de clubes. E incluso de la FIFA.
Estas cosas hacen que cada vez me avergüence más de haber disfrutado antaño con el fútbol y de seguir teniendo un rescoldito futbolero en el fondo de mi corazón.
La verdad es que ya no tiene ningún sentido seguir siendo aficionado. Ni los jugadores, ni el juego, ni el ambiente hacen que una persona "normal y corriente" se emocione o se enorgullezca. ¿De qué? En el césped sólo veo una panoplia de ignorancia, de cortes de pelo ridículos y de tatuajes excesivos y desaforados, y fuera de él bestiajos pegándose o humillando y humillándose. Vaya plaga. Esto empieza ya a ser peor que las luchas de gladiadores.

Y sin embargo pienso en mis amigos Emilio, Francis y Pedro Luis, tres auténticos caballeros, tres señores, y pienso en la famosa frase de Albert Camus, y siento que aún hay algo de grandeza en el fútbol, aunque sospecho que no ya en el fútbol real, sino en el fútbol mítico que albergan nuestros corazones (y que no deja de ser un espejismo que no existe).

Albert Camus, sentado en primera fila, con gorra, de
portero en el Racing Universitario de Argel

Caigo ahora en que Camus siempre me ha gustado, y siempre le he respetado y admirado mucho, mientras que Sartre me ha caído siempre muy antipático y jamás he sentido por él el menor aprecio. Y estoy seguro de que eso tiene mucho que ver con que a nadie se le ocurriría imaginar a Don Jean-Paul jugando al fútbol.
Camus jugó desde niño de portero porque era el puesto en el que menos se desgastaban los zapatos. (Se le podían desollar las rodillas, pero eso era gratis). La portería era el único puesto que se podía permitir un niño pobre y huérfano con una madre débil, y cuya abuela se había propuesto amargarle la niñez con todo tipo de prohibiciones.
Entre la pobreza y la insoportable dureza de la vida en Argel, el fútbol había sido su escuela, su patria y su familia. Y cuando escribe lo hace con esa dureza y con esa capacidad de lucha, de pasmo y de milagro. No como el estirado del otro.
Tengo un hijo futbolista, y desde muy niño eso ha sido para él una forma de vida, una disciplina, un sentimiento de equipo y de solidaridad con sus compañeros, una fuente de amistad y de diversión ligada al rigor. Estoy encantado de que mi hijo pequeño se haya formado como futbolista. (Ahora bien, los padres... Muchos padres estarían mejor en vinagre o en salazón; mucho mejor que escupiendo el odio y el desprecio que escupen día a día en los entrenamientos y semana a semana en los partidos. Qué asco. Qué gentuza).
Mi amigo Pedro Luis fue un mítico delantero del C.D. Lugo Fuenlabrada, en el que jugó de delantero hasta los cuarenta y cinco años. Su último año coincidió con el primero de su hijo mayor, Miguel Ángel, de manera que por una temporada fueron compañeros.
-¡Papá, pásamela, chupón!
(Los del equipo contrario flipaban: "Chaval, ¿el nueve es tu padre?")
Años después coincidió con sus dos hijos, pero ya en un torneo de verano. Y tanto él como sus hijos siguen ligados al fútbol, organizan torneos de chavales, entrenan... Han hecho de esto una forma de vida, de formación y hasta de filosofía vital.
Quiero agarrarme a  este tipo de gestos como a un clavo ardiendo para ver algo positivo.