jueves, 3 de septiembre de 2026

La biblioteca municipal, la IA y yo

Al empezar a escribir esta entrada me viene a la mente una frase que si no tenéis más de sesenta y cinco años no vais a entender: "En mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo..." No tenéis ni idea de qué va porque sois asquerosamente jóvenes, pero no solo no me rindo por ello, sino que insisto:

Nada, ¿verdad? Bueno, dejémoslo. No sabéis nada de la vida, pero qué se le va a hacer. Sigamos. Mejor dicho: empecemos.

En mis viajes por todo lo largo y ancho de la provincia de Toledo (que es una provincia bastante más grande de lo que parece), a menudo paso por algún pueblo y me siento un poco avergonzado pensando que hace años proyecté en él una vivienda que madre mía, madre mía, o hice un restaurante que San Cosme y San Damián me perdonen. Agacho las orejas y lo atravieso sin demorarme hasta salir por el otro lado y continuar mi camino con una incómoda sensación. Para mayor humillación, alguna vez mi "firma" se encuentra bien visible al lado de la carretera y no hay manera de no verla.

Joer con las curas de humildad. Yo las recibo a cada paso. Qué vergüenza. Qué apuro.

Pero también reconozco sin falsa modestia que a veces me han salido edificios bastante potables, e incluso alguno que tengo por bueno. Sí, por qué no reconocerlo. Ha habido ocasiones en que los clientes, el constructor y las demás circunstancias se han puesto de acuerdo para hacer una obra digna y bien realizada. E incluso, ya que voy al puro desmelene de la impudicia, atractiva.

En esas ocasiones, si no llevo demasiada prisa me paso por ella aunque tenga que entrar en el pueblo y callejear. La miro incluso sin bajarme del coche, pero muy atento a si ha habido deterioros o si al dueño se le ha ocurrido poner un escudo gigante del Real Madrid o al ayuntamiento convocar un concurso de murales de lamadrequelosparió justo en la fachada que más mimamos en su día. Suelo salir con bien y a veces aparco el coche y me doy una vuelta, y hasta entro si es un edificio público y está abierto a esa hora.

Si, claro que hay vanidad, pero no tanto por mi inmarcesible talento (fuera de toda duda y que no necesita afianzamiento alguno) como por la suerte de haber podido hacer una obra afortunada, agradable y útil, que años después sigue dando buen servicio y está integrada en el espacio y en el ambiente del pueblo. Si en la casa se vislumbra vida plena o en el patio del colegio hay niños jugando soy feliz.

Ya instalado en el impudor os declaro que hace unos veinticinco años hice una biblioteca municipal en un pueblo toledano de la que no solo estoy satisfecho, sino incluso orgulloso. Creo que está bien diseñada funcionalmente, pero que también es un sitio agradable, y que la sala de lectura es cómoda, bien iluminada y bastante acogedora y sugerente. Me gusta mucho. Y a pesar de su edad sigue estando bastante bien y llena de actividad (lo cual es mérito de su bibliotecaria).

Vale: recuerdo cosas menos buenas, como el desafortunado mobiliario de alguna zona, en el que no pude intervenir y que estropea una idea de proyecto que yo creí importante. Pero da igual. Nimiedades. La biblioteca está bastante bien.

Pues bien, como suelo frecuentar en Facebook los perfiles de algunos ayuntamientos para los que he hecho cosas y en los que he dejado buenos amigos, ayer me salió este anuncio del comienzo de la nueva temporada bibliotequeril del pueblo que os digo:

Es un cartel rápido y eficaz, hecho con IA sin complicaciones y al que no se le pide más. Pero me dio mucha pena porque esa biblioteca a la que se refiere es la que digo, pero la imagen automática que aparece de fondo no tiene nada que ver con ella.

Sí, es una imagen resultona: El color es cálido. Hay plantas en macetas tanto en la mesa del fondo como en la de primer plano. Hay un gran ventanal y una estantería con libros. Vamos, una biblioteca. Incluso una biblioteca agradable y tranquila. Punto pelota.

Pero se están refiriendo a la biblioteca que proyecté y a la que tanto cariño tengo, y no tiene nada que ver con esa. Precisamente yo no quise que hubiera un ventanal tan grande (me parece temible ese exceso de luz en la provincia de Toledo) y pensé bastante en el sistema de iluminación tanto natural (que, por cierto, nos dio algún problema en obra que el constructor resolvió perfectamente) como artificial. Ese sistema de iluminación natural se hace en un espacio bastante alto con un techo que juega... vamos, que no tiene nada que ver con lo que se ve ahí.

-Joer, cómo te pones por una tontería. Pero si es un cartel para dar el horario. ¿Qué más quieres? ¿Qué más da?
-No, si tienes razón, pero es eso que dices: "¿Qué más da?" Qué más da todo. Lo que me duele es que es pura desidia, pura vagancia, puro qué más da.
-Cómo os ponéis los arquitectos. Sois insoportables.

Sí. Lo sé. Empieza la temporada de todo y seguro que al encargado de estas cosas (que creo que sé quién es: un chico majísimo) la concejala de cultura le ha pedido que suba a las redes los horarios y las condiciones de la biblioteca, de la liga de fútbol, de las clases de pintura, de la escuela de música, del taichí, del yoga... y de todo lo demás. Y él, que maneja muy eficazmente las herramientas tecnológicas, lo ha hecho todo en un par de horas, y le ha quedado de lujo. Ya. Solo se pretende eso.

Pero yo qué sé. Creo que no cuesta nada ir a la biblioteca y hacerle una foto con el teléfono. Incluso, para no tomarse la molestia de ir, pedirle a la bibliotecaria que le haga una y te la mande. Creo que si en el pueblo estuvieran de verdad contentos con su biblioteca lo harían, igual que si tuvieran unos autobuses urbanos avanzadísimos, lujosos y con un montón de golosos complementos no tirarían de una imagen cualquiera de un autobús cualquiera para anunciar una nueva ruta o un nuevo horario. Así que deduzco que mi biblioteca no les hace ni fu ni fa (o incluso les hace más fa que fu). 

Tampoco pretendo que todos admiren la biblioteca, ni se queden boquiabiertos cada vez que la vean, ni se den codazos cómplices cuando pasen por delante de ella, como diciendo "menuda biblioteca que tenemos". Siempre me ha dado mucho apuro y mucha responsabilidad que el ego del arquitecto perpetre una obra que a él le guste mucho pero que sea un incordio y una incomodidad para todos, y yo siempre he huido de eso. Todo lo que digo de la biblioteca lo estoy diciendo de un edificio humilde, bastante sencillo y que se terminó sin ningún desvío presupuestario, lo que me parece fundamental para cualquier obra. Pero, con toda esa modestia y sencillez, también creo de verdad (sí, saco mi ego, qué pasa) que la biblioteca que proyecté y que construimos hace años es bastante buena, y me consuela y me gusta que la gente lea en ella, e incluso asista a alguna presentación de libros y actividades en ella en vez de hacerlo en la de este cartel. Creo honradamente que salen ganando, aunque ni lo sepan ni les interese.

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