Termina el mes de agosto y he estado tan vago que ni siquiera he escrito ningún relato de jazz. En vacaciones suelo hacerlo casi del mismo modo que la revista Nueva Forma sacaba de vez en cuando un número doble. (Y lo tiro así, sin más, para dedicarle algún día una entrada a ese detalle(1)).
Hace pocos meses he leído algo sobre un cornetista y trompetista de quien nunca había oído hablar: Freddie Keppard. Por lo que he visto, debió de ser un músico magnífico, formidable, y adelantado a su tiempo.
Pero no nos ramifiquemos ni divaguemos demasiado: vayamos con Freddie Keppard.
Hacia 1915 Nueva Orleans era un hervidero de músicos y de música: una música extraña que tenía cosas que ver (pocas) con el ragtime, con el blues y con las canciones populares, pero que era radicalmente nueva y desconcertante. Aún no tenía nombre, y para la "gente bien" (y racista, claro) era una "música de negros", una cosa inculta que no seguía ninguna de las sabias normas de armonía, melodía, ritmo, etc. Algo absolutamente despreciable. Una desgracia.
Pero para muchos otros era algo muy estimulante, muy bailable, muy divertido, y muy excitante. Y además de la música en sí, en los salones en que se tocaba, la juerga estaba garantizada.
Ese tipo de música fue a más y a más. Muchos de los músicos venían rebotados de otros estilos y se adaptaron como pudieron. Había que seguir las modas para vivir. Pero otros parecía que habían nacido ya con esa forma de entender la música. Entre estos últimos, el joven cornetista Freddie Keppard brillaba y pasmaba a todos. Cuentan que era un prodigio del break, de la improvisación, del ritmo, y que tenía un timbre apabullante.
En 1917 las compañías discográficas olieron que ese estilo nuevo estaba gustando a un cierto tipo de clientela y se decidieron a explotarlo. Una de ellas dio con ese brillante cornetista y le ofreció grabar un disco. Habría sido la primera grabación de jazz de la historia, pero Freddie se negó. Dijo que no quería dejar su música grabada para que se la copiaran. Entendía que el jazz era una música para hacer en el momento, una música que surgía en el fragor del espectáculo, ante el público, y que la creación brotaba sin partituras ni estudio previo del material. El suyo, desde luego, era suyo y solo suyo, y no lo iba a poner a disposición de cualquier trompetista que quisiera copiarlo, ya que entonces él dejaría de ser especial y de tener un patrimonio propio.
Dejó pasar el tren, y nunca podremos saber si de verdad era mejor que Armstrong.
De modo que la primera grabación de la historia del jazz la hizo la ODJB (Original Dixieland Jass Band)(2), una banda de blancos que hacían un incipiente jazz muy comercial (y todo hace pensar que bastante menos avanzado que el de Keppard), y que tuvieron muchísimo éxito.
Así que mientras unos estuvieron vivos y rápidos para agarrar la ocasión por los pelos, Freddie Keppard siguió tocando en directo en salas de baile y diversos tipos de establecimientos. Habiéndose puesto él mismo al margen de la industria, su carrera languideció porque no se le podía escuchar grabado y las emisoras de radio no lo podían emitir.
Cayó en el alcoholismo, y se dice que consumía entre dos y tres litros de whisky al día(3), lo que puede considerarse un suicidio lento y continuado. Todo esto, obviamente, deterioró muchísimo su salud, y cuando finalmente accedió a grabar su música había perdido su frescura, su creatividad y su chispa, y era un trompetista torpe, aturdido y sin nada especial que decir.
Murió en Chicago, en 1933, a los cuarenta y tres años de edad, de tuberculosis, que, obviamente, se cebó en él por lo indefenso y maltrecho que estaba su organismo.
Hemos de creer a quienes le escucharon tocar y lo contaron, y es obvio que fue un grandísimo artista que un día no supo tomar la decisión correcta y a quien, no sabemos si por esa causa, la vida trató muy cruelmente. A veces uno se juega la vida en un momento, a cara o cruz. Su inmenso arte no ha quedado fijado para nuestro goce. Fue algo etéreo y evanescente, como él quiso, y dio felicidad a quienes tuvieron la suerte de estar en el sitio y en el momento.

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