sábado, 2 de julio de 2011

La mano abierta de Chandigarh

He escrito estas semanas una "trilogía de las manos" para preparar esta entrada, y ahora veo que me desborda. Me pierdo, me colapso. No sé por dónde empezar.
Vamos poco a poco y sin aturullarnos:
La independencia de la India es uno de los episodios más importantes del Siglo XX. Hablar de ese tema sobrepasa de largo las pretensiones de este blog. Sólo mencionaré muy de pasada que el primer ministro Nehru, entre las muchísimas medidas que tomó (y quizá una de las más insignificantes), decidió fundar una nueva capital del estado indio del Penjab: Chandigarh. Y le encargó el proyecto a Le Corbusier.
(Perdonad que vaya tan rápido. Os dejo enlaces para que leáis con calma si tenéis interés).
El sueño de un arquitecto: Construir una ciudad entera, y además una ciudad con una gran carga política y simbólica. Hizo el Parlamento, el Secretariado, el Palacio del Gobernador, el Palacio de Justicia, etc. Una ciudad surrealista, de hormigón visto y vacas y turbantes. Una imagen poderosísima y riquísima, llena de contrastes y contradicciones.


Y, como colofón, un monumento, un símbolo de la ciudad que ha trascendido la propia ciudad y se ha convertido en una imagen universal: la mano abierta.
Le Corbusier era un grandísimo arquitecto, pero era todavía mejor publicista. La mano abierta ha quedado como imagen de marca, como símbolo de modernidad y, aun más, de amistad, de bondad, de generosidad, de alegría... qué sé yo.



Seguramente hayáis visto esa imagen muchas veces, incluso los que no sois arquitectos ni estudiantes de arquitectura. ¿Pero os habéis preguntado qué significa? Es que a mí no me parece que esté muy claro. Significa, esto..., pues..., eso: buen rollo. Ah, pues qué bien.
Le Corbusier, emocionado por su diseño, escribió un mes antes de su muerte:
"Este símbolo de la mano abierta, para recibir las riquezas creadas, para distribuirlas a los pueblos del mundo, debe ser el símbolo de nuestra época.
"Antes de verme en el cielo, entre las estrellas de Dios, me gustaría ver en Chandigarh, ante el Himalaya que se recorta en el horizonte, esta Mano Abierta que para mí, para el viejo Corbu, marca el final de una etapa ya recorrida".
* * * * * *
(Perdón. He estado un minuto sin poder seguir, transido de dolor, con un nudo en la garganta. Qué bonito).
Sobrepongámonos y digamos: ¿Esa mano está recibiendo las riquezas creadas? ¿Las está distribuyendo? No.
Para recibir, para distribuir, la mano estaría horizontal, cóncava, incluso entrecerrada. No sé. Esa mano no está recibiendo ni dando nada. Esa mano es la Meretérica echándote el alto: "Los papeles". "Circulaba usted a 110 Km/h en una zona con velocidad limitada a 90 Km/h".
Perdón. Me castigo otro minuto sin escribir. Estoy reflexionando. (Mientras tanto, por favor, volved a mirar las tres manos que llevamos puestas, a ver si vosotros las entendéis mejor que yo).
* * * * * *
Ya he vuelto, y es peor, porque ahora veo una mano enhiesta, la derecha, extendida no sólo para parar la circulación, sino incluso para cosas peores. ¿No se adivina el "saludo romano"? ¿O soy yo, que no me he tomado hoy mis tranquilizantes?
Porque, si entramos en eso, quien dice "saludo romano" puede decir cosas peores, y por ahí no vamos nada bien. Podemos dejarlo en el saludo indio, pero no de la India, sino del oeste americano: "Jau". (A lo mejor el Corbu se equivocó de indios. A veces pasa).
Lo que le salva a la mano es el dedo meñique despegado. Pero los dedos índice, corazón y anular están unidos y muy tiesos. Haced la prueba: Extended el brazo derecho con la mano en alto, con los dedos pulgar y meñique separados y los otros tres juntos. No sé, no sé. Qué cosa tan rara.
El propio Corbu, el viejo Corbu que se disponía a instalarse entre las estrellas de Dios, tampoco lo debió de ver claro, porque probó este diseño alternativo:
Tiene muchos elementos, demasiados. Lo veo confuso, muy recargado. Y esta vez la mano es, obviamente, la de un cantaor flamenco en la tercera voluta de su ay. (Justo en la parte subrayada de: "ay-ayyy-aaayayayyaaayy"). Y además le sale por encima de su cabeza encajonada. Qué feo y qué raro.

Con todo, la mano dibujada tiene un enorme poder visual. Le Corbusier la pensó en color, pero al final se ejecutó en chapa gris, y pierde muchísimo:
(Se me ha olvidado decir antes que, en mi delirio, veo también una paloma picassiana: el dedo pulgar es la cabeza, el meñique la cola y los otros tres un ala extendida en pleno vuelo de perfil).
La mano construida en chapa parece un poquito pobre, ¿no?
Otra posibilidad es que el gesto fuera un saludo no oficial, sino desenfadado. Aunque en ese caso estaría mejor con todos los dedos ligeramente separados. De todas formas, imaginad que el mástil tuviera un movimiento oscilante-pendular muy suave a derecha e izquierda y la mano se moviera describiendo un pequeño arco:
Tic-tac (derecha-izquierda), tic-tac, ho-la.
Creo que molaría.
(También se le podría dar una ligera rotación al palito, a derecha e izquierda, para que la mano hiciera: cin-co-lo-bi-tos-tie-ne-la-lo-ba).
En fin. Estoy desvariando.
Esto lo he escrito pensando sobre todo en Emilio, a quien supongo que le gustará porque es tan desmitificador como yo. Pero si queréis leer algo en serio y muy bien fundamentado sobre este tema, os recomiendo esta página, muy interesante.
Ah. Otra cosa -hoy estoy un pelín borde, lo reconozco-. La cara trasera, el dorso de la mano, es una triste chapa lisa con menos gracia aún, que evidencia que, al final, todo ese monumento de la mano abierta no es ni una obra arquitectónica (a pesar de la peana y del espacio a sus pies) ni escultórica. Tiene sólo un punto de vista posible, frontal. Es un dibujo, es un logo. Muy bueno; extraordinario, pero sólo un logo).

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