Ya sé que también estoy solo (o casi solo) en esta batalla, y también sé de sobra que la tengo perdida: la de la fiebre del muralismo:
Sí, es una batalla perdida porque los murales gustan a casi todo el mundo, y además porque se realizan en medianeras perdidas o en fachadas de edificios obsoletos, sosos, feos o incluso ruinosos. Y a menudo ni siquiera en edificios, sino en tapias. ¿Quién se puede oponer a eso? Es hacer "arte urbano" donde hasta ese momento solo había roña y abandono.
Pero aunque no tenga ninguna esperanza contra tales evidencias, me gustaría decir algunas cosas:
Primero: No todos los edificios ni los ambientes urbanos tienen por qué ser excitantes y llamativos. El espacio urbano, el ambiente urbano, también tiene su buena parte de "anodinez" y tranquilidad sosa. No está bien que los agentes urbanos estén vigilando sin cesar para descubrir algún rincón poco estimulante para ¡zas! cataplasmarle un miquimáus.
Segundo: En casi todo este "arte urbano" ("kitsch urbano") convocado y premiado por los ayuntamientos se ejecutan obras agradables, "bonitas", bienintencionadas, coloridas, pero yo las veo en general muy carentes de calidad y creo que no aportan nada que merezca la pena. (Claro, que la práctica totalidad de edificios también es muy carente de calidad, pero de esto diré algo ahora).
Tercero: Estas obras de arte urbano se aplican sobre fachadas, medianeras o incluso tapias, generalmente sin ningún valor especial, pero sí con un sedimento ambiental que "hace ciudad" y "está en el entorno", y, sobre todo, todas ellas se han construido en su momento siguiendo la normativa urbanística de la zona, que, mejor o peor, en su día se aprobó buscando precisamente una imagen coherente de ciudad, mientras que estas obras pictóricas no responden a ningún programa urbano ni a ningún plan.
Cuarto: Los edificios sobre los que se aplican esas obras tienen autor o autores, que tienen derechos intelectuales y, sobre todo, morales sobre ellos, y a quienes al menos deberían consultar estos alegres ediles miquimauseros y tenerles un mínimo respeto.
Pero yo creo que lo principal de este problema es que tenemos derecho a salir de casa sin ver todos los días un mural preciosísimo enfrente, a pasear por la ciudad entre paredes que son paredes sin más, humildes paredes de ladrillo que no están constantemente metiéndonos el dedo en el ojo.
Hay a este respecto un dicho chino muy sabio: "Ojalá no te toquen tiempos interesantes para vivir". Pues eso digo yo: ojalá mi calle, mi barrio, mi plaza, no sean nunca interesantes ni estimulantes. Ojalá solo sean tranquilas y, eso sí, armoniosas en lo posible. Armoniosas no es con pintadas de colores, rayajos, brillos excitantes, sino con proporciones adecuadas y formas sensatas. Ojalá mi calle no excite la curiosidad de nadie y no vengan de fuera a verla. Ojalá sea solo cómoda, agradable y bella.
Primera propina:
Mi amigo Manuel Pina me manda un aleccionador ejemplo ocurrido en Getafe: Al parecer, el cerramiento de un centro de transformación fue decorado con este retrato:
Es algo que gustaba a todos los vecinos, como luego veremos. (A mí me llaman mucho la atención las líneas blancas inclinadas de los cristales de las gafas y los claros de los pliegues de la capucha. Ahí es donde se ve a un artista).
Pero un día apareció un anciano y se puso a pintar en rojo encima del retrato.
Es decir, está indignado con que el artista callejero haya atacado una propiedad de Iberdrola, pero él no hace tampoco nada por restaurarla, sino que sobrepinta. Pero imaginemos que esto ha sido (perdonadme que insista contra la evidencia) un duelo entre un émulo de Francis de Blas (por ejemplo) y uno de Mark Rothko (por ejemplo). ¿Quién es mejor? (Aunque repito que el repintor no parece que quiera emular a nadie).
Los comentarios a este episodio en ese grupo de Facebook son unánimes: el primer retrato es muy estimable y lo de encima es un atentado. Yo, repito, creo que son dos atentados; no sé si el primero consentido o incluso auspiciado por el ayuntamiento de Getafe, que es un ayuntamiento especialmente muralero. En este caso me parece un atentado mucho más grave, pues estaría provocado precisamente por quienes deberían velar por la imagen de la ciudad, por el entorno habitable.
Segunda propina:
Ya conté aquí lo del complejo deportivo de La Alhóndiga, también en Getafe, y no voy a volver a contarlo.
Confieso que no entiendo nada. Si es una mierda de edificio, pintando de colores sus fachadas no van a arreglar nada. Parece más bien que lo dan ya por ruinoso (por eso ya no tiene importancia colorearlo) y se dicen que al menos quede como un bonito hito en el paisaje. No tiene sentido. Si es una piscina municipal que, por lo que sea, es un desastre, habrá que arreglarla, restaurarla, mejorarla, invertir el dinero para hacerla funcionar. Y, sobre todo, (¡ay!) mantenerla y conservarla. Pero con pintarla no arreglan nada, y tan solo esconden la cabeza como el avestruz sumergiéndola en un falso mundo de fantasía y de color.
Y si ya es completamente irrecuperable tampoco tiene sentido que la pinten. Deberían derribarla e intentar construir ahora algo con más tino.
Si esto tiene que ser un cadáver exquisito, yo creo que es mucho más digno y más hermoso con sus texturas originales de hormigón gris.
Pero ya digo: es una batalla perdida. Es mucho más bonito refugiarnos en un falso mundo de fantasía, en una orgía de agresiones diarias pero de buen rollo, eh: de buen rollo. Sobre todo de muy buen rollo.


Je, je José Ramón. Pues esto es de las pocas pocas que los Ayuntamientos social-comunistas y los de la derecha-facha están de acuerdo.
ResponderEliminarDate un paseo por Moratalaz (un barrio de Madrid) y verás porque ahora le llaman Muratalaz !!!! Je, je
PD) Por mi parte te aconsejo el barrio latino de San Francisco.
Disculpa el anonimato. Escribí con mi nombre y mi web, rogué a Google que me hiciera caso... Pero nada. Bueno tú ya sabes (soy tu amigo promurales).
ResponderEliminarManuel Pina // www.tesorillo.com
Hola, Manuel. Yo sabía que eras tú.
EliminarEl proceso de comentar en el blog es bastante pesado y enrevesado. Lo siento, y te agradezco el esfuerzo.
Un abrazo.