jueves, 21 de diciembre de 2017

Corbata y casco

En el primer comentario a mi anterior entrada la lectora Carmen Azcoitia dice que el cliente siempre pregunta: "¿Y esto del certificado para qué sirve? ¿Para daros trabajo a los arquitectos ahora con la crisis?"
Es cierto. A mí me lo preguntan siempre. Y suelen añadir: "¡Vaya sacacuartos!".

Lo más llamativo es el tono con que nos lo dicen. Ya nadie se corta un pelo. Además, por la zona en la que trabajo la gente acostumbra a hablar muy fuerte, y me lo dicen gritando: ¿QUÉ? ¿Y ESTE SACACUARTOS D'ANDE LO HAIS SACAOOO? Te lo sueltan así, sin ninguna vergüenza.

Precisamente les hacemos ese certificado de eficiencia energética porque son los notarios quienes se lo exigen para que puedan vender su vivienda. Pero a los notarios (fijarze bien) no se lo gritan.
¿QUÉ? ¿Y ESTE SACACUARTOS D'ANDE LO HAIS SACAOOO?
No. A ellos no se lo dicen.
A ellos no.
Es más: A veces, por extraños avatares de la vida, alguien tiene que ir a un notario para que le certifique que está vivo. "Fe de vida" se llama la bromita. El notario le pide el documento de identidad, le oye respirar si tiene ganas y tiempo, o incluso, si está de humor, cruza un par de palabras con él y certifica que sí, que está vivo. Y le cobra una pasta.
Y a callar. Nadie osa decirle: "¡PERO BUENO! ¿Y ESOS COJONAZOS?"
Porque la verdad es que hay que tenerlos bastante gordos para decir que "quien dice llamarse x me muestra el que dice ser su documento -podría ser el de un hermano gemelo, o podría ser arduo relacionar la pésima foto con el careto sudoroso y carnal del interesado allí presente- y yo veo que está vivo, o al menos que lo parece".
Pero nadie se lo dice. Y, lo que es más sorprendente, nadie regatea sus honorarios.
Yo he ido hace poco a un notario a que legitimara mi firma. Y sin ser perito calígrafo ni nada miró la de mi DNI y la que acababa de estampar en un documento y dijo que sí, que tacatá. (Aquí "tacatá" significa equis -suficientes, bastantes- euros). Los pagué religiosamente y no dije ni mu. Ni se me ocurrió decirle: "Me parece a mí que tenéis un cuajo..." 

Porque, hay que decirlo claramente, lo del certificado energético puede que sea una filfa, pero no es un sacacuartos. Y no lo es a la vista de la feroz carrera que hacemos unos contra otros para ver quién lo hace más barato. Desde luego cuartos no sacamos.
Los clientes saben ya esto y se chotean de nosotros, y nos echan a la arena a que nos peleemos por unas migajas. Por unos céntimos.

Pues bien; hay que decirlo ya: Eso se ha acabado.

Primero. Queridos compañeros: Dejemos de hacer el imbécil y de tirar nuestros honorarios por los suelos.
Segundo. Pongámonos corbata y casco hasta para meternos en la cama.


(Lo de "corbata y casco" es más para chicos. Para chicas también puede valer, pero luego diré algunas variantes).

¿Por qué nadie le tose a un notario? ¿Por qué se le llama de usted y se le trata con respeto? Pues porque se hace respetar. ¿Y cómo lo consigue, si no sabe recitar más novelistas decimonónicos rusos que nosotros ni juega mejor al ajedrez? Pues por varios motivos: El principal es porque va con riguroso traje y corbata hasta en la playa.

Un notario es una persona que sabe que su vestimenta es su carta de presentación y también su barrera de defensa que marca distancias, mientras que un arquitecto es un bobalicón que se viste como un adolescente o como un actor cómico de zarzuela.

Hacedme caso: Id a una notaría a nada, a ver a un notario. Si conseguís tenerlo cerca dadle la mano y los buenos días, escaneadle de arriba abajo, tomad nota de todo y marchaos a casa a digerir lo que habéis visto. Intentad copiarlo al pie de la letra, por favor.

Un arquitecto suele vestir de manera informal, es decir, exactamente igual (aunque ya tenga sesenta años) que cuando iba a la escuela a hacer un examen de estructuras. En verano camisa de manga corta (o camiseta) y vaqueros. En invierno camisa más gorda, pantalón de lana o, aún peor, de pana, y jersey. Y del calzado mejor ni hablamos. Hasta chancletas. Y así queremos que alguien nos respete.

Ese es el atuendo de diario, pero cuando un arquitecto se quiere poner estupendo, divino de la muerte, se pone traje negro, gafas redondas con montura amarilla y pajarita azulona o también amarilla. Y si encuentra un estampado de ananás, cigüeñas o stormtroppers de Star Wars se tira a por él como un fanático. Y va por la vida como diciendo: "Soy guay", "queredme", "admiradme", y lo único que consigue es que le ofrezcan hacer un certificado de eficiencia energética por treinta euros o un proyecto de vivienda por dos mil.

Así no vais a ninguna parte. Coged vuestros trajes negros (¿habéis visto a algún notario con traje negro?), vuestras gafas amarillas, vuestros tirantes de fantasía y vuestras pajaritas de tarangallo y tiradlo todo a la basura.

Y compraos un traje gris. Gris. ¿Puede ser marrón clarito? Ñññññ... ¡Gris! ¿Y azul marino? Bueeeeh... ¡Gris!
Compraos unos zapatos negros DE CORDONES y una corbata azul oscuro o gris con rayas. Sin colorines, sin brillos, sin dibujitos, sin chorradas. Coño, que vayáis a una notaría y os fijéis.

Id incómodos, muy incómodos. Llamad a todo el mundo de usted, de vos o de vuecencia; también de vuesa merced, y forzad así que os lo llamen también a vosotros. El tuteo, la confianza y el compadreo están muy bien para... para nadie, para pringados y fracasados, para gente que acaba trabajando gratis.

Por favor, no seáis como los médicos, a quienes ya nadie respeta. Y no digamos como los maestros, a quienes los alumnos -y sus padres- hasta les escupen. Hace décadas eran "Don" y "Doña", pero quisieron hacerse simpáticos, majos, próximos... personas, y mirad cómo han acabado.

Los arquitectos vamos por el mismo camino. También vamos "de personas" y hemos conseguido que nos traten como a tales. De eso nada. Tenemos que ir de robots, de autómatas, de gris. Y ser muy aburridos. Pero mucho.

Los arquitectos -imbéciles- solemos decirnos cosas raras entre nosotros -"la armonía tipológica de la propuesta descubre una estrategia específicamente macroscópica"-, pero luego con nuestros clientes hablamos normal, e incluso hacemos esfuerzos para que nos entiendan. Y les hacemos imágenes fotorrealistas, o perspectivas  a mano alzada. Lo que sea para que entiendan nuestro diseño. Y claro que lo entienden. Lo entienden tan bien que le quitan mérito. "No será tan difícil cuando lo entiendo hasta yo". Y eso nos quita valor. ¿Entiende alguien a un notario? ¿Comprende alguien las cláusulas de una hipoteca cuando un notario las bisbisea como una letanía? Ni idea. Vamos, que ni nos damos cuenta de si la letanía está en español o en latín.

Llevad una cartera "de verdad". No riñoneras, no mochilas, no bolsas... Una cartera. De ministro. Vamos, de notario. Una cartera que cuando hagáis amago de abrirla asustéis a vuestro cliente. Que ni se atreva a toser si sacáis de ella un presupuesto o una factura de honorarios.

Y, claro, un complemento que tenemos que tener siempre es el casco. Pero cuidado. Este es un tema delicado. Con casco podemos parecer tecniquillos de tres al cuarto, gañanes. No. El casco ha de ser blanco y estar reluciente. Y hay que saber llevarlo. Es como la txapela: una prenda aristocrática que mal llevada te deja en ridículo. (En caso de duda es mejor llevarlo recto, rígido y forzado que "graciosamente" ladeado. No permitáis ningún rasgo gracioso, ningún colegueo). Por supuesto, con casco y en mangas de camisa pareceremos un encargado de tercera o un recadero. El casco hay que llevarlo con chaqueta y corbata. Siempre.

Nada de llevar el casco en la bandeja trasera del coche. Ahí le da el sol y se aja y amarillea en seguida. El mejor lugar para llevarlo es en nuestra cabeza. Siempre. Debemos llevarlo puesto al visitar a un cliente, por la calle, dentro de nuestro estudio y hasta en casa.

Debemos estar siempre incómodos. Recordadlo bien: Siempre incómodos. La comodidad, el relajo, incitan a la confianza y al descontrol, y así bajamos la guardia y consentimos incluso que algún cliente nos llame de tú. Eso jamás. Ya hace tiempo que nos empezaron a llamar de tú y nosotros nos dejamos, creyendo que esa confianza era positiva. Y ahora ya lo estáis viendo. Nos dicen, sin apuro alguno: "Eh, te has pasado. Tienes que bajar bastante ese presupuesto", y se quedan tan panchos.

Si no nos respetamos nosotros mismos, ¿cómo queremos que nos respeten los demás?

Ah, y siempre serios. Se permite un ligero toque de humor británico (de nuevo los notarios; fijaos lo bien que lo hacen) muy contenido y conceptual. (Que os conozco y en cuanto os dan carrete os ponéis a imitar a Chiquito o incluso a los Morancos).

Chicas: He estado hablando de la indumentaria masculina y os he dejado de lado. Perdón.
Bueno, pues vosotras igual. Sólo añadiré que falda mejor que pantalones. Y los zapatos mejor con tacón. No de aguja pero casi. Recordad: Siempre incómodas.
-Pero es que con falda y tacones no me puedo subir a un andamio.
-¿Perdona? ¿PERDONA? ¿PER? ¿DO? ¿NA?
¡Esta sí que es buena! ¡Subirse a un andamio! Si me venís con esas mejor lo dejamos. No hago diferencias de género. Arquitectos y arquitectas: Id a la obra como un pincel y no hagáis el chorra. No estáis para subiros al andamio. ¿Qué será lo próximo, replantear? Así no vamos a ningún sitio.

Sigamos con la indumentaria femenina. Podéis llevar corbata, siempre en la línea de máxima incomodidad y máximo aburrimiento, como los hombres.
Si no queréis corbata podéis llevar una blusa con cuello a la caja. Y tal vez un pañuelo marrón o gris, sin estampados. Todo lo más unas rayas o unos topos.

Espero que con estos consejos seáis capaces de no parecer personas, de no parecer asequibles, ni amistosos, ni simpáticos. Espero que sepáis poner cara de enterrador en un cuerpo de registrador de la propiedad y que consigáis un mínimo de respeto: el que se le tendría a un extraterrestre que viniera a exterminar al ser humano de sobre la faz de la tierra.



Addenda 24-12-2017
Uno de los más fieles lectores de este blog, Wallace97, me manda esta foto de un estudio de arquitectura en la calle de Menéndez Pelayo, en Madrid:


Y me dice que le viene muy a cuento a esta entrada.
La pongo porque me parece muy interesante.
El compañero que ha enfocado así su estudio merece todo mi respeto. Estaría bueno. La vida está muy difícil y es muy dura, y hay que darle muchas vueltas y luchar mucho para conseguir encargos.
Pero me llama la atención cómo oscilamos todos nosotros entre nuestro corazón (en este caso claramente corbuseriano) y la cruda realidad.
Yo conté algo sobre esa quiebra entre ilusiones y realidades cuando hablé de la inutilidad de mi biblioteca. Aquí detecto algo similar.
Vaya profesión. Qué mal va. Qué mal va para casi todos.

11 comentarios:

  1. Donde se le da aquí al "Like" que me voy a jartar de darle. Genial el artículo, me gusta mucho tu sentido del humor y tu capacidad para hacernos sonreir un rato, nos hace falta. Sigue así.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias. Con gente como vosotros uno se anima a seguir.

      Eliminar
  2. Jaja buenísimo.
    Yo tengo una anécdota sobre un certificado energético y un notario. En cierta ocasión me llegó una conocida de un cliente encargándome un certificado urgente. Me comprometí a hacerlo en plazo, pero no contaba con el horrible sistema de registro online, que aquí funciona en sistemas anticuados, y como yo hago pocos certificados de estos (entre desplazamiento, impresión y guerra de precios, sale casi a pagarle al cliente) pues había actualizado mi sistema desde el último que hice. Así que pasé una noche casi en blanco luchando contra la informática y al día siguiente tuve que ir al registro en persona. Allí hubo otra película así que llamé a la señora con un agobio considerable por no poder cumplir el plazo, que iba a quedar postergado simplemente para otro día más al indicado, y me responde ella: ah bueno, da igual porque el notario dice que hoy mismo no lo puede hacer... Yo aún me sigo preguntando qué hubiese pasado si el retraso hubiese venido por mi parte en vez de por el encorbatado notario.

    ResponderEliminar
  3. No es oro todo lo que reluce, José Ramón. Me alojé dos años en un Colegio Mayor mientras estudiaba la carrera y había un tipo que opositaba para notario; era un ser anodino y gris, mezcla de Nosferatu y Mr. Burns, sin vida social, con la piel casi traslúcida, perpetuamente casto (muy a su pesar) y que nos daba a todos mucha pena.

    No digo que tras aprobar las oposiciones pudiera convertirse en uno de esos cisnes trajeados de los que hablas, pero mucho tiene que arrear para atraparnos al resto, que le llevamos diez años de ventaja en disfrutar de la vida.

    Créeme, a las personas de a pie nos impresiona muchísimo más un arquitecto que un notario,¡ni punto de comparación!

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Coñas aparte del artículo, que es muy divertido, hay que decir que los arquitectos YA VESTÍAN y actuaban como describes. Sin ir más lejos, fíjate en Jose Antonio Corrales o en De la Sota. Y entre los arquitectos de prestigio actuales, muchos van trajeados. Ahí está Moneo. Y entre los comerciales con cierta calidad, también se lleva el vender imagen: Lamela, De la Hoz, etc.
    Ya Mies van der Rohe descubrió que en este oficio, que consiste en moverse en los círculos del poder y del Capital (la arquitectura la construye la pasta), la imagen y la apariencia lo es TODO. Y por lo tanto, su mayor obra fue construirse a sí mismo, a un altísimo coste personal, por supuesto.

    Pero la imagen no lo es todo en esta historia...ni mucho menos. Porque los arquitectos ya vestían de traje y su prestigio y su profesión se ha ido al garete...o al retrete mejor dicho. Yo no se la recomiendo ni a mi peor enemigo (bueno, a él sí).
    La clave hay que buscarla en que los que hacen las leyes sí son muchos de ellos notarios y abogados, por lo que no tienen que suprimir aranceles obligatorios por ley en sus profesiones (no tienen la obligación de fijar precios cada uno por su cuenta y hundir el sector, que es lo que sucedió con la arquitectura, por ejemplo, con la "liberalización" de baremos colegiales) , ni implementar leyes que fomentan leyes de competencia a cara de perro entre colegas, como en la jungla más despiadada. "Curiosamente" tampoco se han implementado estas leyes de competencia ni se han suprimido aranceles obligatorios por ley entre los registradores de la propiedad. ¿Por qué será? Uno podría llegar a la conclusión de que el hecho de que el presidente del gobierno forme parte de ese colectivo puede influir en ello. ¿Cuántos arquitectos son ministros u ocupan altos cargos en la administración del Estado ahora o en el pasado? Pues ahí está la respuesta del porqué se las meten todas dobladas. Corporativismo puro y duro. Sin mas.

    ResponderEliminar
  5. Divertido, inteligente, bien escrito y (lamentablemente) lúcido.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. ¡Genial y agudo como siempre!, poniendo el dedo en la llaga.
    No te creas que esa vulgarización ("el técnico", ni siquiera en mayúsculas) afecta solo a los arquitectos, los ingenieros también sabemos algo de ello.
    Uno que, por desgracia, a rodado algo por el mundo la primera vez que en escuche “Monsierur l’ingenieur” mire a mi alrededor buscando al ingeniero referido y tarde algo en darme cuenta que era yo; un país civilizado en el que la sociedad valora el esfuerzo que ha requerido obtener ese título y lo demuestra con respeto a tu categoría.
    ¿Cuántas veces habéis oído “y que si el es arquitecto/ingeniero, pues yo soy albañil”?, pues eso “el técnico” (el de la tele o la lavadora) y no “el Arquitecto/Ingeniero”.
    Creo que a parte de la imagen hay que darse a valer reivindicando lo que somos, sin por ello apabullar a nadie. La distancia y el misterio es importante todo se ha vulgarizado: rápidamente empieza la gente a tratarse de tu, hay compañeros a los que pillan en renuncio y las tecnologías están al alcance de cualquiera ( el medico en casa, el ingeniero en el taller o el arquitecto de tu casita……… ¡aaahh que dolor!).
    Un profe, de mal recuerdo, nos contaba que antes cuando alguien de la obra te venia con una pregunta difícil existía el recurso de la regla de cálculo: pensabas, movías la corredera, pensabas, mirabas, movías la corredera, al rato escuchabas “Sr. Ingeniero que no tengo to el dia pa Uste” contestabas “no ve Vd que estoy calculando” y así salías del paso hasta hallar la respuesta. Luego el infausto profe nos miraba y sentenciaba”Ustedes no tendrán esa ventaja, porque existen calculadoras que cualquiera puede tener”. El arcano, el misterio y la distancia da prestigio.
    ¡Feliz Año 2018 y mejores honorarios para todos!.
    ¿Para cuando una ley de honorarios profesionales como la alemana?, que doblada nos la metieron.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Respondiendo a la pregunta a la última pregunta del (muy lúcido)compañero:

      "¿Para cuando una ley de honorarios profesionales como la alemana?, que doblada nos la metieron."

      Respuesta corta: NUNCA.
      Respuesta larga: NUNCA JAMÁS.

      No en este país con estos representantes políticos y demás...lo siento. (Suspiros)...

      Eliminar
  7. Me encanta esta entrada. No he parado de reír y sorprenderme por cuanta verdad hay en él.
    Saludos

    ResponderEliminar