viernes, 9 de mayo de 2014

Basílicas, templos y duros comentarios

Me estáis acostumbrando muy mal con vuestros amables comentarios, que muchas veces llegan incluso a elogiosos. Me estáis acostumbrando tan mal que cuando llega alguno crítico no lo entiendo.
Tengo el típico buenrollismo de "encajo muy bien las críticas", y tal. Pero cuando me llega una me sale el "no me ha entendido", "es que no era eso lo que yo quería decir", etc. Ya, claro, lo de siempre. Lo de "yo soy muy demócrata, pero como alguien me contradiga me lo cargo". Ya, claro. Muy bonito.
Pues sí. Lo último es que, en muy poco tiempo, he recibido tres ácidos comentarios sobre una entrada mía de hace más de dos años, y que en su día fue muy bien acogida: "Otra charla de Oíza: Mies vs Aalto". (Incluso está entre las más leídas de este blog, como podéis comprobar en el listado de la columna de la derecha).
Pues después de unos cuantos elogios a esa entrada tengo dos comentarios muy recientes que dicen que ese texto sólo expresa una opinión personal (de Oíza, que yo encontré acertadísima cuando la escuché, y por eso la conté) y que no hago un estudio previo real sobre los dos arquitectos comparados. (Hombre: Hacer un estudio previo de Mies van der Rohe y de Alvar Aalto antes de contar la charla de Oíza es hacer varias tesis doctorales, y esto no es más que un blog, y yo no soy más que un bocazas).
Pero no ha sido aquí, en el blog, sino en twitter donde he recibido la puntilla: Una tuitera dice sobre esa entrada: "El peor artículo de Arquitectura de toda la historia. ¡Hay que estudiar más, señores!". Tela: El peor de toda la historia. Jopelines, qué bajona.
¿El plural "señores" incluye a Oíza? Porque mi artículo era tan solo la glosa de su charla. Pues no: Al parecer no lo incluye. Otro tuitero le contestó para defenderme (se lo agradezco mucho), y ella insistió, diciendo esta vez que yo me limitaba a reproducir lo que oí, sin aportar nada. En eso tiene razón. Releo el texto y veo que lo único que dije de mi cosecha fue el final: La comparación entre las iglesias de Alvar Aalto y de Mies van der Rohe.
Así que, como purga y penitencia, me propongo desarrollar (mínimamente: Esto es sólo un blog, y un blog muy personal) la idea del templo como casa de Dios y la del templo como asamblea de los fieles. Y en esto no copio a Oíza.

Mies van der Rohe: Capilla de St. Saviour, IIT, Chicago.
Alvar Aalto: Iglesia del centro parroquial de Riola, Italia.

Aalto hace una iglesia muy agradable, muy acogedora, mientras que Mies hace una iglesia muy fría. La de Mies es geometría, pura abstracción. Es la casa donde vive un dios racional y conceptual, un ser absoluto y trascendente. Y vive allí. Allí sólo puede vivir un ser sobrenatural.
La iglesia de Aalto es, por el contrario, el espacio en el que los seres humanos -dubitativos, imperfectos, torpes- le buscan.
Aalto, con su iglesia, ayuda a los fieles a que estén tranquilos, plácidos, y puedan elevar sus pensamientos y sus sentimientos. A Mies, en la suya, le da igual cómo estén los fieles: Dios está a gusto. O, mejor dicho, Dios está en su sitio. Y eso es lo que cuenta.
Aalto proyecta para los hombres, y Mies para Dios.


En las civilizaciones antiguas los templos eran las casas de los dioses. Los dioses (las estatuas que eran algo más que sus representaciones tal como las entendemos ahora) estaban allí alojados y eran atendidos por los sacerdotes. Los fieles se acercaban a orar y a realizar diversos actos de culto, pero siempre fuera del templo.

Denario de Antonino Pío. 158-159 d.C. En el reverso, templo del divino Augusto.
(En su interior se ven las estatuas de Augusto y Livia. El artista grabador
ha hecho el truco de separar un poco más de la cuenta las dos columnas centrales,
para que se vean los divinos moradores del templo.

Cuando el cristianismo se impuso en el Imperio Romano, el modelo arquitectónico de templo dejó de servir. Los fieles se reunían en asamblea, celebraban sus cultos todos juntos, y la presencia de su Dios no era la rotundidad física de antes, sino la conciencia de los cristianos de que estaba allí, entre ellos.
Por lo tanto, en el cristianismo, la sacralidad del espacio es el espacio mismo lleno de "hermanos en la fe".
Entonces, para construir los nuevos templos cristianos se busca un precedente arquitectónico que no tiene nada que ver con la religión, sino con la colectividad, con la "civilidad".
Las basílicas eran grandes naves en las que se alojaban los tribunales, pero en ellas también se colocaban los cambistas, y también se desarrollaban diversos usos comerciales y sociales.

Denario de Marco Emilio Lépido. 58 a.C.
En el anverso, la virgen vestal Emilia.
En el reverso, la Basílica Emilia, en el Foro Romano.

En este caso vemos claramente cómo un cambio en la concepción de la divinidad implica un cambio en el espacio arquitectónico.
Le doy la vuelta al razonamiento y aventuro que una distinta concepción espacial manifiesta un diferente concepto de lo divino.
En ese sentido (¿era en ese sentido? Ya no sé) es en el que decía que Mies... No. No era en ese sentido.
Tanto en la iglesia de Mies como en la de Aalto entran los fieles. El espacio es "interior". Pero la de Mies, a mi juicio, toma algo del templo clásico, y no es ya que en su obra no exista "espacio interior", como en la de aquellos templos (Zevi dixit), sino que ese espacio interior es abstracto, duro, inexpugnable. Los fieles están ahí dentro, pero mejor que no se muevan y que no molesten. Que no alteren la sacrosanta estructura geométrica.
Los tres estores que vemos en la foto son solidarios: O todos levantados o todos bajados. De la misma forma, se me ocurre que para asistir al culto a esa capilla hay que ir vestido de color RAL 1019, 4012 o 7000, y la estatura, longitud del pelo, tipo de calzado, etc, debe ser aprobada por el sacerdote encargado de que no se altere nada y de que la divinidad geométrica-conceptual permanezca íntegra.
La iglesia de Aalto también es ordenada y meticulosa, pero admite muchas más variables y menos disciplina.
Vuelvo a insistir en que Aalto es un arquitecto muy humano, mientras que Mies es divino.
Si yo tuviera un carácter ascético, o incluso místico, preferiría ir a misa a la capilla de Mies. Pero soy un irrespetuoso, un zascandil y un crío, y además estoy seguro de que el cura de la iglesia de Aalto es mucho más simpático.


(Hala, otra disquisición que mezcla cosas y no estructura ninguna línea de pensamiento coherente. Pero, si a pesar de eso te ha interesado algo de lo que he escrito, clica, por favor, el botoncito g+1 que verás aquí debajo. Muchas gracias).
(Si, por el contrario, quieres hacer un duro comentario sobre esta entrada, puedes hacerlo libremente).

10 comentarios:

  1. Yo es que no sé para que ye metes en ciertos jardines ....... , pero bueno.

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  2. Cogno una coin... O mejor dicho, dos.
    Esto ya se está poniendo interesante.
    Un fuerte abrazo!!!

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  3. Me vas a permitir, mi querido e indulgente José Ramón, que haga esta entradita en tu blog un poco más larga de lo que mandan las buenas costumbres, Pero es que si respecto al asunto de arquitectos poco sé, mi conocimiento de las iglesias es algo superior (ya sabes de qué pie cojeo, con mi Misa diaria y tal).

    A mí, como usuario de estos edificios en todos los lugares del mundo que he visitado, que han sido unos cuantos, me joroba profundamente que los arquitectos hagan de las suyas. Verás, las cosas verdaderamente importantes suelen tener una parte de intemporalidad, un componente que tiene mucho de inmutable. Las iglesias tienen algo que es inmutable, no pueden cambiarse sin que la iglesia deje de convertirse en lo que era y pase a ser un delirio de su creador.

    ¿Estoy diciendo entonces que la arquitectura en lo referente a la construcción de templos debería seguir como en el siglo I? No, desde luego que no. La arquitectura, lo mismo que el arte, el lenguaje o muchas otras cosas, debe saber adaptarse al devenir de los tiempos, y los encargados de proveer a esa sociedad en constante progreso de nuevos templos debéis evolucionar con ella. Lo que quiero decir es que hay que ser muy bueno para construir un templo completamente novedoso y que mantenga en su interior aquello que tiene que mantener, y que es para lo único que ha sido creado. Y ahora estoy pensando en Gaudí.

    Pero no nos engañemos, aparte de Gaudí, tú y cuatro más, hay poca gente capaz de hacer algo como la Sagrada Familia, y los feligreses, los cristianitos de a pie que vamos a acabar yendo a esa iglesia una vez el arquitecto innovador haya terminado su trabajo, tememos a esos "illuminati" más que a un nublado.

    Para ir acabando, y si me permites una pequeña reprimenda, creo que en tu entrada falta la palabra "Liturgia". Sin ella el arquitecto tiene como una patente de corso para construir un templo como construiría un salón de té. Su limitación es la Liturgia.

    De alguna manera habría que decirle: "Imagina, crea, construye, desbarra incluso, pero respeta la liturgia".

    Para que se me entienda mejor permíteme que te cite dos puntos del Catecismo de la Iglesia Católica que creo que dejan claro lo que trato de decir:

    1145 Una celebración sacramental está tejida de signos y de símbolos. Según la pedagogía divina de la salvación, su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo.

    1146 Signos del mundo de los hombres. En la vida humana, signos y símbolos ocupan un lugar importante. El hombre, siendo un ser a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de signos y de símbolos materiales. Como ser social, el hombre necesita signos y símbolos para comunicarse con los demás, mediante el lenguaje, gestos y acciones. Lo mismo sucede en su relación con Dios.

    Así es. O una iglesia cumple esa función o es como una bodega chulísima donde no hay espacio para meter el vino.

    Y para acabar, ahora sí, tan solo decirte que tu frase:" Pero soy un irrespetuoso, un zascandil y un crío", es falsa en un 66%. Para nada eres irrespetuoso... :-)


    Un abrazo


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    1. Carlos, muchas gracias por tus comentarios.
      Sin ánimo de ofender tu sentimiento religioso, te doy la razón en todo lo que dices, y te digo que eso es la "funcionalidad" de la arquitectura.
      Nunca he hecho ninguna iglesia, pero una vez me encargaron una pequeña mezquita (que al final no se hizo), y mi gran problema era que no tenía ni idea de cómo "funcionaba" una. Me tuvieron que explicar muchas cosas. Me proporcionaron libros, etc. Y me pareció no sólo muy interesante, sino absolutamente necesario.
      Sin ánimo de provocar (o quizá sí, pero sólo un poco), es similar a si me encargaran una plaza de toros. ¿Cómo funciona? ¿Por dónde entran los toros? ¿Qué dimensión tiene que tener el corral? ¿Y los toriles? Etc. ¿Por dónde entran los toreros? ¿Cómo tiene que ser la enfermería? Y otras mil preguntas.
      Se me ocurre hacer una entrada algún día sobre iglesias que tú me propongas como "que funcionan bien".
      Pero quería introducir además la idea de si en alguna iglesia te has sentido "especialmente bien".
      Bueno. Te lo comento aparte. A ver si me ayudas con esa entrada que se me está ocurriendo.
      Un abrazo.

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    2. Por supuesto, José Ramón. Prometo hacer lo que me pides.

      Un abrazo.

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  4. Hace unos cuantos años, era chaval yo, leí una columnita de Javier Marías sobre un lector muy crítico que le escribía con cierta frecuencia (no había aun twitter, apenas email) y afirmaba que era "el peor escritor de la historia".
    Marías lo contaba con orgullo, de todos los escritores que en el mundo ha habido, de todas las personas que se han atrevido a contar historias en papel ¡era el peor!, nadie nunca había conseguido hacerlo peor que él.
    Quien pudiera, ojalá en lugar de un mediocre yo fuese el peor en algo...

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    1. Muchas gracias, Kike. La verdad es que a mí también me impresionó (y me llenó de vanidad) ese tuit: El peor artículo de arquitectura de toda la historia. ¡Toma ya! Impresionante.

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  5. "La historia la escriben los vencedores (ganadores)." Enhorabuena, por fin has entrado en la historia, muchos no estamos ni cerca.

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  6. Yo recuerdo cuando niño la inclemente iglesia de mi pueblo; era estrecha, calurosa, incomoda y fea y recuerdo que no entendía como aquello podía ser la casa de Dios.
    Pues nah, será decir de ahora en adelante lo mucho que aprendo al venir a leer los peores escritos sobre arquitectura de la historia de la humanidad desde que el mundo es mundo.
    Saludos.

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