miércoles, 6 de febrero de 2013

Nuevo artículo mío en Veredes

A primeros de cada mes, hasta junio, publico artículo en veredes.
(Es una muy buena página, cuyo enlace os acabo de poner para que la exploréis a gusto).


Y, como estamos a primeros de febrero, acabo de publicarlo.
Pasé el otro día por delante de una casa que hice hace tiempo, y miré su alero con ternura. El artículo me salió del tirón, porque es un asunto en el que he pensado siempre: Los arquitectos salimos de la escuela con una formación superferolítica. Hemos tenido, en general, grandes profesores de proyectos, que nos corregían los croquis y nos pulían y pulían. Crecíamos mucho, aprendíamos, y llegamos a adquirir un cierto nivel. Venga, sin modestia: Un muy alto nivel.
Sin embargo, cuando salimos de la escuela nos toca construir en el mundo real, para gente (nuestros clientes) no especialmente educada en la arquitectura, y que no tienen un criterio formado en ella. Sin embargo, son sus gustos los que mandan.
A menudo, ante esta perspectiva nos desanimamos. Pocas veces entendemos a nuestros clientes, y eso es algo que no deberíamos permitirnos si queremos ser arquitectos honrados y decentes.
Bueno. Os dejo el artículo. Si os apetece, clicad aquí.
Gracias, como siempre, por vuestra cariñosa atención.

3 comentarios:

  1. Qué tema tan delicado y tan complejo. Alguien dijo que para conseguir un buen proyecto hacía falta un buen arquitecto y por supuesto, un buen cliente. Y no sé si están claros ninguno de los dos conceptos. Por una parte, la que nos atañe, cuántos arquitectos y obras de arquitectura hemos celebrado como la quintaesencia de la genialidad, y años después, hemos comprobado volviendo la vista atrás que ni tanto ni tan calvos. En la otra parte, nos encontramos clientes de muchos tipos: los que saben y los que no. Entre los primeros, están los que saben para bien y los que saben todo lo malo. Entre los segundos hay quienes se dejan aconsejar y los que no. Pero también interviene el ego de cada cual, la química con el arquitecto, y tantas cosas que son las que hacen apasionantes cada nuevo reto.

    Una común amiga que acaba de irse a trabajar a Londres, se quejaba irónicamente en tuiter, de que se creía minimalista hasta que ha tenido que colocar unos columpios con forma de barco en un parque infantil. Espero que no sean barcos vikingos.

    Y lo que me ha venido a la cabeza ha sido Palladio. Un ejemplo magistral de cómo se puede hacer arquitectura con mayúsculas con un programa tan difícil a primera vista como hacer residencias-granjas en el agro de la terra ferma veneciana.

    Y es que siempre nos quedarán los maestros. Perdona por la chapa.

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    1. Al revés, Javier. Te agradezco muchísimo la chapa.
      Muchas gracias.

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  2. Hay en ese tipo de cliente, un deseo de dejar "marca" en realidad lo que les gustaría es diseñar ellos mismos la casa. Es como si a un León le marcase otro macho el territorio.

    Siempre didácticos tus artículos, gracias!

    Saludos José Ramón, (te verédes-pues de febrero)


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