miércoles, 30 de marzo de 2011

El cuadrito rebelde


Le acaban de dar el premio Pritzker al arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura. (En los periódicos, al premio Pritzker siempre lo llaman “el Nobel de la arquitectura”, lo que me parece un claro signo de papanatismo. Es como cuando llaman a cualquier premio “el Oscar de…”).
De Souto de Moura hay mucho escrito y publicado, y no es este el lugar donde explicar quién es. (Ya he puesto el enlace a la wikipedia para una documentación urgente y perentoria).
Más bien os diré lo que opino de su obra. Pero opino demasiadas cosas y, como me conozco y sé que propendo a la diarrea verbal, escribiré sólo sobre una chorradita en una celosía.


En esa celosía hay un cuadrito que se sale de madre, y en ese cuadrito, en esa boutade (en francés se dice boutade; en español se dice salida de pata de banco), quiero ver la excepción a la regla, la reserva mental, el derecho a protestar o a rebelarse. A ese cuadrito le veo vida propia y afán rebelde. Y tomo ese cuadrito para que me ayude a ver un par de cosas en la arquitectura de Souto de Moura.
Podemos decir, sin temor a equivocarnos demasiado, que la obra de Souto de Moura es racionalista, funcional, canónicamente moderna. Pero en cada uno de sus edificios hay un cuadrito cabezota y protestón, un “sí, pero”, una cana al aire fuera del rigor del conjunto.

Siempre estamos a vueltas con lo mismo: racionalismo contra intuición, orden racional contra expresionismo, contra ansia de libertad, contra vida. Souto ejemplifica muy bien esta lucha. Cree en la racionalidad, en la geometría, en el método, y su obra es limpia y clara, iluminada por estas certidumbres. Pero sabe que esta cuadrícula no es suficiente. Agradece el papel pautado para escribir cómodamente, pero se reserva el derecho a saltarse los renglones, a hacer una llamada en diagonal o a trazar una elipse o una estrella con rotulador gordo cada vez que le apetezca. El racionalismo, el papel rayado, es una herramienta, y la usa en cuanto le sea útil, pero no por ello se ve obligado a seguirla usando cuando le oprima o le fastidie.

Otra característica de su obra, que creo que viene de lo mismo, es el carácter a menudo “hedonista” y a menudo “polémico” de los materiales.
La arquitectura de Mies, platónica, trascendía el material. Mies decía que sólo le interesaban los problemas constructivos, (porque lo que necesitaba era conocer la manera de ir al más allá de la construción y de los materiales). Vidrio, acero, ónices brillantes, brillos y reflejos virtuales. Que no se viera una soldadura; que no se viera una mancha. El material tenía que pasar por encima de sí mismo.
La arquitectura de la época purista de Le Corbusier es de cartulina blanca. (Pero Le Corbusier es mucho Le Corbusier y dice lo mismo que Whitman: “En mí moran multitudes”).
Alvar Aalto, por el contrario, es puro material. Sus encantadores edificios lo son por el ladrillo, por la madera, por la cerámica esmaltada, por el calor y por el olor de los materiales. (¡Qué bien huelen los edificios de Alvar Aalto!). Wright tampoco se concibe sin la manifestación exacerbada de los materiales constructuivos.
Souto de Moura es las dos cosas: un geómetra con materiales gordos. En sus obras se ve mucha cartulina blanca conviviendo con pedrolones enormes, o con madera, o con hormigón churriente y chorreante.
Digo lo mismo que antes: Es un racionalista, pero no es un abstracto. No levanta nunca los pies del mundo real, aunque sí levante el ánimo al cielo.


2 comentarios:

  1. Malegro!!!!
    Es de justicia que se reconozca el mérito de un Arquitecto no-estrella, no-vedette, no-3D. Un currante. Un tio con talento, sensibilidad y con una inteligencia no solo dedicada a encandilar a politicos para hacer caja.
    Una buena noticia para la Arquitectura y los Arquitectos.

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