domingo, 18 de junio de 2017

Comentarios

Tengo ya el vicio de mirar este blog varias veces al día por si hay algún nuevo comentario. En general sois parcos o tímidos, o es que para dejar algún comentario se os piden demasiados datos y molestias y os da pereza.
El caso es que, salvo en algunas entradas muy "calientes", no suele haber demasiados comentarios. Pero, eso sí, los que hacéis suelen ser muy cariñosos y a veces hasta elogiosos. Así que me hincho como un pavo.

A menudo ocurre que cuando alguien está de acuerdo con el contenido de una entrada no se suele tomar la molestia de hacer un comentario. ¿Para qué? ¿Para decir que muy bien, que vale? Sin embargo, cuando se está en desacuerdo, y no digamos cuando la entrada le llega a indignar a uno, sí que salva todos los laberintos y tropezones que le impone el blog (los he dejado en lo mínimo posible) para hacer constar su disconformidad.

Hace dos entradas me eché al monte a hablar de un personaje muy difícil: Juan Navarro Baldeweg. Me superó. No fui capaz de decir nada interesante de él. Se me escurrió entre los dedos (como suele hacer, el cabrito) y me dejó sin nada. Mi blablablá no pudo ser más vacío ni más torpe. Esa entrada merecía comentarios acerbos, sin duda. Pero creo que no se merecía los que recibió. Porque los comentarios que tiene hasta este momento(1) no critican mi pobreza analítica y expositiva, sino el arte de Juan Navarro y la pintura y la arquitectura contemporáneas en general. Benditoseadiós.

 

A estas alturas esos argumentos. Otra vez.
Se le quitan a uno las ganas de seguir.
(Me estaban esperando desde lo de Adriansens).
Menos mal que por las redes sociales -y los más íntimos cara a cara- me hacéis comentarios y críticas de otro tipo.
¿Cómo se puede seguir alimentando, a estas alturas, ese desprecio a todo lo que supone la modernidad, la contemporaneidad? ¿Cómo se puede, para reforzar esa postura, hacer dos bandos no basados en la calidad ni en la profundidad programática, sino en la mera percepción superficial y anecdótica?

A estas alturas. Vamos, por favor.
En algún comentario detecto una sana ironía. O a lo mejor me la imagino yo, que ya no sé ni qué pensar.

Mi entrada sobre Juan Navarro me quedó muy pobre. Se me escapó vivo. Es que ni lo rocé. Ya digo que merezco comentarios duros, pero Juan Navarro no se los merece. Es uno de los creadores más lúcidos que tenemos.

(Por cierto: He participado en el crowdfunding que comenté ahí, y aprovecho para deciros que ha alcanzado su objetivo y el libro se va a publicar. A ver si me explica algunas cosas y me aclara las ideas. A ver si veo y entiendo algo más de este extraño creador).

Sí, soy muy torpe, y merezco las críticas de los lectores. Pero el arte y la arquitectura moderna no se merecen ese tipo de comentarios.

El comentarista(2), por cómo se expresa, demuestra que no es inculto. Ni tonto. No; nada de eso. Se expresa bien y expone claramente sus ideas
Pero eso revela un problema de base en la sociedad. Y es que incluso la gente formada y leída no tiene ninguna formación artística y no digamos arquitectónica. Y si la gente (hablo en general y con groseras simplificaciones) sigue sin tener una actitud abierta ante las vanguardias y la contemporaneidad no vamos bien.
Se pueden leer muchos libros, pero si todos son novelones del diecinueve o novelas históricas o románticas según los patrones trillados no se puede llegar más allá.
Por otra parte, valorar en una obra solo la dificultad de su ejecución y la dificultad de su copia es muy de turista (fijaos qué tipo de obras valoran los turistas) y aboca indefectiblemente al kitsch. La dificultad técnica nunca es un fin en sí mismo. Es una necesidad (cuando lo es) para lograr el fin propuesto. La dificultad no se busca per se. A veces lo que uno pretende hacer es muy difícil de realizar y no hay más remedio que dominar la técnica, pero buscar de entrada lo difícil por alarde es, por el contrario, facilismo mental; es ir a lo cómodo, al mero oficio que uno sabe y en el que no corre ningún riesgo.
Valorar la obra artística por la dificultad de su reproducción anula completamente a quienes han descubierto un camino, a quienes han propuesto una solución, a quienes, además, han buscado una ejecución fácil o mecanizada, o han propuesto una nueva vía de comunicación. Todo eso se hunde ante el rotundo "eso lo hace mi niño". (Quiero creer que hay alguna ironía o incluso algún sarcasmo en ese comentario).

Pues si eso lo hace tu niño, que lo haga. No está prohibido. Que lo haga en buena hora, a ver si el padre lo celebra.

Hay un tema eterno, que sí tiene interés: ¿Es lícito el arte de mera ocurrencia, de mera sorpresa? Yo lo ataco a menudo. Pero una cosa es eso y otra decir que la modernidad está vacía.

En fin. No merece la pena seguir extendiéndose. Era solo que me he desanimado mucho y me he puesto a pensar que para qué este blog y para qué estas entradas mías, tan "estupendas", tan "cool", tan masturbatorias y autocomplacientes.

Pero me repongo y le busco el lado bueno: Me encanta polemizar y ser un bocazas, y donde las dan las toman, así que, por favor, seguid dándome caña. (A mí y a los artistas y arquitectos que os parezcan merecedores de vuestro rigor). Si me criticáis aprenderé (o al menos lo intentaré), y si criticáis a los personajes de quienes escribo también aprenderé a verlos desde otro punto de vista, o a defender el mío estudiándolos más atentamente. En ambos casos todos saldremos ganando y el blog se enriquecerá.

Así que sigo con el blog. No me rindo.

Y, por favor, hacedme todos los comentarios que queráis, en el sentido que sean.

Muchas gracias a todos. Sí: a todos. Especialmente a quienes os tomáis la molestia de comentar.



NOTAS.-
(1).- Cuando he escrito el cuerpo de esta entrada solo había los cinco comentarios que he puesto. En este momento hay siete, y no sé si seguirán subiendo.
(2).- Algún amigo me ha hecho notar la supuesta cobardía del comentarista por escudarse en el anonimato. No estoy de acuerdo. Blogger te la lía si no tienes cuenta en Google, y, en general, te fastidia mucho para que te hagas un perfil con tu nombre y todo eso. A casi todos les causa una comprensible pereza, y a algunos se lo pone casi imposible. Por lo tanto, no sólo es lícito, sino que es incluso plausible comentar como "Anónimo". (Lo que podéis hacer si comentáis como "Anónimo", y si os apetece, es escribir vuestro nombre al final de vuestros comentarios, a modo de firma. Y si no queréis no pasa nada. Estaría bueno).

12 comentarios:

  1. Pues sí... ya casi nadie comenta nada...
    Yo no comenté porque de Navarro No sé mucho más que los Radio Futura usaron una obra suya para la portada de "la canción de Juan Perro". Y por eso he participado en el crowdfunding, con la esperanza de aprender mucho.
    En cuanto a los comentarios recibidos no dejo de enrocarme en mi postura: falta enseñar arte moderno y contemporáneo en el colegio. Nunca se llega y cuándo se hace es de puntillas, muy de pasada, con las prisas del fin de curso, y con escasos conocimientos por parte del profesor. Es imposible valorar algo cuyo valor no ha sido aprendido.
    Si puedes con las fiestas bajo tu balcón, puedes con estos comentarios. Un abrazo!

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  2. José Ramón, eres un artista.

    La ignorancia es muy atrevida y la gente no es capaz de valorar las obras por su capacidad de transmitir y solo se quedan en una primera lectura, que es la ejecución formal sin tener en cuenta el contenido.
    Tanto en el arte como en la arquitectura.
    Al final la pena es no tener un sistema educativo que promueva formación de calidad referida a estos campos, que sean capaz de crear en las generaciones venideras un pensamiento crítico y una cultura que promueva mentes creativas y sensibles capaces de respetar el trabajo ajeno.

    Sigue con lo tuyo, desde Zaragoza te leemos con cariño!

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    1. La sociedad ni sabe ni se le ha enseñado a mirar. No te desanimes José Ramón, piensa que cuánto más sea así más solos y tranquilos seguiremos visitando las grandes obras arquitectónicas del siglo XX que la sabiduría colectiva menosprecia. Mientras, que ellos -gente del palo de Anónimo (1) y Anónimo (2)- empiecen a visitar museos de obras pictóricas de esos grandes maestros que son sus hijos.

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  3. Como este post se refiere a otro post parte de los comentarios se relacionan con otros comentarios, a su vez de dos entradas, no estoy muy seguro de ser capaz de comentar algo claro.
    Por una parte, tu artículo sobre Navarro recoge tu admiración por su trabajo. Me parece que el objetivo, si era ese, está bien resuelto. No coincido en este caso con tu punto de vista y, no obstante, también he participado en el crowfunding. Nacho es un viejo conocido y seguro que ha hecho un gran libro.
    La parte más interesante de este debate cruzado es la simetría en las posiciones, aún siendo opuestas. Anónimos (o no) que acusan a anónimos, ambos bandos con cierto deje de superioridad, de no estar al día en la reflexión sobre las vanguardias, la modernidad, el arte, etc.
    Pues bien, a pesar del desgaste tan grande que tienen casi todas las palabras y discursos, encuentro más evolucionado el punto de vista de los anónimos del primer post que el de los del segundo. Quizá resulta que el siglo XXI es un retorno al XIX, pero la verdad es que no da esa impresión.
    Hay mucho debate pendiente (y muy importante, opino) en la lectura/relectura de lo moderno/culto.

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  4. Pues sí, hay artistas en los que hay que valorar la dificultad de lo que hacen. Casi se puede decir que es lo más importante de su arte. Tanto es así que su norma y eslogan es: "Más difícil todavía". Son los artistas de circo.

    Dicho lo anterior, también tengo que decir que el arte ( digamos moderno por ahorrar explicaciones) tiene gran parte de responsabilidad en la baja consideración que de él se tiene. La causa: el 90% del arte que se hace es un fraude. Bueno, el porcentaje lo he puesto a boleo, pero por ahí puede andar. Es el fraude de crear un producto de mercado y no sólo por el modelo de funcionamiento que explica Tom Wolf, que por otra parte, además de no ser santo de mi devoción, hace muchas trampas y ha hecho mucho daño. Es el fraude de las galerías y los marchantes, que crean arte igual que los bancos crean dinero inventando crédito. Es el fraude de los artistas sin talento que pretenden colocar su mercancía.

    Pero eso no es todo. Del 10% que queda, el 90% es muy malo. (Tampoco os fiéis de este porcentaje, pero por ahí debe andar.)

    El asunto de la arquitectura es más complejo pues en la idea que se tiene de la arquitectura se mezclan cosas muy distintas. Se incluye en la arquitectura la producción mercantil de edificaciones en las que la arquitectura no tiene poder de decisión alguna, aunque necesiten la participación de un titulado, arquitecto, en su proceso.

    Ese subproducto de ínfima calidad y omnipresente, pues es la mayoría de lo que se construye, pasa a formar parte del imaginario que se tiene acerca de la arquitectura. Obviamente la valoración entonces no puede ser buena y es justo que así sea.

    Todavía queda otra categoría que incide en la valoración negativa de la arquitectura y son los artefactos realizados como objetos pretenciosos que se construyen porque se pueden construir y hay, o había, dinero para hacerlo, pero no son más que fuegos de artificio que con pretensión de originalidad no son más que extravagancias. Si además se deterioran enseguida y no funcionan ya hay otra justificación para blasfemar contra ello.

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  5. A mí me llama la atención que haya gente que se dedique a comentar en contra de algo y a leer acerca de cosas por encima sin pararse a intentar aprender o entender por qué hay todo un movimiento cultural detrás, más allá de gustos y opiniones personales. Me parece una pérdida de tiempo por parte de ellos, a no ser que crean que sientan cátedra diciendo genialidades como que un Miró puede hacerlo cualquiera.

    Hay una especie de opinión generalizada acerca de que el criterio de un arquitecto no sirve a la hora de hablar de arquitectura contemporánea, porque se nos engloba en conjunto como los malos de la película, a pesar de que muchas veces apenas podemos ser el que “firma papeles”. Pero es curioso, es como un caso inverso de zapatero a tus zapatos. Si los arquitectos no sabemos de arquitectura, ¿entonces quién lo sabe mejor que nosotros? Confunden gusto personal con su absoluta ignorancia y desconocimiento. Y coincido con un comentarista anterior en que el fenómeno se produce incluso entre gente culta y formada, y ahí resulta especialmente chocante y doloroso.

    Yo en casos así contraataco con preguntas como, ¿pero te gusta menos Rem Koolhaas que Álvaro Siza o cómo lo ves? A ver si con eso caen en la cuenta de que no tienen ni repajolera idea de lo que hablan.

    La falta de valoración generalizada de la arquitectura contemporánea es preocupante y no sé bien de quién es la culpa. ¿Acaso no deberíamos estar siempre en un punto contemporáneo en cualquier rama? ¿Por qué un smartphone no se ve como algo aberrante cuando es el equivalente en el mundo de la telefonía comparado con los teléfonos “barrocos” de otros tiempos? Por cierto, es curioso como la gente utiliza términos como barroco de manera integrada en el lenguaje, pero ya me desvío mucho por las ramas.

    Sea como sea, hay muchas frases lapidarias llenas de prejuicios, tales como “los arquitectos deberían vivir en las casas que diseñan como castigo”. Animo a José Ramón a que recopile algunas más en la línea. Y un consejo final, que no tiene nada que ver con este artículo: puedes suscribirte a los comentarios sin tener que visitar el blog a cada rato, marcando la casilla Avisarme en el cuadro de comentar. Y como bloguero es automático recibirlos en tu correo si lo activas en: blogger, configuración, correo electrónico y ahí escribes el correo donde deseas recibir la notificación de comentarios.

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  6. Está fuera de toda duda que para entender muchas cosas hace falta conocimiento pero para 'entender' de Arte, Arquitectura o lo que tenga que ver con la creación artística además de eso hace falta sensibilidad y algo muy importante, tener una actitud de generosidad, algo que por desgracia escasea.

    Precisamente en una tesitura similar me encontraba al escribir mi última entrada ¿para qué sirve el Arte?, y también, aunque no lo mencioné ¿para qué sigo escribiendo y para quién?

    En un principio te iba a decir que tienes suerte José Ramón porque al menos escriben en tu blog, pero me ha durado un segundo, en realidad esos comentarios sobran, y aunque no me gusta ser tan radical, diría que denotan falta de conocimiento, poca sensibilidad y nula generosidad. También mala educación. Sí, la mala educación de alguien que se permite entrar en 'tu casa' con la única intención de molestar. Por cierto, un discurso obsoleto…

    Saludos.

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  7. Cuando yo estudiaba primero de Bellas Artes teníamos una asignatura llamada "Psicología de la imagen".
    Un día el profesor nos puso diapositivas de distintas obras abstractas y teníamos que ir hablando sobre las obras: lo que pensábamos, lo que sentíamos al verlas, lo que creíamos deducir del autor, lo que fuera.
    Al principio estábamos todos muy tímidos sin saber qué decir y con miedo a no entender bien lo que estábamos viendo, pero poco a poco fuimos entrando en calor y las últimas obras, expresionistas, tuvieron gran cantidad de comentarios, algunos de ellos bastante apasionados.
    Éstas últimas eran pinturas hechas por un mono.
    Me enfadé con ese profesor. Sentí que nos había hecho una jugarreta.
    Creo que es un enfado parecido el que siente mucha gente. Un enfado de "me están robando la cartera" ante una persona adulta que decide pintar como un mono, o como un niño, o como un mamarracho, y ante los imbéciles que le alaban y le valoran.
    Esa gente enfadada ahora tiene unas herramientas estupendas para desahogarse sin exponerse.
    A mí me sorprende encontrar gente enfadada por todas partes, comentando todo tipo de artículos y publicaciones sobre temas de lo más variopintos.
    Cuando yo era estudiante tenía la teoría de que todo el mundo se atrevía a hablar de pintura aunque no tuviera ni idea, pero nadie se atrevía a hablar a la ligera de física cuántica. Ahora veo a gente hablando con gran autoridad de cualquier cosa, sin base, sin argumentos y con una ristra de otra gente que les aplaude el comentario.
    No llego a ninguna conclusión con todo esto, soy muy desordenada con las ideas. Quizá decir que uno hace (pinta, escribe un blog...) para aprender, para comprender y para compartir. Y los comentarios enriquecen el aprendizaje y la comprensión y hacen que no sea uno solo quien comparte. Pero que no todos los comentarios aportan de igual manera, porque no todos son igual de comprometidos.

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    1. Con respecto a lo del mono, quizás es ofensivo, pero también muestra la teoría de que el arte no es del que lo produce, sea quien sea, si no de quien lo observa y lo lee. No crees?

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    2. Sí, estoy de acuerdo. Y el hecho de mostrar las pinturas de un mono a un grupo de estudiantes, entre una serie de obras de arte, también les da un contexto distinto, y hace que sean analizadas desde el mismo punto de vista que un Miró.
      Me refiero a que en ese momento (hay que tener en cuenta que yo tenía 18 años y poco mundo)me sentí manipulada y tonta, sentí que no entendía nada y me enfadé. Y quizá ese enfado es parecido al que tiene la persona que pone el grito en el cielo con las vanguardias artísticas del siglo pasado y siente que le están tomando el pelo.
      Yo creo que la obra tiene que ser independiente del autor, efectivamente. Y si no lo es no es buena, no es honesta. Pero también me encanta ponerme en la piel de quien la ejecuta y tratar de entender su proceso artístico, e incluso opino que tratar de pintar como un mono puede ser muy enriquecedor en un momento dado. :)

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  8. Pues esta vez voy a opinar ;): estoy totalmente de acuerdo contigo. La técnica y la no-reproductibilidad, tienen un gran valor, pero no creo que sea un valor disruptivo. Un valor quizás anclado en el positivismo científico. La creatividad sí es, muchas veces, disruptiva. Quizás una pregunta podría ser por qué ha predominado en la sociedad el valor positivista al creativo, si es que esta afirmación es cierta. O por qué a veces se desprecia (¿se teme?) a la creatividad. Por otro lado, creo que blogs como el tuyo o labores de difusión como las de los colegios o de muchos otros compañeros de profesión aportan su granito de arena para que esto cambie. Así que ánimos y adelante!! ;)

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  9. Los comentarios hostiles al arte moderno, a los arquitectos y a la arquitectura son realizados (generalmente, salvo excepciones brillantes y enriquecedoras) por lo que se denomina trolls. Personajes ociosos (y maliciosos) que a falta de otra ocupación mejor, se introducen en foros ajenos para dinamitarlos, no siempre por diversión. En temas de política o creación de opinión pública, pueden estar muy bien pagados. Curiosamente, siempre tienen idealizado un pasado inexistente en el cual todo era una maravilla...
    Por mi parte, ya dije una vez que lo mejor que podía pasar es que, de repente, cual novela de José Saramago, todos los arquitectos decidieran dejarlo y dedicarse a otra cosa, y que así, vivieramos en ese mundo soñado por muchos (aparentemente) donde nadie se preocupa de nada relativo al entorno construido y donde entonces, ya sí, dejado todo a su aire y a la santa mano invisible de los mercados y de la inteligencia ¿innata? de quien no quiere estudiar sobre un tema para adquirir conocimiento y usarlo en mejorar lo que le rodea, podríamos volver a vivir en esas maravillosas ciudades medievales y decimonónicas, sin los conflictos del mundo moderno...

    Yo paso de discutir ni de perder mi tiempo con trolls. Sólo disfrutan sembrando el odio y la cizaña; si lo consiguen, han triunfado. También siembran el desánimo...
    Y el caldo de cultivo le tienen, con una sociedad muy receptiva. Estamos como estamos, con una población más que harta de todo. Es fácil buscar culpables y peleles que se lleven los palos. Sobre todo si no son los verdaderos culpables, que a esos no se les puede tocar ni señalar...

    Yo de arte confieso que no entiendo mucho. Es más, lo cierto es que hasta me aburre, porque sospecho, como señala el compañero de antes que la gran mayoría es pura mercancía comercial, y hay muy poco valioso. Navarro Baldeweg no me gusta demasiado. Pero le respeto. Seguramente es porque no me paré a mirarle el tiempo suficiente. O quizá si le miro más, me reafirmo en que no me convence. Lo que no hago es tirarle por tierra por un prejuicio estético...Puedo criticar obras suyas como la de la Puerta de Toledo, con razones sensatas y objetivas, eso sí.

    Es indudable que existe un odio social contra los arquitectos. Bueno. También lo existe contra casi todo aquí en España (y no sólo en España)...Es una especie de drama nacional, un producto del neoliberalismo salvaje en que vivimos, del "sálvese quien pueda". El arquitecto es un hijoputa...el maestro es un hijoputa...el taxista es un hijoputa...el estibador es un hijoputa...el ferroviario es un hijoputa...el fontanero es un hijoputa...
    Resulta que que todos son /somos unos hijos de puta. Así nos quieren: separados y a palos entre nosotros. Y se lo ponemos fácil, porque nos encanta bailar esta melodía que nos tocan, ¿a que sí?

    No sé si el arte lo hacen los artistas, lo que sí sé es que las ciudades y los edificios NO los hacen los arquitectos. Los hace el CAPITAL. Si Usted odia el mundo que le están construyendo, no culpe al pelele, a la marioneta que firma unos papeles, las más de las veces por un salario del hambre...pida responsabilidades al que mueve los hilos. ¿Que es más difícil, con más riesgos? ¡Pues claro! Pero si lo logra, cambiará las cosas. De lo contrario, segurirá bailando la melodía que le tocan mientras se descojonan a su costa, sin cambiar absolutamente NADA.

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