viernes, 17 de octubre de 2014

Más barato

No creé este blog para lamentarme, ni vosotros lo leéis para que os cuente miserias. No somos llorones (aparte de que con ello no ganamos nada: dar pena es muy lastimoso y humillante, y no se saca nada en claro). Pero dejadme que hoy os hable de un asunto que intento evitar siempre. Además, no lo haré para lloriquear, sino para (intentar) hablar finalmente (un poco) de arquitectura.
Es que un amigo y compañero me ha mandado un e-mail desesperado, porque ante el posible encargo de proyectar y dirigir una vivienda ha bajado sus honorarios hasta el límite de lo temerario, y aun así no ha conseguido el encargo.
Me ha escrito para que yo le echase un ojo a su presupuesto, a ver si me parecía razonable, porque él ya no sabía qué pensar y temía estar totalmente desorientado y pidiendo cantidades elevadas por su trabajo.
Mi dictamen ante su presupuesto ha sido que lo ha bajado demasiado, y que por esos honorarios que ha pedido no merece la pena trabajar. Si descuenta lo que le cuesta el visado del Colegio de Arquitectos, el Seguro de Responsabilidad Civil y otros gastos de todo tipo (desde el teléfono para hablar con ese cliente -durante la obra, y antes, y después- hasta las fotocopias), le traería más cuenta que el cliente le comprara en la plaza pública, en el mercado de esclavos, y le mantuviera mientras trabajaba para él.
Le he dictaminado eso, como si yo fuera un tipo listo a quien esas cosas no le pasan. Me acaba de pasar lo mismo. Todos lo hemos hecho; todos hemos explorado el cieno alguna vez (o muchas) para ver hasta dónde se puede bajar; por saberlo, por asomarnos al abismo. Pues bien: Se puede bajar hasta el infinito.
Pidas el precio que pidas, siempre hay alguien que lo hará más barato.


Yo compro bastante por internet. Por ejemplo libros. Me interesa tal libro y lo busco en distintas plataformas. Veo distintos ejemplares a distintos precios y en distintas librerías, sopeso el coste del envío y, en su caso, el cambio de moneda, y compro el más barato.
Pero es que estoy barajando distintos ejemplares del mismo libro, y todos sin estrenar. (Si comparo libros usados, con distintos estados de conservación, la cosa cambia).
Vamos, que me parece lógico comprar el más barato entre varios bienes o servicios idénticos.

¿Qué quiere decir esto? Que el cliente nos ve a todos los arquitectos como idénticos y sólo le interesa, por lo tanto, nuestro precio.
¿Y por qué ocurre esto? ¿Cómo es posible? Pues porque no valora nuestro trabajo en absoluto. No lo valora en lo más mínimo. Porque nuestro trabajo no le interesa, y en su imaginación no cabe la posibilidad de que alguien lo haga mejor y alguien peor.

Esto es curioso. Lo que ha pedido mi amigo por proyectar una casa y dirigir las obras de su construcción es tan poco dinero que la rebaja que haya podido hacer el arquitecto que haya conseguido finalmente el encargo no puede ser mucha. Es que no hay más chicha donde rascar.
Por lo tanto, el cliente ha confiado el proyecto de su casa (que ya llevaba dibujada a bolígrafo en una hoja cuadriculada) a un arquitecto que seguro que ni conoce, con el único criterio de que se va a ahorrar bastante menos de lo que le va a costar una de las jardineras del porche, o un grifo.

Atentos a lo que acabo de decir como de pasada: El cliente ya llevaba el diseño de su casa en una hoja cuadriculada de papel. A razón de un metro por cuadrito. Por lo tanto, no necesita el trabajo del arquitecto, más allá de que le pase a limpio su plano. Como no está acostumbrado y no sabe diseñar una casa, ha ido juntando habitaciones: Un salón de cuatro por seis, detrás un dormitorio de tres por cuatro, detrás otro dormitorio de tres por cuatro, detrás un baño de dos por tres... Y así. Amontonando piezas y apretándolas con un calzador. (Los muros y los tabiques no tienen espesor, los pilares no existen, etc).
Aquí ocurre algo curioso: El cliente no sabe diseñar su propia casa, y su esquema es muy torpe y deficiente. Pero no se fía del arquitecto. No quiere que el arquitecto meta sus sucias manos en su casa.
¿Por qué no le cuenta el cliente al arquitecto lo que quiere y le deja a éste que lo diseñe, que es quien sabe? Pues porque si le deja al arquitecto que diseñe su casa se la va a estropear. Y él no quiere que el arquitecto disponga cómo tiene que ser su casa. Estaría bueno. Es su casa.
Pero él no sabe diseñarla. Aunque sea su casa, aunque tenga un interés enorme en proyectarla, aunque quiera plasmar en ella todos sus anhelos, no sabe cómo hacerlo.
Vale, no sabe cómo hacerlo, pero no está dispuesto a que nadie le mandingonee.
Y de ese círculo vicioso no salimos.

(Nota.- En mi casa, en nuestro microlenguaje familiar decimos mandingonear por mangonear. Nos gusta más).

Esquema que refleja el procedimiento de composición de la planta por el cliente tipo.
Está idealizado y mejorado. Los de la realidad suelen estar peor compuestos.

Siempre que sale este tema nos surge la maldita autocrítica: Lo presumidos y prepotentes que somos los arquitectos, nuestras ideas peregrinas, etc. Soy humilde y siempre asumo sin remolonear y sin esconderme la parte que me toca en esta autocrítica, pero hoy no me da la gana. Ya basta. Ya está bien. Si el cliente no quiere ni tomarse la molestia de preguntar, de informarse sobre quién le puede hacer su casa, si no quiere distinguir a un bocazas cantamañanas de un profesional sensato porque le da igual y sólo busca ahorrar unos pocos euros, allá él.
Si seguís creyendo que los arquitectos somos los culpables de que haya tan malas casas, pues allá vosotros. Ya vale. ¿Por qué no buscáis a alguien inteligente, serio, coherente y le dejáis trabajar? ¿Por qué no le escucháis siquiera?

Lo que pasa es que ya ni se le pregunta al amigo, como antes, "¿quién te ha diseñado esta casa?" No, porque cuando te gusta la casa de un amigo ya sabes que la ha diseñado él mismo, y tú no eres más tonto que él. Al revés: Tienes ideas muy originales y te vas a hacer una casa estupenda. Ya la has dibujado en papel cuadriculado (donde cada cuadrito es un metro). Sí, crees que tienes unas ideas maravillosas, pero no te das cuenta de que son las mismas ideas maravillosas que se le ocurren a todo el mundo, los lugares comunes de siempre, y además, como no tienes entrenada la visión espacial, no te das cuenta de que esa escalera que piensas es imposible porque da cabezada (es decir, que las losas inclinadas de la escalera son incompatibles con el techo del salón y se cruzan de tal manera que un ser humano no cabe, y tú no lo ves), ni tampoco caes en que ese baño de la planta alta obliga a que haya una bajante en todo el centro del salón. Tampoco crees que haya otra forma de habitar que no sea pasillo, pasillo, pasillo. Pero, eso sí, no te fías de un arquitecto porque ya sabemos todos cómo son los arquitectos.
A tu amigo, por lo tanto, no le preguntas qué arquitecto le ha diseñado su casa sino cuánto le ha llevado el arquitecto. (En mi pueblo no se nos pregunta cuánto les cobramos, sino cuánto les llevamos).
Por lo tanto, quien se quiere hacer una casa sólo piensa en el arquitecto en estos términos: "¿Cuánto me llevará?"
Sólo hay dos tipos de arquitectos:

El tipo vampiro

Y el tipo artista disparatado y loco
(que además es también tipo vampiro)

No hablo del posible "talento" que pueda tener un arquitecto. Vamos a dejarnos de chorradas. Todos acabamos la carrera soñando que lo tenemos. Luego resulta que todos los seres humanos tenemos muchos talentos, pero no necesariamente "ese" con el que soñábamos.
Yo no tengo talento. Yo no quiero defender mi profesionalidad desde el melifluo gorgorito de ángeles, musas y ninfas. Pero sé hacer una casa. Vaya si sé. Y os digo que los cochinos quinientos euros que me regateáis no valen los disgustos (y a menudo los injustificados encarecimientos de la obra) que os podría evitar mi trabajo si me dejarais hacerlo seria y concienzudamente (y me lo pagaseis como merece).
No voy de chulo. Al revés: Siempre peco de excesivamente humilde. Pero es que ahora mismo me he cansado de arrastrarme por el suelo, de dejarme pisotear, de adaptar mis conocimientos a los caprichos inmeditados de mis clientes y, para colmo, si el efecto final no es como pensaban, la culpa es mía. Ya está bien.
Los arquitectos no somos "artistas". Somos gente capaz, profesional, que se toma las cosas en serio, que va a la obra cada vez que hay que ir, que discute con el constructor la ejecución de esto y de aquello, y pelea las certificaciones y las liquidaciones como si el dinero fuera suyo. Que vela porque la obra salga adelante, que se disgusta y sufre, y también disfruta y triunfa, según los días y sus cotidianas vicisitudes.
Y si hay arquitectos que no son así (que alguno hay), tómese el cliente la molestia de preguntar, de investigar y de distinguirlos y no vaya sólo al más barato.

A veces ese arquitecto que me ha quitado el encargo por quinientos miserables euros (y eso que yo iba ya superbarato) es un irresponsable y un vivales, pero otras -y son muchas también- no es peor arquitecto que yo, pero entra, como entramos todos, en la dinámica suicida y desesperada de "todo por conseguir un encargo".
A esos precios que ya manejamos todos no se pueden hacer las cosas bien. No se puede hacer un buen trabajo profesional, un buen control, con buenos medios, con tiempo, con cariño, con dedicación. (El asunto es: ¿Quién necesita que hagamos bien nuestro trabajo? ¿Quién lo echa de menos cuando lo hacemos mal? Al parecer, nadie).

En definitiva, el cliente busca ese precio porque le da igual el trabajo del arquitecto. ¿Que lo hace de forma deficiente? ¿Y eso qué es? ¿En qué consiste esa presunta deficiencia? Se trata de un requisito obligatorio para que el ayuntamiento le dé la licencia. Maldita falta que hace. Si el proyecto obtiene licencia es que es bueno, y no se puede hacer mejor. Ya está. Y al arquitecto se le paga lo menos posible y con la condición de que moleste también lo menos posible. Que no venga diciendo encima el "artista" que se toma su trabajo en serio y va mucho por la obra, porque con esa actitud tan negativa no le va a dejar hacer al cliente lo que él quiere. No le va a dejar realizar sus brillantes ideas.
Según esto, ¿quién hace la arquitectura? ¿Quién piensa en arquitectura?

(Claro, que si luego hay cualquier problemilla su abogado sí que le hace notar el interesante papel que desempeña el arquitecto. Vamos, su seguro. Pero esta es otra historia, que espero no tener que contar aquí. Ya está bien de llorar).

Nota.- En este lloriqueo constante los arquitectos nos creemos el ombligo del mundo y pensamos que somos los únicos que sufrimos esta situación. Desgraciadamente casi todas las profesiones están en condiciones de parecida precariedad y desprecio. Estamos depauperando todo el tejido profesional y, con él, todo el tejido económico y social. Lo de los transportistas, por ejemplo, es de escándalo. Y lo de casi todos los autónomos y profesionales liberales, y casi todos los empleados.
No sé dónde vamos a parar, pero vamos todos en caída libre.
Mientras tanto, viva la competitividad, viva la competencia. Así da gusto: de éxito en éxito hasta la derrota final.

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19 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Me modero y me resumo:
      El neoliberalismo manda en España.
      ...Sufrimos las consecuencias...

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  2. Como siempre un placer leerte, muy buen artículo. Creo que todos nos podemos sentir identificados en algun momento (o en muchos). Creo que la clave del asunto, sin embargo, es la calidad de ese Cliente. Afortunadamente hay otra mucha gente con sentido común, con honestidad, con elegancia, etc. que entiende que debe saber delegar en el Arquitecto y debe pagarle merecidamente. Que pedirá varios presupuestos pero descartará el que se decuelgue claramente, que valorará también el trato y la predisposicón profesional.
    La experiencia siempre demuestra que la calidad de un proyecto es proporcional a la calidad del Cliente. Cuanta mayor inteligencia de éste, cuanto mayor respeto por nuestro trabajo, mejor proyecto, mejor obra, mejor arquitectura. Es directamente proporcional.

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  3. La culpa la tenemos ¡¡¡TOOOOODOS!!! Lo puedo decir más alto, pero no más claro. Porque TOOOOODOS hemos colaborado con un sistema imposible, unos más por acción que por omisión, otros viceversa, y otros por ambas. Y lo más grave es que a nada que hurgues, constatas que lo que quisieran TOOOOODOS es volver a la situación de hace diez, quince o veinte años, a la época del esplendor de las burbujas, a la de todo es hollywood. Me incluyo en los dos primeros TOOOOODOS, pero no en el tercero. No hay más cera que la que arde, y desde que sé sumar, me convencí de que dos más dos son cuatro, de que de donde no hay no se puede sacar, y de que en un sistema cerrado, cuando algo crece es a costa de algo que decrece. A pesar de los trileros que comen los cocos con aquello de que dos más dos son once, y luego añaden que en base tres, claro. ¡Qué creativos que son! O de que todo es posible con proactividad, innovación y modernidad. Pero al final es a costa de algún pringao que pille cerca o unos años después. Actitudes necesarias, pero peligrosas si no se miden bien y no se prevén las consecuencias, que normalmente son en diferido y recaen sobre los que vienen detrás. Hemos creido ser muuu, pero que muuu listos, y ahí estamos, con una visión fragmentaria profundísima, y una visión generalista absolutamente nula.

    Bueno, me fui por las ramas. Perdón.

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  4. Creo, desde que acabé la carrera, que el problema de nuestra profesión y más en el campo de la vivienda unifamiliar es que somos obligatorios. Somos un impuesto más que debe pagar todo aquél ciudadano que quiera hacerse su casa. Nunca se ha contemplado la intervención del arquitecto como un posible valor añadido.

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  5. Fantástica entrada, José Ramón.

    En ella has contado claramente lo que sucede, pero no sólo en el ámbito de la arquitectura (lo cual tendría un alcance reducido), sino en el ámbito de la actividad laboral de prácticamente todos los españoles. De TODOS.

    El problema es sencillo de entender: no hay dinero...para la economía real (para la ficticia de los bancos y demás poderes financieros, sobra a espuertas). Ya está. Es la causa de todo. Hay muchas personas que se pueden dejar engañar y creer que todos los productos son iguales y por lo tanto hay que pagar lo mínimo, pero también hay muchas que saben la diferencia y sin embargo se ven forzadas a comprar lo más barato porque no tienen más dinero. Se entra así en un círculo vicioso en el que también a ti cada vez te pagan menos dinero, con lo que debes comprar aún más barato, etc etc. Se llama a esto deflacción. Cuando es muy severa, da lugar a una recesión. Si se prolonga en el tiempo, se convierte en una Gran Depresión...de la cual es muy, muy jodido salir. No hay que ser muy listo para ver en qué estadio se encuentra este país...

    Realmente todos tomamos todos los días decisiones que directa o indirectamente nos perjudican. Por poner un ejemplo que cuentas, cuando compras esos libros por internet creyendo que siempre compras el mismo producto. Pues resulta que el producto será el mismo, pero su "memoria", aquello que ha hecho que se venda a ese precio, no lo es. El más famoso portal de venta online, Amazon, tiene unas políticas asquerosas de explotación a sus empleados, apenas paga impuestos en países como España (y en realidad en ninguno, pues dada su condición de multinacional, busca siempre el país con las condiciones más débiles--paraíso fiscal-- para tributar allí), practica técnicas mercantiles conocidas como "dumping" y además, arruina el comercio local (con la inmensa cantidad de beneficios que producen en las sociedades y en las ciudades, cosa que Amazon y similares nunca harán); por si no fuera suficiente, cuando llegan a un punto tal de acumulación de poder, chantajean y presionan a las editoriales y autores.
    En este artículo lo cuentan mejor:
    http://www.elconfidencial.com/cultura/2013-10-01/amazon-es-una-amenaza-para-la-sociedad-democratica_34904/

    (sigo)

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  6. Nada impediría a una empresa como Amazon tener políticas más decentes, excepto la reducción de sus descomunales beneficios. y Así con tantas y tantas...y al hacerlo, hasta saldrían ganando a medio y largo plazo. Pero claro, el sistema económico impide pensar en nada qu eno sea "lo inmediato", el beneficio ya...y así estamos.

    Todos hemos comprado en Amazon. La cuestión es qué hace uno cuando sabe de sus prácticas, y de lo dañino que es para sus intereses. Porque ninguno de nosotros somos multinacionales, sino personas de carne y hueso, y ese mantra tóxico de la "competitividad", esa mentira, lo único que nos puede hacer es daño. ¿Es preferible comprar barato, sabiendo que al hacerlo estoy tirando piedras sobre mi tejado y destruyendo el tejido socioeconómico del cual tengo que vivir, o es mejor pagar algo más con lo que cuesta ganar el dinero pero sabiendo que así estoy contribuyendo a que yo mismo tenga un trabajo de calidad? La decisión no es fácil. Desde luego, de poco sirve lo que haga uno sólo. Al final para estas cosas debieran estar nuestras autoridades electas, nuestros representantes. Pero claro, vivimos en un mundo donde los productos no tienen "memoria": se pueden vender sin problemas productos fabricados por mano de obra infantil o por esclavos. No pasa nada. Es más, los acuerdos que firman todos los países para entrar en la OMC prohíben que se impida vender productos de otro país alegando que su fabricación implica explotación humana o contaminanción medioambiental.
    Sencillamente, la red que han tejido es muy sólida, y callando, callando, nos han convertido a todos en esclavos. Y en eso estamos: este gobierno que tenemos está empeñado en bajar los salarios--que ya de por sí siempre fueron escandalosamente bajos--, y ya la baja es de más del 10% de media...y los "hombres de negro" del FMI y la Troika piden más.
    ¿Y qué sucede al final? Pues muy sencillo. Cuando nadie esta dispuesto a pagarte el precio del trabajo incluyendo los seguros sociales y demás prestaciones, te ves forzado a bajar tu precio y a trabajar sin ningún tipo de prestación social. Así de fácil. Tampoco tiene nada de raro, porque en la mayor parte del mundo sucede esto, sólo Europa, canadá y pocos más eran una excepción a esta salvajada. El retroceso humano es inmenso, pero a los amos de todo les gusta un mundo miserable.
    Todo esto tiene un nombre, y para nada es nuevo: se llama Capitalismo.

    Perdón por la extensión. Pensaba ser más breve, pero quería exponer un poco del por qué estamos como estamos.
    Termino con una cita del economista John Maynard Keynes, para nada sospechoso de marxismos, socialismos o desviaciones de la ortodoxia:

    "el capitalismo es la asombrosa idea de que los peores hombres harán las peores cosas para alcanzar el bienestar de todos".

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    1. Dices que la decisión no es fácil. No es cierto. La solución sí está clara: no hay que gastar en empresas que van contra las personas. Me ahorro un duro pero a la larga lo voy a pagar en muchos euros. Siguiendo el ejemplo, la gente se ha inchado a comprar en macrocentros y ahora lo está haciendo en Internet. Así desaparecen muchos empleos y, a la larga, tu propio sueldo o el de tus hijos bajará terriblemente, dado el exceso de demanda de empleo. La espiral es imparable.

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    2. Perdón. Hinchar, con hache.

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  7. Normalmente hablas para arquitectos, José Ramón, pero esta vez has dirigido tus palabras hacia "los clientes", y me he sentido en cierta forma interpelado.
    Parto de la base de que tienes razón en lo que dices. Sabes que soy un profesional como tú y que te llevo unos años de ventaja en cuanto a ver mi profesión convertida en una "merienda de negros". Es lógica tu rabia y tu indignación, y otras personas que han intervenido antes que yo han dicho cosas muy acertadas que no es menester repetir. Sin embargo hay algo que me gustaría someter a tu /vuestra consideración de arquitecto/os.

    Sabes, porque lo hemos hablado a veces en otros ámbitos, que yo nunca me he creído eso de que la crisis haya sido culpa EXCLUSIVA de banqueros y políticos. Han habido muchos otros factores que la explican, entre ellos la poca educación (en el sentido más extenso del término) de la gente y su desmedida codicia.

    Centrándonos en el tema inmobiliario, que ha arruinado a tantas familias y a tantas otras las llevará de ala en los próximos decenios, se ha producido una estafa a gran escala al vender bienes por el doble o triple de su precio real. Es cierto que en esa gran estafa han participado los bancos, que se han puesto las botas, y los políticos, que se han puesto los botines; pero también una gran tropa de profesionales que veía cómo sus servicios eran demandados "a cualquier precio": paletas, carpinteros, encofradores, fontaneros, electricistas... Durante años he escuchado a estos profesionales -que cobraban 5000 euros al mes- reírse de médicos o ingenieros que cobraban la mitad.
    Desconozco, y vayan por delante mis disculpas si os resulta ofensivo lo que digo, si vuestro colectivo participó de este "café para todos" inflando los precios y dejándose querer en los años de bonanza (años que, recordémoslo, han arruinado para siempre la vida de muchas personas). Digo que no sé si vosotros contribuisteis a este desaguisado, pero lo hicierais o no, lo cierto es que la percepción de la mayoría de la gente es que hay que "calar la bayoneta" a la hora de enfrentarse a cualquier inversión inmobiliaria (la compra de cualquier vivienda, aún la propia, supone normalmente tal grado de apalancamiento que siempre debe ser tratada como una inversión) y no hay que tener el más mínimo escrúpulo a la hora de atravesar al vendedor, a los industriales, al notario o ... al arquitecto.

    En fin, perdonad la extensión de mi intervención. Espero que se entienda bien el matiz que quería aportar a este debate.

    Un saludo.

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  8. Esta entrada plantea una cuestión interesante que como estudiante me crea una perspectiva fea de la realidad que encontraré en la calle. Además, el comentario de Carlos Traver, creo que complementa muy bien la entrada dándole otro punto de vista. Al final siempre hay un lado que se pone de "víctima", o bien el cliente por las grandes fiestas pasadas, o bien el profesional que ahora vive su peor momento (en su percepción, ya que pienso que peor momento fue el pasado, porque hizo que llegáramos a este).

    En cualquier caso, a lo largo de estos años de estudios siempre he creído en la honradez y en la humildad. Y pienso que si todos fuéramos así, otra situación tendríamos. Es más, he intentado formarme en ese camino en estos cinco años, y te digo, que no es el tipo de alumno que más le gusta al profesorado. En cambio hay divos con los que se sienten mas identificados. Ya estoy con el PFC, y es vomitiva la actitud de la mayoría de tribunales, con su pose de intelectual criticando cosas en las que ellos son incompetentes...pero bueno, eso es otro tema.

    Hay una evidente situación de desacuerdo entre cliente y profesional en la que ni uno ni otro se valoran mutuamente y al final pienso que es este mercado en el que nos esforzamos en seguir el que se ha quedado obsoleto.

    Saludos José Ramón

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  9. Por mi parte y no me quiero extender mucho solo quiero añadir que hace tiempo que perdi la cuenta de las veces que he escuchado ....... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ COMOOO ........ ESO ES MUCHO DINERO .......... SI ES SOLO FIRMAR UN PAPEL !!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  10. Me entusiasman vuestros comentarios. Decís cosas muy interesantes y dignas de tener en cuenta.
    No puedo (y no debo) responder a ninguno.
    Veo que he tocado un tema muy sensible, en el que todos tenéis vuestro punto de vista.
    Muchas gracias por participar y por comentar. Leídas todas vuestras aportaciones forman un gran debate y señalan muchos aspectos dignos de reflexión.

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  11. Hola!
    Soy nuevo por estos lares, los de escribir y los de la arquitectura.
    Me he sentido identificado con tu post, pero me ha dejado un sabor amargo, amargo por el análisis y amargo por que al final.... sólo está eso el final, no hay buen consejo para el amigo, ni reafirmación en la buena practica personal, ni brote verde de esperanza.
    En mi humilde opinión, los arquitectos, al igual que muchos otros profesionales, tenemos un trabajo extra con cada proyecto que nos llega al estudio, que es convencer y demostrar al cliente, que SOMOS UN VALOR AÑADIDO, que no da igual como organizar una vivienda y que nosotros somo la herramienta NECESARIA, para que la casa de sus sueños se convierta en realidad y no en una prisión que con las actuales hipotecas, le tendrá encerrado casi toda su vida. Esté trabajo no tiene éxito en todos los clientes, pero cuando fracasamos, al igual que los médicos cuando se les muere un paciente, hay que pensar que hemos hecho toda lo que estaba en nuestra en nuestra mano, y que nosotros hemos perdido un cliente, es verdad, pero él, como en la foto que has pinchado, se lleva un tatuaje de pegaso inolvidable para toda la vida.

    Cómo hacer este trabajo, en mi opinión , a base de ganar pequeñas pequeñas batallas, con pequeños gestos, luchando cada detalles a muerte, pero sin ver al cliente como un enemigo, sino como a alguien a quien, el mundo, la sociedad, otro arquitecto... ha herido y necesita volver a recuperar la confianza herida y perdida.

    Un saludo y como siempre un placer leerte.

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  12. Y ahora hablando con total desconocimiento...no podría ser que esa lucha constante por competir bajando los precios, ¿es lo que nos resta valor? Si los bajamos, demostramos que podemos hacerlo. A veces, en el marketing, el precio justo o elevado da a entender que lo que vamos a comprar no es lo otro de 10 euros, sino que es algo con una cierta calidad, que lo de 10 euros no te va a dar. Bajando sucesivamente el precio solo mostramos que podemos hacerlo y que quizás no haya tanta calidad como decimos.

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  13. Esta maldita crisis todo lo contamina. Tú no haces referencia directa a ella en tu entrada aunque si dejas caer que la cosa ha empeorado últimamente y varios de los comentarios la hacen directamente responsable aunque las dos cuestiones que abordas existen desde mucho antes de la crisis, yo creo que desde siempre. Las bajadas de precios de los honorarios y el hecho de que cualquier paisano se crea capaz de diseñar su casa.

    En cuanto a las bajadas de precios fueron práctica habitual hasta que los colegios, tratando de defender la dignidad de la profesión, establecieron unos honorarios mínimos, que cobraba el propio colegio y si no estaban bien calculados no te visaban el proyecto. Hasta que Aznar sacó la Ley de la libre competencia y los honorarios fueron libres: el mercado manda.

    Yo fui alumno en Proyectos de Vázquez Consuegra. Recuerdo perfectamente que cuando empezaba a ser conocido nos comentaba que estaba pensando en cobrar unos honorarios superiores a los establecidos: “Si alguien quiere un proyecto mío que lo pague”. Esta es la actitud. Cada cual debe valorar su trabajo y cobrar lo que crea conveniente sin preocuparse de aquellos que cobran menos y que, como bien dices, harán un trabajo peor.
    Ya sé que en esta situación de escasez de encargos, y siempre, en general, cabrea mucho perder un encargo porque otro no se valora tanto y va más barato; pero eso no altera que aquella deba ser la actitud correcta.

    En cuanto a la otra cuestión, la de que nos consideren como un trámite obligatorio, para elaborar los planos o para que no se caiga la casa, también ha ocurrido siempre. Es muy difícil dar con un cliente ideal, aquél que te dice lo que necesita y te encarga que le des forma. La mayoría si no tienen su casa dibujada en un papel la tienen en la cabeza y cualquier discusión con ellos acaba con ese mantra que tu citas: “Es mi casa y la quiero así”.
    Y si no son ellos los que creen entender, algo muy corriente es el convencimiento de que un constructor, un albañil, sabe lo mismo que un arquitecto y puede hacer una casa tan bien como él.
    Yo siempre digo que esto viene de considerar la arquitectura como construcción de paredes, cuando el material de trabajo de los arquitectos es el espacio.

    Estas discusiones con los clientes fueron un calvario para mí en los primeros años de profesión; pero recuerdo exactamente el instante en que empecé a tomarrmelo de otra manera, algo en lo que es necesario ceder, aunque sea lo menos posible: fue el día que me enteré de que D. Rafael Moneo, en su proyecto del Museo Thyssen, había tenido que ceder al deseo del Sra. Baronesa de que las paredes fueran color salmón, en lugar de gris, como él pretendía.

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  14. Dos días y seis comentarios (y de que tamaño casi como la entrada) y el puesto se mantiene (47) lo dicho, pagas poco.
    Al ir leyéndolo me ha estado recordando continuamente tu otra entrada del 26 de septiembre Gatos, liebres y monstruos http://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/2014_09_01_archive.html ¿Que hubiera hecho el ingeniero con el papel cuadriculado? ¿Hacerlo sin opinar y cobrar el doble? Esta claro que nos buscan por precio y la duda al final es si se han decidido por nosotros por el precio por la confianza en nuestro trabajo. y la ultima pregunta final que nos hacemos es si hemos bajado mucho el precio. Total un sin vivir y que no haya problemas en obra.

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  15. He notado que ha algunos clientes ni les interesa "la arquitectura", ellos quieren resolver sus necesidades a través de su propuesta, solo que según ellos ejecutadas por un profesional. Así de contradictorio.

    Y de materiales ni hablamos, siempre saben donde conseguirlos más baratos, de mejor calidad y si seguimos indagando hasta podrían reducirnos tiempos en obra.

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  16. La culpa principal es nuestra, de los arquitectos. Somos incapaces de hablar el mismo idioma que el público en general y por lo tanto no sabemos vender ni comunicar lo que realmente hacemos: Somos creadores de experiencias, no creadores de un producto. Como bien se dice en este artículo, cualquier persona es capaz más o menos de hacer un planito con su salón, dormitorios, ventanitas, etc... El problema es que el público general no entiende que un Arquitecto no hace eso, eso lo hace cualquiera! Un arquitecto crea una experiencia viviendo en un espacio! Ahí está nuestro know-how y eso es lo que debemos vender.

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