martes, 2 de agosto de 2011

Una ocurrencia potente

Hace muchos años me contaron una ocurrencia muy buena de Sáenz de Oíza. No estoy seguro de que fuera exactamente así, pero se non è vero, è ben trovato.
Juan Huarte, aquel mecenas, encargó a Oíza el proyecto de unas torres de viviendas en Madrid, que deberían ser el estandarte de la empresa Huarte, de Oíza y de la arquitectura moderna española, europea y mundial. (Y así fue: Al final quedó una sola torre, aunque mantuvo el plural: Torres Blancas, y es uno de los edificios más importantes de la arquitectura europea y mundial de la segunda mitad del S.XX).

El encargo era tremendo, y Oíza barajó cientos y cientos de ideas, de influencias, de esquemas... Creo que todos hemos visto la planta wrightiana, la lecorbuseriana (llamadas así para simplificar), y otro montón de soluciones con muy diversos enfoques. Oíza se tomó el trabajo muy en serio. Trabajó muchísimo. Quiso explorar todas las posibilidades, atender a todas las influencias, a todas las voces que tenía en su interior.
Tuve la suerte de escuchar a Oíza unas cuantas veces en la Escuela de Madrid. Tenía la palabra rápida, nerviosa, apasionada. Gesticulaba, subía la voz. Parecía que te estaba contando una aventura. Mejor dicho: cualquier reflexión arquitectónica suya era una aventura.
En el largo proceso de concebir este endiablado proyecto tuvo que lanzar millones de ideas, en un brain storming agotador e inacabable. Me lo imagino, subiéndose y bajándose las gafas, nervioso siempre, inteligente, brillante, desafiante, provocador.


A veces una parida, una ocurrencia, acaba siendo algo, y otras (las más) se queda en humo. Hay distintas personalidades. Algunos tienen una sola idea en su vida (o muy muy pocas), y la pulen, la pulen y la pulen, perfeccionándola cada vez más hasta llegar a lo sublime, y otros tienen decenas de ideas diferentes cada día.
Oíza era de estos últimos. El cerebro le hervía constantemente.
A todos se nos ocurren cosas. Lo que pasa es que la mayoría son anodinas. A la gente creativa se les ocurren ideas muy interesantes. Algunas de esas ideas merecen el honor de ser desarrolladas, trabajadas. En ese proceso pueden perder algo de su frescura, de su disparate inicial, y a cambio adquieren realismo, hasta, algunas veces, traspasar la frontera que hay entre la no existencia y la realidad. Creo que es un milagro, y me pregunto constantemente cómo llegaron a existir ciertos edificios, o ciertas películas, que parecen estar en un difícil compromiso entre lo imposible y lo real.
Retomo el hilo: Desde el primer momento Oíza quiso construir en pleno Madrid un edificio de viviendas en el que cada una tuviera su jardín y, de alguna manera, recuperara el placer de vivir en una villa en contacto (mediato) con la naturaleza. Esta idea tan difícil no le abandonó en ningún momento, pero se fue manifestando de diversas maneras y con diversas ocurrencias.
Entre ellas estuvo la siguiente: "¿Y si hacemos la estructura desnuda de la torre y vendemos 'solares' de forjado?"
Es muy sencillo: Se construye la estructura, las vías de comunicación (ascensores y escaleras), las instalaciones generales y los servicios comunes. Se parcelan los forjados y se venden. Cada uno compra su parcelita correspondiente y se hace un chalet. La estructura es estéticamente neutra y muy discreta, y la potencia estriba en que en el piso 14-E hay un chalet Tudor mientras que en el 10-F hay una casa rústica y en el 8-A una vivienda moderna.
(Ilustración mía. No le echéis la culpa a Oíza)

La propuesta es kitsch a más no poder. ¿O no? Pues según se mire.
Sí lo es, porque el kitsch es un sustituto involuntario del arte, un sucedáneo predigerido, fácil, sin complicaciones ni problemas, que miente para que el usuario se quede tranquilo. Los usuarios que hicieran su chalet 9-F o 5-G serían kitsch a pesar suyo, y el resultado provocaría todo tipo de comentarios, gozos, diatribas, repulsas, etc, de lo más kitsch.
No lo es, porque el mero hecho de provocarlo lo pone en debate, lo pone en solfa, y no lo admite pasiva y complacientemente. Lo pone en primera línea de la discusión arquitectónica-urbanística. Es una burla, o no. Es una respuesta a una necesidad. Es una solución arquitectónica.
Yo creo que pasar de esta mera ocurrencia a una idea desarrollada conllevaría bastantes dificultades, pero nada que no pudiera ser resuelto con tiempo, dedicación y trabajo.
Desde luego, es una ocurrencia potente. Es una parida muy buena.

7 comentarios:

  1. Una vez oí que estos apartamentos, en sus origenes, no tenían cocina. Que el arquitecto habia pensado en una zona de restauración común a todo el edificio. sabes si es verdad?

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  2. No es cierto, Anónimo.
    Lo que sí he oído yo es que el restaurante de la cubierta era principalmente para uso de los propios habitantes del edificio, que habitualmente no tendrían tiempo de hacerse la comida. (Años sesenta, mujer trabajadora, muy chic). Pero eso no significa que las viviendas no tuvieran cocina.

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  3. (Como veis, el edificio está lleno de leyendas).

    Veo con satisfacción que en la monografía sobre Oíza de la editorial Pronaos el propio autor comenta la idea a que se refiere este post en p. 123.
    Obviamente, la estructura arbórea, orgánica, de Oíza no es la estantería que he puesto yo.

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  4. Interesante post sobre un magnífico proyecto de Oíza, un saludo y desde ahora sigo tu trabajo me ha gustado mucho tu blog.
    Un saludo¡

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  5. Que pasada!!!. Tengo simpre en la retina las imagenes del edificio. Pero no recordaba su planta. Es de lo mas pop. Voy a rellenar los circulos de colorines y lo voy a usar de cartel pal proximo festival Wintercase. Que pena que Madrid no tenga 100 edificios mas de este palo.

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  6. Es interesante pero tampoco muy original. La teoría de soportes de Habraken enunciada por la misma época habla de eso mismo. La propuesta de bandejas apiladas con chalets dispares se puede encontrar publicada en la revista Life en 1909(!!). Esta referencia aparece en Delirious New York.

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  7. Hola. Como arquitecto que soy, os digo que Oíza se adelanto a los tiempos, a tiempos incluso intemporales,a vivir y sentir el espacio como algo infinito... He tenido la suerte de visitar y disfrutar de sus creaciones. Solamente deciros que Dios está en el cielo y Oíza también. Un saludo para todos.

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