jueves, 29 de enero de 2026

Arquitectura de la maldad

Siempre, de una forma u otra, el poder necesita arquitectura, y siempre encuentra arquitectos que le sirvan y se la proporcionen.

Cuando el poder responde a la democracia, a la justicia y al progreso, sus arquitectos hacen un gran servicio a la sociedad, pero cuando es tiránico se lo hacen al tirano. No podría ser de otra manera. Y, desgraciadamente, siempre ha habido y hay arquitectos disponibles para ello.

Un arquitecto quiere hacer arquitectura, y cualquier cosa que le sea dado construir la hará encantado: por la fama, por el dinero, por el prestigio, por el ego, por la soberbia, por el vértigo, por la eternidad, por lo que sea, e incluso a veces por el miedo.

Un arquitecto antitaurino hará una plaza de toros, uno vegano un matadero, uno ateo una iglesia y uno ambiguo-conservador un monumento a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Lo que sea. Lo que le encarguen. Lo que pueda. Y siempre será (se dirá a sí mismo para justificarse) por la magnífica oportunidad de experimentar con un tipo arquitectónico, con un espacio, con una función, con una expresión plástica, con un emplazamiento, con lo que sea.

Hay excepciones que honran a quien las protagonizó, pero no son las más.

viernes, 23 de enero de 2026

Alegrar [jaqueo]

¿Tenéis hijos? ¿Y qué queréis para ellos? (Y aunque no los tengáis, imaginaos qué querríais si los tuvierais). Pues, claramente, que sean felices. Que estén sanos. Que sean buenos. Que sean inteligentes. Que sepan ganarse la vida para vivirla sin agobios... Tantas cosas.

Roberto Fontanarrosa (el Negro Fontanarrosa) fue un escritor, historietista y humorista (en el más amplio y alto sentido de la palabra) argentino. Gran aficionado al fútbol (fanático del Rosario Central) y formidable conversador y filósofo de lo cotidiano.

Una vez le preguntaron (y a eso iba yo) qué querría para su hijo, y él contestó: "Que sus amigos se alegren cuando lo vean llegar".

martes, 13 de enero de 2026

Contra el sentido común

Lo primero, permitidme un poco de autobombo: Hasta ahora mismo (13 de enero de 2026, 20:12 h), este blog ha sido visitado dos millones quinientas diecinueve mil trescientas cincuenta y tres veces.

Algo que yo no podía ni siquiera imaginarme cuando lo comencé hace quince años y medio. Algo verdaderamente inaudito y que me pasma.

Me di cuenta ayer y lo dije en las redes, y en seguida empecé a recibir felicitaciones. Los visitantes, tanto habituales como esporádicos, de este blog tienen una generosidad descomunal y me han dicho muchas cosas muy hermosas. Una de ellas, que sin duda es elogiosa, es que escribo sobre arquitectura de una manera bastante clara y sensata. Es decir: por una parte doy mis opiniones sin jeribeques estilísticos ni solemnidades huecas, y, por otra, lo hago con sentido común. Maldito sentido común.