lunes, 29 de diciembre de 2025

El cehomo

En mi pueblo, a alguien que va sucio, estropeado y desharrapado, siempre se le ha llamado cehomo. Mi madre, como todas, me lo dijo a mí, como a todos: "Pero mira cómo vienes; estás hecho un cehomo". Es (o era, porque ya se pierden los modismos y las particularidades del habla) un acortamiento de Ecce homo, que es lo que Poncio Pilatos dijo ("Eh aquí al hombre") cuando presentó a Jesús, flagelado, lastimado, ensangrentado y coronado de espinas, a la multitud. Y todos los muchachos que veníamos a casa después de jugar un partido o de corretear por la calle estábamos en un estado, si no tan lamentable como el de Cristo en esa tesitura, muy lejos del del niño peinadito y limpito al que nuestras madres aspiraban.

Veo que el diccionario de la RAE no contempla cehomo, y por lo tanto es una palabra que yo solo he oído, pero no puedo acudir a autoridad, por lo que no puedo asegurar que tenga la hache intercalada que le pongo. Sí recoge eccehomo, con la doble acepción de la imagen de Jesucristo como Pilatos la presentó al pueblo y también la de "persona lacerada, rota, de lastimoso aspecto".

Esa imagen de Cristo doliente es tan potente que ha sido un tema habitual en la historia de la pintura occidental, y todos los grandes pintores la han hecho. Sin embargo, desde el año 2012, para todos nosotros ya solo hay un Ecce Homo: el del Santuario de la Misericordia de Borja (Zaragoza).

viernes, 19 de diciembre de 2025

El fontanero, el calefactor, la Virgen de los Remedios y cinco céntimos de lotería

(CUENTO DE NAVIDAD)

Un grupo de amigos de una pequeña capital de provincia, casi todos arquitectos, se reunían a comer una vez al mes en un restaurante de moda. Todavía eran jóvenes, pero ya apuntaban a ese estatus de profesionales burgueses bien asentados en la sociedad y bastante prometedores e incluso incipientemente exitosos.

Eran, según los meses, entre seis y ocho. Había un arquitecto del ayuntamiento, otra de la diputación, una de medio ambiente y tres o cuatro liberales con estudio propio, alguno de ellos en la directiva del colegio de arquitectos. Siempre conocían a los miembros de una o dos mesas próximas, a quienes saludaban con afectación. Era una ciudad pequeña y ellos estaban muy bien relacionados con la crème.

Las comidas eran muy divertidas. Eran gente ingeniosa y tenían su punto ácido y crítico sobre todos los episodios que ocurrían en la ciudad. Pero también conservaban ese gusto y ese desparpajo sobre la arquitectura que les hacía creer que eran mejores arquitectos de lo que en realidad eran. Al menos se consideraban más que capaces de criticar con mucha gracia el proyecto que un famoso arquitecto portugués había hecho para remodelar el Paseo de los Olmos y el que una brillante española había perpetrado al lado de la Puerta de los Ángeles. Por lo que decían, parecía que cualquiera de ellos los habría hecho muchísimo mejor. 

martes, 9 de diciembre de 2025

Ante la muerte de Frank Gehry

El famoso arquitecto canadiense Frank Gehry ha muerto el viernes pasado a los noventa y seis años, y lo primero que he pensado ha sido: "¡Noventa y seis años!, ¡y en un estado aceptable de salud y de actividad hasta hace nada! ¡Quién pudiera! ¡Firmo por eso!" Y ya. Nada más que decir.

Pero unos amigos me han pedido mi opinión y a ver qué digo. He releído cosas que he escrito en este blog sobre Gehry y me he quedado igual: a ver qué digo. Y he pensado que, ante la muerte de Frank Gehry no me sale tanto hablar de Frank Gehry como de la muerte.

Ante la muerte de Frank Gehry o ante todas las muertes. O también ante la arquitectura y la muerte. O ante la muerte de la arquitectura.

Cementerio judío de Praga