Ya estamos. Lo siento, de verdad, pero os prometo que cada vez que hay una noticia arquitectónica me da mucha alegría porque los medios de comunicación se hacen eco, y hablan de arquitectura, y eso está muy bien. Pero al final acabo hablando mal, protestando, criticando, tocando las narices y dando la tabarra. Lo siento.
Hoy se habla de la inauguración del Centro Niemeyer en Avilés. Al arquitecto brasileño le dieron el Premio Príncipe de Asturias y él, en agradecimiento, donó un proyecto a Avilés (que llevará su nombre).
Vale. Lo primero que hay que decir es que esto le hace un flaco favor a nuestra profesión. Porque todo el mundo celebra que el arquitecto tenga ciento tres años de edad y ve tan normal que le sobren fuerzas para hacer un proyecto sin mayor problema. Al fin ¿qué hace un arquitecto? Esbozar una idea con un carboncillo gordo y acariciar la maqueta.
Es como jugar. Es un pasatiempo entretenido y simpático.
Hoy preguntan en Avilés por Niemeyer, y la gente de la calle, convenientemente aleccionada, dice que es una maravilla. Un señor dice convencido: "Es un genio" y, como tal vez ese comentario le parece escaso, repite: "Un genio".
Hombre, un genio es Le Corbusier, de quien este hombre es un pobre imitador. Y ha habido imitadores bastante mejores.
En cuanto a su proyecto de Avilés, a mi me parece como todos los suyos (quizá algo peor, por su avanzada edad, que supongo que ha delegado demasiado en colaboradores más o menos infográficos y horteras): Demasiado simple, demasiado obvio, con una simbología geométrico-plástica demasiado esquemática. No le achaco que por buscar esa plasticidad adolezca de falta de funcionalismo. No. Le Corbusier también era un plástico mucho más que un funcionalista, pero era un plástico potentísimo, rotundo. Pero Niemeyer se queda demasiado tosco, demasiado pobre.
Niemeyer, aparte de por su inusitada longevidad (y eso que fuma), es famoso por su ideología comunista. Quién te ha visto y quién te ve. Los comunistas, que machacaron a Leonidov y a sus compañeros por formalistas (y por tanto individualistas y anticolectivistas, contrarrevolucionarios, reaccionarios y casi traidores a la patria), aplauden ahora las simplezas antifuncionales, caprichosas y antieconómicas de este venerable anciano.
(Que conste que yo no valoro las ideologías. Son ellos).
Repito: Demasiado pobre, demasiado simple y demasiado obvio. No le veo la gracia y creo que este Niemeyer es muy de segunda fila. Con perdón.
Platonismo caduco e irreflexivo.
ResponderEliminarNeoilumismo hormigonado.
Significante sin significado.
Buenos días.
ResponderEliminarNo encajaría esto en aquello que nos contabas del coleccionismo?...alguien en Avilés dijo: "pos yo quiero un Niemayer", otro alguien, asesor, le contestó: "no sería mejor un Niemeyer?". A lo que el baranda replicó: "bueno, vale, como se llame el maricón ese".
Te has quedado en el 73
ResponderEliminarcon Bowie y T-Rex.
Eres el Rey del Glam,
nunca podrás cambiar
ajeno a otras modas
que vienen y van
porque tú, tú,
eres el Rey del Glam
Amigo Jose Ramón: a veces eres demasiado politicamente correcto, el proyecto es ¡¡MALO DE C*J*NES!!!!. Es de suspenso en cualquier universidad de Arquitectura (incluso en las de pago).
Lamentablemente ver a Niemeyer así me hace tener muy presente que si llego a su edad, tendré que estar currando gracias a nuestro estupendo sistema de pensiones, pero no regalando Proyectos...si no doblando planos o doblando DVDs.
Che.... le diste duro!!!
ResponderEliminarSeguro vos sos mejor que el, no?
No. Claro que no soy mejor que él.
ResponderEliminarPero el proyecto de Avilés es muy malo. Mejor dicho: No es un proyecto. Es apenas un esbozo que no se ha desarrollado. Un proyecto es precisamente el desarrollo.
Que pobreza de sry, de verdad que sí.
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